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jueves, 28 de mayo de 2015

HISTORIAS DE CURAS Y MONJAS.


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 Bous en el Cabañal. Foto: http://cinabrio.over-blog.es/ 


Amparo LLorens Botella y algunos de los alumnos de la Escuela teníamos una especial relación. Especialmente los de fuera de Valencia. Ejercía de madre. Amor, consejos, paellas y pastel de galletas con chocolate.
Conservo la foto en que ella y sus compañeras del Hospital de la Cruz Roja, cuya ubicación no recuerdo, pero creo que era Nazaret, posan puño en alto, inmaculadas con sus uniformes, bellísimas.

" Al principio de la guerra despareció el Cura (del Cabanyal?). Empezó la gente a decir que han matado al cura, nadie lo ha visto, seguro que lo han matado. El chiquet de no mes de quinse anys dijo: Con las orejas de ese estuvimos jugando a la pelota en el carrer.
 Cuando entraron los fascistas les fueron con el cuento de  las orejas, lo llevaron preso y a los dos días lo llevaron con otros para fusilarlos. El chico lloraba, decía que no había hecho nada malo. Sus compañeros de martirio le dijeron: No llores, te van a matar igual, saca pecho, levanta el puño y muere como un hombre. Gritando ¡Viva la República!. Así murió el pobre chico, como un hombre,
Al poco tiempo apareció el cura. Tenía las orejas, nadie dijo nada, nadie volvió a hablar del chico"
De los muchos dolores que Amparo me contó, este fue el que más me marcó. El de la superficialidad, el de la injusticia.

viernes, 22 de mayo de 2015

EL CANAL DE NICARAGUA.


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Los que a principios de los setenta nos fuimos del España, embarcados, emigrados o exiliados, nos sorprendíamos de que la policía alemana no nos pidiese la documentación por la calle o en el tren, que en Londres la policía protegiese las manifestaciones contra las medidas del gobierno británico, que cuando estaba cruzando el puente de Brooklyn  a pie un coche patrulla me llevase a la estación del metro, no sabía que existían las autopistas y que por ellas no se podía caminar.
Muchos de nosotros defendíamos a los gobiernos de China, Albania, Cuba y cuando en Nicaragua Anastasio Somoza fue derrotado por los sandinistas muchos de aquellos españoles lo vimos como un rayo de esperanza.
La devoción de los jóvenes de mi generación se tradujo en apoyos, colaboración técnica y viajes "por conocer de primera mano". Mi viaje a Cuba fue una de mis grandes desilusiones, la desesperación de gente honrada, la vigilancia sobre cada visita, cada conversación o lectura, la corrupción evidente, me pareció lo contrario de la senda a seguir. No encontré diferencia alguna con los humildes servidores del régimen de Franco, comiendo mierda, robando y denunciando a sus vecinos y encantados con nuestra "paz". Describo a veces la sensación como si yo fuese una monja  llena de devoción y pasase mi vida rezando para a los sesenta años descubrir que mi dios no existe.
Hoy leo con asombro el trazado del "Canal de Nicaragua". No sé si el desarrollo de la Humanidad necesita tantas comunicaciones físicas como se están construyendo, lo que es seguro es que el Capitalismo sí. En síntesis:
Nicaragua quiere competir con el Canal de Panamá. Numerosos colectivos ecologistas se manifiestan contrarios porque afectará a la mayor reserva de agua dulce de latinoamérica: El lago Cacibolca. La obra desplazará a 30000 agricultores e indígenas que actualmente viven en la región.
El Presidente Ortega ha confiado la gestión de este faraónico proyecto por cien años al grupo HONG KONG NICARAGUA DEVELOPPEMENT GROUP. Este grupo de desarrollo contruirá además un aeropuerto, dos puertos de mar abierto, una vía de ferrocarril y un oleoducto. Para su construcción extraerá además los recursos naturales del terreno y administrará el espacio aéreo. El magnate chino de las telecomunicaciones Wang Jing,  firmante del contrato debe estar muy contento.
Yo estoy triste, creo en el progreso de la Humanidad para beneficio de todos los seres vivos, creo en la tecnología y hasta hace quince años creía en la Revolución como medio para liberar a los oprimidos de la esclavitud. Los libertadores se han convertido en miserables traficantes del poder. En mentirosos a sueldo de los que sacan beneficios de que comamos fruta de verano en invierno. De que quememos petróleo para creer que vivimos más deprisa. Que usemos utensilios que duran un suspiro y acaban con los recursos naturales. Estos dictadorzuelos ignorantes al servicio del dinero son el síntoma de que esta es una sociedad acabada. Calígula nombró cónsul a su caballo.
Wang Jing
Wang Jing

miércoles, 6 de mayo de 2015

EL COCHE.

