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miércoles, 8 de octubre de 2008

LA AVENTURA DEL RISOR. Versión íntegra.



En el bauprés, con sombrero el que suscribe, detrás Joaquín el dueño de Feliciano, en popa D. Herminio Viana Conde.

HISTORIA DEL BARCO.
Era 1984, Fernando Liste, farero en Ons, y yo trabajábamos a ratos libres en la transformación de un bote Salvavidas del Carbonero "Sotón", ya desguazado, en velero. Vimos un barco de vela enorme, aparejado en balandro (un solo palo) con cangreja, muy mal equipado, atracado en el Náutico de Vigo. Entablamos conversación con sus propietarios, Fred Bessant de Plymouth, 75 años, y su esposa May diez años más joven. Nuestro bote tenía las mismas lineas de aguas que el Risor II y Fernando sugirió que podíamos hacerlo a escala, convirtiendo medidas.
Fred nos explicó la historia del barco. En Noruega, a finales del XIX los bacaladeros navegaban a vela. Los barcos en esas latitudes y tareas están sometidos a un esfuerzo inimaginable.
Las perdidas de vidas y embarcaciones eran constantes. Colin Archer diseñó un tipo de barco a vela, de mucha estabilidad y flotabilidad, poco calado para meterse entre las rocas, que no necesitase mucha dotación, pudiendo ser manejado por tres personas. Los pueblos pesqueros encargaron numerosas embarcaciones para apoyar como Salvavidas y Rescate a la flota pesquera "Rescue Ships" (RS), se construyeron tres medidas normales 8, 12 y 14 metros de eslora, con mucha manga y capaces de navegar muy cerrados contra el viento.
El "RS Risor II" fue encargado por el puerto de su nombre y era de 14 metros de eslora con cuatro más de bauprés. Nació con dos palos y sin motor en 1914. cumplió satisfactoriamente su función en estas condiciones. En 1936, fue vendido a Inglaterra, donde le instalaron un motor de camión del servicio de bomberos. Entre 1940 y 1943 actuó como "pesquero camuflado", dando información de los movimientos alemanes en el canal, hizo al menos tres viajes sacando judíos de Bélgica y Holanda a Inglaterra, en 1942 la red fue capturada y el barco se salvó de milagro.
Fred Bessant lo compró a otro inglés que lo tenía totalmente abandonado en 1976. Trabajó ocho años en barco e hizo reformas poco ortodoxas, supresión de la botavara, supresión de la cruceta del palo, al que el anterior propietario había añadido un trozo, suprimiendo el palo de popa, para tener más espacio de invitados. Ello me ocasionó la rotura del mástil a la salida de Figueira da Foz.

FRED Y MAY BESSANT.
Fred fuera representante de papelería, habilidoso y muy valiente. Pero era tacaño con el barco- tampoco tenía muchos medios-, no era buen navegante y tenía el punto patriótico-autoritario de muchos ingleses de su generación. May Bessant era una buena mujer, trabajadora, para inglesa cocinaba bien y había sido empleada de una tienda de licores, arte que conocía. De joven trabajó como doméstica de Lady Nelson, y hablaba un inglés aristocrático. Estuvieron en Vigo cuatro meses y navegué mucho con ellos, a Fred le gustaba que los acompañase los fines de semana que podía. Además de repararle cosas e ir acompañado casi siempre de amigas, conocía muy bien todos los puertecitos y los bares de las Rías, donde se deleitaba con vino en jarra.

