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martes, 31 de marzo de 2009

Ermelinda Pereira Saramago. Vieira de Leiria.


Praia do Pedrogâo. En la web de moteros.



El barco era un MOSQUETER, pequeño balandro de 6.70 m. de eslora, cuando lo compré se llamaba TABEIRON. Tenía un motor Seagull de 2 c.v., que solo funcionaba en bidón, en la mar nunca lo hizo. Creo que era alérgico a la sal. La construcción era de tablero fenólico. Afortunadamente, navegaba muy bien a vela y con algo de habilidad se podía hacer cualquier cosa con él. El "Tabeirón" el día que lo vendí a los dos que van de pié.

Solía tomar las vacaciones en setiembre, cuando el "RIAS BAJAS", el barco del servico de faros iba al varadero. Como no andaba sobrado de dinero no aseguré el barco. Los fines de semana de excursión habían aumentado mi confianza en él y en mi. Hasta el exceso.
Joshua Slocum en "Abordo del Spray" describía un sistema de piloto automático hecho con cabos. Me dejaba tiempo para hacer la comida, y si los vientos eran constantes dar una cabezada. Héctor y yo recorrimos las rías. Como el motor no funcionaba nunca, solo en el bidón, a veces quedábamos a merced de las mareas, tanto como para tardar veinticuatro horas en llegar de Vigo a Cíes.