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Entre los coches y yo existe una relación íntima. Es normal, pertenezco a su entorno, voy sobre uno de sus asientos, mis enseres viajan desperdigados en ellos, mis hijos fueron al instituto y a la universidad en ellos, recorrieron puertos desconocidos preparando una próxima arribada. Pero hay algo inevitable: soy un cerdo. Mantengo su mecánica hasta los ciento cincuenta o doscientos mil quilómetros. Esos siete o diez años hacen que nos encariñemos mutuamente. Incluso mis relaciones amistosas o familiares les toman cariño. Pero la mierda se acumula irremediablemente, pedazos de cerraduras, lámparas fundidas, herramientas olvidadas, bolsas de plástico, colillas, ceniza, zapatillas, chaquetas de agua...
Mi suegra me dijo,
-¡Como tienes este coche, me va a poner perdida la maleta!
-No te preocupes, del aeropuerto a casa es poco trayecto.
Pero pensé en los múltiples servicios que me había prestado, los viajes de madera, cemento y los acarreos a contar nubes al aeropuerto. Decidí darle un baño.
Desistí de llevarlo a un establecimiento al uso, pues el coche anterior había sido rechazado  por los trabajadores y estaba más limpio que este. Así que dediqué dos días de mi vida a limpiarlo. Llené tres bolsas de basura con objetos cuya utilidad había olvidado, fregué asientos y alfombras, limpié todos los lugares donde suelen ocultarse hojas, trozos de madera, animales muertos en algún impacto casual y algunos otros seres procedentes del hiperespacio. Después con una escoba empapada en detergente y con la ayuda de una máquina de presión vencimos la cohesión molecular de guano de gaviota y paloma con la chapa y la de insectos voladores con el parabrisas.
Enceré la chapa, brillaba.
Me separé un poco para contemplar mi obra. Se me saltaron las lágrimas, una amargura me invadió: Mi coche amado es feo y lo había olvidado.

Nota.- Este relato es una ficción parcial, pero me sirve de disculpa para no lavar el coche.

lunes, 27 de abril de 2015

CANCIÓN DE CUNA DEL M/V COSMONAUT.

 

Imagen: http://www.shipspotting.com/gallery/photo.php?lid=142310
Antes de que la vejez me borre los recuerdos, antes de que se confundan con las historias de otros, como suele suceder en las historias de marineros, quiero dejar esta, que debería ser Patrimonio de la Humanidad. Debo advertir a mis dos lectoras feministas que puede herir su susceptibilidad.
Mi profesor de Inglés en la Escuela Oficial de Náutica de Coruña, delegado de J.M. Candina en la ciudad, me recomendó a una naviera llamada "Aliança Shipping Co." para relevar a un Telegrafista alemán, en un buque llamado "Cosmonaut" de capital alemán y bandera de Singapur. La oficialidad era mayoritariamente alemana, de doce tres éramos españoles y la tripulación totalmente gallega, excepto uno: el cocinero, que era de Bilbao. Los viajes eran muy divertidos, de Europa a varios puertos de Brasil.
Rafa Estévez Macías era el Tercer Oficial, coincidíamos en la guardia de ocho a doce y llegamos a tener una amistad que dura hasta hoy. Él fue quien me contó las historias más exquisitas del barco.
"Fui a pedirle huesos al cocinero, los tallo durante las guardias. Me miró como si fuese una aparición y me dijo:
- Si le gustan los huesos, le voy a preparar un plato de huesos que se va a chupar los dedos.
Este hombre debió pensar que soy un perro."
Pero nuestro cocinero cantaba, con buena voz y tono. En las fiestas del barco, salía por:
Que te tumbo, niña que te tumbo,
que te tumbo, que te tumbaré...
¡Y me dice la muy puñetera.
No me tumbes que yo me echaré!
Mi mamá no quiere, 
mi mamá no quiere ,
que vaya a la plasa,
porque carnisero me sube la falta.
Le pido bisté, le pido bisté
y me da chuleta
y si me descuido
me toca una teta.
Espero que Rafa tenga a bien poner su voz y su acordeón a esta fantástica obra lírica del sentir popular y una vez grabada la pondremos aquí, para beneficio del pueblo llano.

sábado, 25 de abril de 2015

UN LIBRO. UNA MEMORIA. UN TRABAJO.