El chiste era siempre el mismo a las mujeres:
- What's about a weekend on my yacht, Fred and Breakfast?.
Bed, no Fred, and Breakfast es cama y desayuno.
May se quejaba ocasionalmente de no tener dinero ni para cigarrillos. Fred decía:
- Te quejas de que no tienes dinero y estás sentada encima de la fortuna...
Pasados seis meses tenían que sacar el barco de territorio español, me sugirió que les acompañase, acepté sabiendo que me iba a dejar la piel. A base de pequeños trayectos de cuarenta a setenta millas fuimos hasta Lisboa.
Los fines de semana me iba al puerto donde había dejado el barco y hacía otro viaje. En Oporto fuimos a pasear. Era el mes de junio y hacía un calor atroz, los comercios estaban en rebajas, un jersey de lana, blanco con mucho pelo, en el escaparate. May me cogió del brazo, me llevó hasta él y dijo:
- Fred me ha comprado un Cardigan como ese.
-No se para que, total, no te lo pones...
-Fred, has visto ese termómetro de la farmacia?... (27ºC)
Por la mañana, antes de salir de Oporto fuimos a desayunar mientras esperábamos la marea, Fred compró un periódico: "O jornal do incredivel".
-Fred, para qué compras el periódico, si no lo entiendes...
-Para ver el parte meteorológico.
Desayunamos. Media hora hojeando el periódico.
-Antonio,(me llamaba así).No encuentro el parte meteorológico.
May, rápidamente dijo:
-No creo que sea tan increíble para estar en ese periódico.
Con estas y otras risas les dejé en Lisboa.
Luego otro voluntario, portugués y marino, les llevó hasta la desembocadura del Guadiana.
Les vi en Faro y Vilamoura cuando viajamos hacia el Norte con el "Celina". May me preguntó si les hacía un sitio en mi vida, un terreno para poner una caravana, un bote para andar por el río en Pontevedra.
-El barco está cada vez peor, el motor se para y Fred se queda dormido en cualquier sitio.
Le dije que si necesitaban algo me llamasen. En aquel momento, recién separado, con nuestro hijo viviendo conmigo, no me veía cuidando de dos ancianos ingleses con un barco de madera inmenso. Pero me callé.

May me llamó tres meses más tarde.
LISBOA.
-Fred ha muerto en el hospital de Lisboa, se desmayó en el barco, estuvo dos días en coma en el hospital y esta noche ha muerto.
Tenía setenta y siete años.
Me dijo la viuda que iba a arreglar lo de la herencia en Inglaterra, llevar a Fred al crematorio, echar sus cenizas al mar en el Canal de la Mancha y vender el barco. Y si yo podía llevar el barco a Inglaterra. Le dije que primero llevaríamos el barco a Vigo, repararíamos el casco, el motor y el aparejo y cuando estuviese listo, en el Canal de la Mancha tiraríamos a Fred al mar.
-No; eso tiene que hacerlo una tripulación inglesa...
-Ah, bueno...

Dos meses más tarde May me escribió una carta que decía que el barco y ella se estaban pudriendo en Lisboa, que los sacase de allí cuanto antes. Se lo dije a Herminio Viana, y con Joaquín Marty el dueño del burro Feliciano, fuimos en tren a Lisboa,. El barco estaba en una condición peligrosa, madera podrida, velas quemadas de estar envergadas al sol, cabos con nudos y requemados. May estaba mucho peor, el hígado asomaba peligrosamente por encima del elástico del sucio pantalón de chandal que llevaba. Había perdido mucho pelo, los ojos enrojecidos por la conjuntivitis producida por leer con la luz de petróleo, única existente a bordo. Se alimentaba de vino maduro y mus de chocolate.

- Fred quería que le hiciese un entierro vikingo, que quemase el barco con su cadáver en alta mar.
- ¿Por que no? Reparar bien este barco cuesta tanto como hacerlo nuevo.
-Mi única herencia, como la voy a quemar. Tuve que pedir prestadas 2000 libras para llevar a cremar su cadáver a Inglaterra.
-¿Y vuestros hijos no os ayudan?
-La hija de Fred no quiere saber nada, mi hija ni siquiera me ha escrito, y mi hijo que trabaja en el Servicio de Rescate en Escocia me mandó una carta muy cariñosa con veinte libras, escocesas, que no puedo cambiar en ningún banco fuera del Reino Unido.
-Bien pues vamos a preparar el barco en lo posible, y lo llevamos hasta Nazaré, luego Porto, y luego Vigo. Cada fin de semana setenta millas o así.
-El barco no puedo sacarlo de Lisboa, pues aun no recibí los papeles de la herencia en el consulado.
-Y que más da, si nadie te los va a pedir... ¿ Tienes el barco asegurado?
-No y es mejor dejarlo hasta que lleguen los papeles...
-¡...!

Volvimos a Vigo, sin decir nada...
LISBOA-VIGO
Un mes más tarde May me llamó de nuevo, se formó una tripulación para ir en tren a Lisboa el fin de semana siguiente, Herminio Viana, Neneta Herrero, una relación, y Alfonso Santamaría un experto en maquetismo naval y con experiencia náutica.
Salimos haciendo lo que pudimos por el barco. Enseguida nos dimos cuenta de que el motor estaba gripado, en cuanto se calentaba, perdía presión. El "Risor II" metía a bordo una tonelada de agua por hora, con lo que las bombas de achique no paraban una hora cada dos. El motor paró antes de salir del Río Tajo, había viento de tierra y salimos a vela, zumbando por el Canal de Cascais, y despu'es de día y medio a vela con viento en contra, remendando velas que rajaban navegando, llegamos a Nazaré. Durante el viaje pregunté a May Bessant si había hecho el seguro del barco, me dijo claramente que no habían querido asegurarlo. Bueno, no muy claramente...
El puerto estaba recién construido, no tenía luces de entrada (Faros) y era de noche. Conocía muy bien la entrada, había entrado en él cuando estaba todavía en obras. De día y de noche.
La mar estaba muy dura y nosotros agotados. Arranqué el motor justo en la entrada del puerto con la esperanza de que nos diese un empujón para atracar, pero justo en el momento en que mandé arriar las velas , el puto motor se paró, la mar y el viento nos tiraban a la playa, Alfonso y Neneta intentaron izar de nuevo la mayor, en uno de los bandazos rompió la boca de la cangreja, que es el madero que mantiene la vela arriba, con ello ya no se podía izar ni arriar, lancé una bengala que no prendió, llevaba diez años caducada, luego lancé otra, nada, la tercera una de paracaidas, salió alta y descendió lentamente sobre la Capitanía marítima.


Alfonso Santamaría llevando la guardia de timón.

Largamos dos anclas tratando de retrasar nuestra llegada a la playa y poder salvar el barco y eventualmente nuestras vidas. La primera, con cadena, salió por el escobén con tal velocidad que Neneta y Alfonso no fueron capaces de frenarla, se perdió el ancla y Neneta no perdió un pie de milagro. A la segunda fuimos amarrándole todos los cabos que encontramos con la esperanza de que aguantase el barco proa a la mar. Lancé una bengala más ( por si acaso) orientándola hacia el paseo de los restaurantes , en veinte minutos eternos un pesquero nos remolcó hacia adentro, grandes fiestas y jolgorios, nos fuimos a cenar a tierra y yo volví en un estado lamentable a dormir al barco.
Nazaré veinte años más tarde, ayer un precioso pueblo pesquero, hoy turismo de masas.


REPARACIONES EN NAZARÉ.
Por la mañana el barco se llenó. Las autoridades querían saber por que lanzamos una bengala, un inspector vino para certificar que el motor se paró por una mierdecilla que obstruyó el tubo de gasoleo. Les pasa a los tacaños. El tanque de 200 Litros del barco no tenía más de veinte cuando lo llenamos en Lisboa. El gasoleo es un magnifico antioxidante, aflojatodo y destructor de gomas. Así que medio vacío el tanque durante meses se oxidó, al llenarlo de nuevo se soltó el óxido y no pasó más combustible por el tubo.
Opté por no decirle a los señores, que el motor estaba gripado, las bengalas caducadas y las velas podridas. Igual se hacían los eficientes y nos salvaban la vida parando el barco.
Al cubrir los datos del barco, preguntaron quien era el Capitán. Deferentemente señalé a Herminio. Muy serio dijo:
-Si, Capitán jubilado, pero el capitán del Risor es este caballero de la barba.
Cuando se fueron las autoridades pregunté, inocentemente, por qué no quería comandarnos.
- José Antonio, parece mentira. Esto está hundiendose y yo tengo patrimonio, y respondo con todos mis bienes de los daños que ocasione un naufragio, el barco no tiene seguro, y morirse está bien; pero arruinarse... eso si que no.
Mientras un carpintero hizo la boca de la cangreja rota, repusimos los cabos que nos robaron al dejar el ancla amarrada a un salvavidas, preparamos dos anclas más (Fred recogía todo lo que le daban), remendamos algunas velas. Como May Bessant no tenía dinero, Herminio y yo pagamos la reparación en espera de tiempos mejores.
Ahí empezaron algunas fricciones entre May y A., que compartía mi camarote. A. empezó a decir que May iba de pobre viuda, cierto; que seguro que estaba forrada, mentira; que yo era un pingüino de corazón blando. Cierto. Y que podíamos morir todos para salvar aquella chatarra. Cierto. Neneta se sumió en un discreto silencio, Alfonso apoyó las tesis de A.
Hermino y yo nos miramos. May asistía callada a la imprudente disertación de A., con dolor y odio en la mirada. Sabía que yo estaba enamorado de ella, entendía el sentido general de las frases y no tenía ninguna gana de que su "herencia" se quedase en un puerto del centro de Portugal.
Decidí intervenir por miedo a que aquellos cotilleos acabasen como el rosario de la aurora. Tras recordar a todos que habían sido puntualmente informados de la situación de mantenimiento del barco antes de salir de Vigo, que agradecía especialmente el trabajo de Adolfo, Herminio y Neneta, pero que empezamos siendo un grupo de amigos que emprendían la aventura de rescatar un desastre y así debíamos acabar. Y con el mismo cariño que siempre les tuve, y tengo hoy veintitantos años mas tarde, les invitaba a irse si no querían seguir hasta terminar lo que habíamos comenzado. Herminio miró a todos y señalando la barba que entonces me adornaba, dijo:
- Yo iré a donde vaya la barba de este.