Ayer en la fiesta de jubilación de un compañero, una de las trabajadoras del Aeropuerto de Vigo, ante la afirmación de un pretendiente que decía ser bisexual, contestó que ella era bipolar. Entré en la discusión y afirmé con mi media cogorza que yo no era bisexual, pero era bífido y bilingüe.
Y es que los derroteros de la vida me han alejado de mis pasiones para ejercer actividades físicas, como colocar suelos, construir estructuras y hacer hormigón. Todo ello enmarcado en el absurdo de la propiedad decadente e intervenida por inútiles.
Pero una de mis pasiones siempre fue la Historia, buscar a través de los rastros que y quien nos trajo hasta aquí.
Ser gallego implica una historia dolorosa, de usurpación, de sumisión, traición y rebeldía. A veces todo en la misma persona. Y por supuesto en la misma familia.
Ser pontevedriano implica que conoces apellidos, conociste a las personas y a veces tienes relación de parentesco o amistad.
La Historia significa desligarte, buscar raíces sin implicarte emocionalmente tratando de no falsear por influencia de los propios sentimientos los datos de los que dispones.
En nuestra historia reciente, plagada de víctimas y asesinos, de denunciantes y denunciados se ha estudiado muy poco el papel de parientes, párrocos y ambiciosos pretendientes al poder. Cuando busco un nombre relacionado con los hechos, siempre aparecen dos o tres páginas. Una de ellas, en un gallego impecable, llena de trabajo y modestia: Pontevedra nos anos do medo de Xosé Álvarez Castro. Tardé mucho en darme cuenta de que el autor está emparentado con mi familia, una de tantas divididas, con muertos en combate y represaliados en las cárceles, denunciados y denunciantes. El resultado de está pagina es fruto de un trabajo exhaustivo en archivos y registros judiciales, buscando las hemerotecas y en testimonios que casi no quedan. He leído con pasión el libro PONTEVEDRA NOS ANOS DO MEDO . No soy dado a las celebraciones, ni a los San Jordis, pero el Día del Libro fecha en que acabé mi lectura le llamé para felicitarle. No estaba en casa.
Quiero hacer constar que el autor es enseñante de la Pública. Creo que de ahi se pueden sacar conclusiones. Como no sé si soy bipolar, bífido o bilingüe,  me voy a colocar una puerta.

domingo, 15 de marzo de 2015

MATO CALDERÓN.

Estaba yo en un avanzado estado de antifranquismo joseantoníano, había leído las obras completas de Primo de Rivera y llegado a la conclusión de que los falangistas no podían ser franquistas. Había cumplido dieciséis años y estaba en primer curso de Radio en la Escuela de Náutica de Barcelona, enseñanza libre. Estudiábamos en una Escuela de la Sección Naval de Juventudes en Valencia. La dirigía el Teniente Coronel de Infantería de Marina, D.José Monzó Francés y había un Educador Aurelio Pelejero Martín, al que faltaban el dedo medio y anular de la mano derecha. Presumía de haberlos perdido con la explosión de una granada en la División Azul. Me enteré poco tiempo más tarde que había sido por jugar vertiendo agua en  ácido sulfúrico en el laboratorio de los jesuitas. A pesar de que no me gustaba me daba la impresión de que podía llevarme bien con él. Además como ya era un bocazas le manifesté mis convicciones de que el Generalísimo se había aprovechado de los falangistas y su doctrina nacional-sindicalista.
A la vuelta de Valencia a pasar las navidades en Pontevedra, mi padre y yo tuvimos una fuerte discusión sobre el Régimen, yo de joseantoniano y mi padre de escéptico, que si Franco no era más miserable que el resto de los militares y yo que se aprovechó y mi padre me soltó que estaba loco. Al día siguiente mi padre recibió una carta de la Escuela, que en síntesis decía que mi comportamiento en la Escuela era errático, indisciplinado, falto de esfuerzo, que tenía actitudes con mis superiores y preocupaciones  impropias de mi edad. La firmaba el Director y mis notas de ese trimestre eran malas. 
-Ves: Según el Director de la Escuela tienes preocupaciones impropias de tu edad, lo que yo digo: ¡Estas loco!
-Si el Director, con quien nunca he hablado y tú creéis que estoy loco tendré que ir a donde van los locos. Déjame la carta , iré al siquiatra con ella y él dirá si estoy loco. 
Me dio la carta con un: ¡Fai o que queiras!
Estaba en su cartilla del Igualatorio, que era la atención médica de los funcionarios entonces. Cuando alguien se salía de madre se le decía: "Estas como una cabra, ¡Vete a ver a Mato Calderón".
Era un afamado siquiatra en toda la comarca, en las sociedades miserables la enfermedad es como un certificado de buena conducta: "Fucklano esta mal, padece de... y de...", si padecías de más de tres cosas era como si recibieses la medalla al valor.
Estaba en la sala de espera del siquiatra cuando apareció mi padre, le imagino aterrorizado ante la posibilidad de que me encerrasen.
-Déjalo, vamos a casa, no pasa nada, haces el preu y vas a la universidad, no necesitamos tu beca...
Pero la aventura de la consulta siquiátrica, los mares que me esperaban, mantener la rebeldía no era algo a lo que yo quisiese renunciar. Mi padre se volvió a casa muy preocupado y solo.
El siquiatra era un tipo afable, le enseñé la carta, me preguntó que pasaba, yo quería contárselo como en las películas de José Luis López Vázquez, pero no me mandó al diván. Le conté mi discusión con mi padre, la última agarrada con el educador y manifesté mi desconfianza de que el Generalísimo no fuese un traidor a los ideales que decía defender. Escribió en un papel lo metió en un sobre y me dijo que se lo entregase al que había firmado la carta, solo a él.
Lo hice así. La actitud del Director conmigo fue radicalmente opuesta a la que tenía el Educador. Los dos cursos que estuve allí permitieron que llegase a tener una cierta confianza. Un día le pregunté que decía la carta del siquiatra.
-Firmé esa carta a tus padres en el convencimiento de que podías meterte en líos y que tu padre debía saberlo, la idea fue de D .Aurelio y yo la aprobé. El siquiatra decía que yo no tenía autoridad académica ni moral para establecer que preocupaciones son propias o impropias de nadie, que por otra parte dependen del individuo, y que ese tipo de juicios de valor eran improcedentes y arriesgados para tu desarrollo. Hace tiempo que quería decírtelo. Por lo demás estoy de acuerdo con lo que dices de Franco, pero esa no es la manera y deja de hacerlo mientras estés aquí.
No dejé de hacerlo, dejé las Obras completas de José Antonio, pero entré en el proceloso mundo de Wilhelm Reich, Karl Marx y Friedrich  Engels.
Ayer leí en el periódico que el Dr. Mato Calderón había muerto a los 86 años. Es por ello que recordé esta historia.