Alfonso empezó a deprimirse, pero todos decidieron seguir a bordo.
Al día siguiente, después consumir una suculenta caldeirada que hice yo, pero cuyos elementos proporcionaron los pescadores que nos habían rescatado, y que no habían salido a navegar por estar esperando que una bruja "benzoase" la embarcación, salimos rumbo Norte para reparar el barco en el Estaleiro Virxilio Afonso de Figueira da Foz.
FIGUEIRA DA FOZ.


Reparada la cangreja y visto que el motor podía funcionar quince minutos seguidos, largamos cabos con rumbo a Figueira. Allí había un astillero de madera "ESTALEIRO VIRXILIO AFONSO", que conociera épocas mejores en la epopeya de los Bacalhoeiros Portugueses, grandes veleros de hasta cincuenta metros de eslora que pescaban el bacalao en Terra Nova a vela, ese astillero había reparado el "Gazela" y otros de Figueira e Ilhavo. En 1985 con más de setenta años su dueño y teniendo como encargado al "cunhado", la empresa languidecía con pocos pesqueros y algunos yates que no se pagaban. Conocía al Sr. Virxilio, un tuerto bien plantado, desde mi naufragio en el "Tabeiron" en Vieira de Leiria. Era un buen hombre, inteligente, conocedor de su arte y competente, pero no había ido a la escuela, era como tantos portugueses humildes de su generación, analfabeto.
Durante el viaje Nazaré-Figueira, May empezo a ver a Fred andando por el barco y negándose a que navegase con una tripulación española sin él a bordo, a veces le echaba agua a la refrigeración del motor, otras iba con una navaja a rajar las velas que se desgarraban con cualquier brisa. Traté de tranquilizarla razonando y dándole optimismo, pero A. no se cortaba a la hora de descojonarse de sus visiones.
A nuestra llegada, estaba el Sr. Virxilio enfermo. En su casa reinaba el caos y apenas tuvo fuerzas para decirme: "casei cunha mulher nova sendo eu vello, agora está ela pior do que estou eu". La casa de madera, desvencijada, sin pintar y en la sala-cocina de la planta baja yacía su mujer de unos cuarenta años, que no podía moverse. Salí deprimido.
Al Senhor Cunhado le encargué que calafatease el barco, comprobase la jarcia y si fuese necesario cambiase la junta de la culata del motor. Presupuesto: 150.000 escudos. Herminio y yo nos responsabilizamos del pago. May no tenía más que su pensión de viuda.

Nuestra armadora quiso quedarse viviendo a bordo, para proteger sus posesiones, a pesar de tener que trepar tres metros por una escala y tener que desplazarse cien metros por el varadero para ir al baño. Siempre achaqué esta decisión a la proximidad de un bar y una cantina. La encomendamos a los operarios del astillero y partimos a nuestros respectivos trabajos.

Diez días más tarde May me llamó: "The ship is ready to sail". Llamé a la tripulación, todos pidieron días y repetimos, excepto A. que nos desplazó con mi coche. Me encontré con la desagradable sorpresa de que no había sido cambiado ni un solo cable de la jarcia firme, el barco había sido pintado, la cubierta con un rojo horroroso de clorocaucho y el motor estaba en buen estado según el Sr. Cunhado. Pagamos, le pedí un recibo y salimos.

El viento era duro de noroeste y estuvimos dando bordadas sin avanzar ni una milla durante cuatro horas. May se iba arrancando pelos mientras rezaba y lloraba. El viento iba a más y al virar, el mastelero, que era añadido al palo en diente de sierra, se vino abajo justo por encima de los obenques que servían de escala. Se fue al mar con toda la jarcia. Lo recuperamos rapidamente, Alfonso se hirió seriamente la mano. Arranqué el motor, pero no daba avante y perdía compresión a ojos vista. Como no teníamos radio hicimos señales a un pesquero para que nos metiese al astillero. El buen hombre nos remolcó, no quiso cobrar nada y empecé mi discusión con el Cunhado. Quise saber quien había revisado el motor y la jarcia, no me lo supo decir. Le llamé asesino y amenacé con dar parte a las autoridades.

Herminio y yo decidimos quedarnos, enviar a May y a la tripulación a casa, comprobar las reparaciones y llamar a Joaquín que viniese para echar una mano en la navegación. May quedó en mi casa de Cabo Estay a cargo de A. y de la señora que nos atendía, mientras jugaba al Monopoly con Héctor, mi hijo de diez años.

Vino un mecánico que cambió la junta del motor, reparó la bomba de refregeración y el viejo Perkins de 40 H.P. de los Bomberos de Plymouth, volvió a empujar el hermoso casco medio desarbolado. O Sr. Cunhado, para compensarnos nos cedió un trozo de mastil de un velero grande de pino oregón que pudimos montar en la cangreja como botavara, con la esperanza de que el "Risor" volviese a navegar ceñido al viento. Reforzamos Joaquín y yo la jarcia con los materiales que pudimos encontrar y colocamos un aparejo capaz de levantar la percha de la cangreja. Salimos un viernes despues de una semana de trabajos. Tuvimos suerte con el viento y el barco navego bien a unos cinco nudos. Al amanecer del lunes entramos en la Ría de Vigo. May nos vió entrar y llamó a A. que para avisarla. Cuando atracamos en el Liceo de Bouzas, estaban esperándonos.

May seguía empecinada en llevar el barco a Inglaterra y tirar a Fred al mar desde él. Era lo que más se parecía a un entierro vikingo, y venderlo por algo de dinero para comprar una caravana. Me habló de que un notable inglés John Hair, quería comprar el barco. El Sr. Antonio dueño del Restaurante del Cabedelo, donde comíamos en Figueira, le había ofrecido un millón de escudos, unas cuatro mil libras y May consideró la oferta ofensiva.

John Hair iba retrasando su visita, porque estaba en USA, porque estaba esperando la cita para ser recibido por su majestad la Reina, o porque su Jet estaba averiado. Al fín apareció, un patán maleducado que llamandose Hair era absolutamente calvo, como se demostró cuando un accidente a bordo le despojó de su rubio peluquín. Antes de irse le dijo a May que le ofertaba dos mil libras. May tenía todas sus esperanzas puestas en el "gentle man", todo menos gentil, así que me estuvo llorando dos días. Le dije que no se preocupase que Hairless había muchos, eso sí, no eran amigos de Su Majestad. A. se mudó a mi casa, como May no la podía ver me dijo si podía encontrar a alguien que le hiciese compañía que deseaba mudarse al barco. Joaquín y otro de los ayudantes de los Faros se ofrecieron, están colgados de los barcos desde siempre.

Perfecto Marcos, un joyero de Vigo, organizaba un torneo de vela que consistía en ir de Bouzas a las Islas Cíes donde tenía una casa, en cualquier cosa que navegase a vela. El premio para el primero era tirarlo al mar y los trofeos se sorteban, llevamos el Risor y además de May, vino Herminio, A. y Joaquín. Herminio cuando se enteró de la propuesta de compra de John Hair dijo con sorna:

-"¡Y el honrado millón de escudos del Sr. Antonio le pareció ofensivo, pero claro, ¡Es portugues! ".

Despues de comer en Cíes, May me pidió que la llevase en el chinchorro a un barco que le parecía inglés. Lo hice.

Lo ocupaban una pareja joven y un amigo. Nos invitaron a un té. May exouso el motivo de su visita:

-¿no tendrán ustedes una bandera británica de repuesto?, la mía no está presentable, pero aunque en este momento tengamos una tripulación española, somos un barco inglés.

El patrón respondió:

-Lamento decirle señora, que la única bandera británica que llevamos es esa (10 cm) que llevamos pintada por imperativo legal, somos de la isla de Jersey y no nos gusta ninguna bandera, pero la inglesa la que menos.

-ah! son ustedes de estos, muchas gracias por su té y su tiempo.

La seguí descojonándome de risa.

-May nosotros no somos tu tripulación, somos tus amigos, hemos pagado tus gastos hasta el momento, trjimos tu barco con grave riesgo, como puedes despacharnos con el primer británico que encuentras poco menos como criados. Me alegro de la respuesta del conde de Jersey.