domingo, 22 de febrero de 2015

LOS CHOCOS.

 

En la Ría de Arosa les llaman "Chopos", creo que en el resto de España les llaman "jibias" o "sepias".
 Tenía yo diecisiete años, aún no cumplidos, y acababa de suspender cuatro asignaturas de primero de Radio, que nos examinaban por libre los profesores de la Escuela de Náutica de Barcelona. Estaba firmemente decidido a no aprobarlas en septiembre. Así que me fui a la Isla de Arosa a casa de Andrés Vázquez,  un retornado de Venezuela que tenía un hijo de mi edad.
 Allí me aceptaron a bordo del "Chiquita segundo", y se me permitió embarcarme de vez en cuando durante las vacaciones de la Escuela de Náutica. Íbamos a pescar sardina al cerco. Los sábados no salíamos, por la noche íbamos al baile y por el día me iba a pescar con Andrés.
Andrés llevaba mal lo de que yo me fuese a la sardina, nunca me invitó a pescar con él, pero nos decía que los que andaban al cerco, allí le llaman "racú", que creo viene del inglés "round up", "no son marineros ni valen para nada". Yo navegaba encantado con Chiquita, aprendí a entender la sonda, llevar el timón, halar la red con otros veinte compañeros con mares bravos, pero le pedí a Andrés que me dejase ir los sábados con él. Ese día no había lonja, los pescadores capturaban para su consumo, maragotas, centollos con el espejo, camarones en las bateas y "Chopos".
Los chocos, sepias o como os haga ilusión llamarles, son una especie de humanos medievales, para capturarlos en la Isla pillaban primero una hembra con la potera o el ganapán (una especie de sartén con red), la metían en el vivero de la dorna, que es un cajón estanco que situado bajo la bancada central tiene un agujero desde donde entra el agua de mar directamente. Cuando salían a por chocos rompían una rama de pino, que dejaban entre aguas con la hembra amarrada con un cordel, sin hacerle daño. Los machos iban uno tras otro a visitarla con intenciones lúdicas, el pescador pasaba el truel o ganapán y aquellos incautos salían del mar para el vivero sin  enterarse, todo lo más largaban un chorro de tinta, o vaya usted a saber de que. Imagino a la hembra como una princesa recluida en castillo o convento, donde los gañanes se acercaban atontados atraídos por su olor o sus cánticos. Supongo que en la Baja Edad Media su destino serían las Cruzadas o las guerras reconquistadoras, por cuenta del padre de la enclaustrada. En nuestro caso es el Castillo de Cazuela. Hoy tocó y tan delicioso estaba el macho que recordé los trucos de su captura.