Efectivamente llevaba una bandera enorme de Jersey en el palo.

-Pero, ¿ era "realmente" el conde?.

Naturalmente, ¿no ves su enseña?.

¡...!

LA ULTIMA CARTA DE MAY.

May pudo vender el barco a los noruegos, no recuerdo exactamente en cuanto, pero nos pagó lo que Herminio y yo le habíamos adelantado para las reparaciones.

Nos fuimos de vacaciones, debía recoger a mi hijo en Palma y hacer una excursión a Italia que acabó en Monte Perdido. Fuimos a despedirnos de May que ya tenía una tripulación de experimentados capitanes de una sociedad de barcos históricos de Plymouth. Llevarían el barco hasta allí, tirarían a Fred al mar y los noruegos, a quienes había contactado la Sociedad, se encargarían del transporte a Risor, donde nació en barco setenta años antes.

Tres meses más tarde, recibí carta de May:

Plymouth19/12/85

Querido José Antonio:

Te escribo para contarte lo que parece ser el fin de mis preocupaciones. Después de dejar el "Risor II" en manos de los expertos de la Sociedad de Barcos Históricos al día siguiente de irte tú, volví a Inglaterra en avión como sabes. El Capitán y su tripulación , después de un mes de navegación, llegaron hasta (so far as) Villagarcía de Arosa.

Así que tuve que volverme para vigilar el barco hasta que un mercante noruego lo transportó en cubierta. No quise llamarte por no añadir una carga más a tu complicada vida. Perdona por no haberlo hecho. Quiero agradecerte todo lo que tú y tus amigos hicisteis por el barco y por mi. Nadie haría tanto. Te mando una foto de mi nuevo barco. Te deseo lo mejor y deseo que seas feliz con A.

Besos,

May.
May Bessant en su nuevo "Barco"


El RS Risor II en la actualidad, restaurado por una Fundación de la ciudad donde fue construido. Funciona como escuela de Vela.

Las fotos del Risor en 1985 son de Neneta Herrero.

Las actuales son de los noruegos de http://www.risor2.no/

viernes, 3 de octubre de 2008

NENETA HERRERO. María Soliña en la India.


Estaba en lo de contar nubes en el aeropuerto e interrumpí la labor para desayunar en la cafetería. Delante de mi, en la cola del autoservicio estaba Santa Teresa de Calcuta, su cuerpo vital y menudo me resultaba conocido desde treinta años atrás. Nos vemos una vez cada dos años en alguna exposición, celebración o evento. Nos saludamos sin grandes aspavientos, pues somos parte del paisaje familiar.
Neneta es una mujer normal, empleada de una caja de ahorros, crió a sus hijos, construyó su casa, amó y desamó.
La conozco desde 1980 y vivió con Herminio Viana y conmigo - y otros que no tengo permiso para mencionar- la aventura del velero Risor en 1985 . Desde entonces para mi no necesita demostrar nada.

En 1984 su hermana Olga fue a la India y volvió deshidratada, con disentería y con una nueva visión del mundo, un cuelgue existencial y un próspero negocio de artículos orientales. Neneta quiso conocer aquello, hizo varios viajes, en uno de ellos llegó allí coincidiendo con un ciclón en 1999.




Esa coincidencia ha sido la salvación para miles de personas. Todos sus amigos y conocidos desde entonces somos llamados al apoyo solidario. Construyó una escuela decente terminada en 2005, contrató maestros, los paga mejor que el gobierno, viste, compra libros, alimenta y educa a trescientos niños en Pubei, en Orissa, La India.

La condición preferente es ser pobre. La escuela la dirige un colaborador local al que mueven los mismos intereses, ayudar, hacer progresar a la gente del país a la que el gobierno no llega. Las niñas van también a la escuela, lo cual ha sido un logro extraordinario, convencer a jefes tribales que no tienen fe en la educación de que prescindan del trabajo de sus hijas en casa. Llevar ropa de España y vestirlos para que nadie se sienta más pobre. Dar alegría al paisaje que la miseria hace triste. Dar esperanza. Determinación y carácter.

Aquí podeis ver más.

http://shangaindia.org/


La escuela se llama MARIA SOLIÑA, personaje histórico de Cangas do Morrazo, represaliada por la Inquisición, después de que enloqueciese al perder a su marido y un hijo en un ataque de piratas berberiscos a la villa.