Salimos de Vigo el primero de setiembre de 1984 un Pontevedriano, una vasca, mi hijo Héctor y yo. El primer puerto de escala sería Viana do Castelo. Pasado el puerto de A Guarda, separando nuestra ruta de la costa unas ocho millas, hicimos el cambio de guardia y tomó el timón E.P. (el pontevedriano). Me dormí inmediatamente y cuando desperté, estábamos en medio de las rocas al pie del acantilado de Montedor, justo bajo el faro. El barco no había tocado y con el viento en contra salimos por el unico sitio posible, por donde entramos con viento de popa salimos dando bordadas. Por suerte el viento era flojo y la mar llana. La situación debió de parecerles curiosa a los primeros bañistas de la playa. Desde el faro llamaron al Servicio Salvavidas y cuando estabamos a unas dos millas de la entrada del puerto salía el barco de salvamento. Les hice señas y les pregunté si iban a buscar un velero en las piedras de Montedor, me dijeron que sí. Les dije que éramos nosotros y se pusieron muy contentos. Nos remolcaron hasta el atraque. Y esa noche vinieron a buscarnos para cenar con ellos.
Esa era la época en que estaba yo más en contra del capitalismo, no llevaba radio a bordo, no usaba tarjeta de crédito (no tenía crédito) y llevaba lo estrictamente reglamentario: Rol, libro de Faros, una campana, bengalas, un remo, cartas y salvavidas (con silbato). Por otra parte, no tenía dinero para más.
Al llegar a Viana fuimos a comer al Restaurante O Tunel. Terminada la comida pregunté a E.P. por que había metido el barco en las piedras y no había seguido el rumbo marcado en la carta. "Pensé que..." Le dije que tenía que dejar la expedición. Lo aceptó y se puso a pensar en escribir sobre su experiencia marítima, según dijo. Le pregunté a Amaya si quería seguir o quedarse en tierra, supongo que como estaba un poquito liada conmigo, y aún le quedaban quince días de vacaciones, decidió seguir. A Héctor le impuse mi "Pater Autoritas" y siguió viaje. La siguiente escala en Oporto, donde entramos hasta el Cais da Ribeira, bajo el puente de hierro, aprovechando la marea entrante. Muchas fiestas. Desde Oporto navegamos a Aveiro y allí se desembarcó Amaya. Le llavamos por los canales hasta la estación del tren. La despedida fué para siempre. Allí nos quedamos sin dinero. Hice gestiones con los bancos pero entonces era más complicado que ahora. Llamé a María Carballo, una buena amiga, con la pretensión de que me hiciese un giro desde Valença do Minho. Se ofreció a venir y hacer una parte del viaje con nosotros. Para ella fue una tortura pues se marea como un pulpo en un garaje. Nunca se lo agradeceré bastante.
Salimos de Aveiro con intención de llegar a Lisboa, a unas quince millas al sur de Figueira da Foz el viento se quedó. Estábamos navegando con el piloto automático del Capitán Slocum, mejorado con unas gomas de mi invención. Dormí como una piedra y cuando desperté pasada una hora, el barco estaba enmedio de una rompiente horrorosa frente a la Praia do Pedrogâo, tan larga que se pierde la vista. Está frente a las Matas de D. Denís, un pinar donde durante siglos Portugal sacó madera para sus navíos. Feligresía de Vieira de Leiría. Estabamos a media milla de la orilla. Ni siquiera intenté sacar el barco de la rompiente. Pegué un grito en la cabina para que se pusiesen los chalecos y cerrasen las escotillas, pues la rompiente ya entraba a bordo. Abrí lo que pude la mayor y el foque y el barco ya medio inundado fué arrastando un ancla que dejé por la popa hasta dar con su orza en la arena. Cuando la ola se retiró, salí con el niño en brazos y María, aterrorizada pero valiente, corría a nuestro lado. Cuando estuvieron a salvo, metí nuestras escasas pertenencias en sacos de velas y fondeé otra ancla lo mas lejos que pude por la popa. Mandé a María y Héctor que fuesen en dirección al sol y que un kilómetro tierra a dentro encontrarían una carretera. Error, la carretera pasa a siete kilómetros. Hubo suerte y al pié de un regato encontraron una señora, que según supimos luego pertenecía a una familia de campistas. Nos explicaron que a seis kilómetros había un pueblo, Pedrogâo, que en media hora vendría uno de los hombres con una moto y con la misma maréa daría aviso. Con la siguiente pleamar y la mar en calma intenté sacar el barco con anclas lo suficientemente alejadas, inutil.
Un vendedor de automóviles, el señor Víctor Pedrossa, nos tomó bajo su protección , nos alojó, transportó en una especie de "quad" de tres ruedas nuestros enseres, endulzó nuestras ropas, las velas en la cancha de tenis para que perdiesen la arena, contrató un tractor para que transportase la orza del barco, que los vecinos me ayudaron a retirar, hasta el pueblo. La Policía Marítima a traves del Cabo de Mar Sr. Souza, me prestó un fusil lanzacabos, buscaron un pesquero que tirase de un remolque de 1.500 metros que previamente más de cincuenta personas arrastraron hasta la playa halando la guía que el pesquero había lanzado. La marejada movía a los vecinos como si fuesen la cola de un cometa. Cuando el cabo estuvo encapillado en la cornamusa y a traves de la escotilla un retén lo aseguraba al pie de rey bajo cubierta, el barco rodó sobre roletes, entró en la rompiente donde yo traté de mantenerlo proa a la mar con un remo (el remo) haciendo de timón, el cual había perdido en la embarrancada. Después de dos pantocazos horrorosos, el barco salió de la rompiente. En aquel momento la bruma se abrió y por el agujero ví muy cerca a las personas que tanto me habían ayudado. Les mandé un beso y fui remolcado ya fuera de la rompiente por el pesquero, que dos horas mas tarde metía al Tabeirón en el puerto de Figueira da Foz, en un astillero de madera, "Estaleiro Virxilio Afonso". Cuando entrábamos en Figueira unos cuarenta vehículos estaban estacionados en el dique de abrigo. Hicieron sonar el claxon. Eran los vecinos de Vieira de Leiría y Praia do Pedrogâo que nos estaban esperando. Todas las emociones acumuladas me salieron por los ojos, lloré.
Ermelinda "Castanha" fué la persona que en aquel rincón María y Héctor se encontraron. Su familia entera y numerosos vecinos se deslomaron con mi barco. Cuando volví al pueblo, recibido como si el héroe fuese yo, me contaron que un mástil que apenas salía de la arena era lo que quedaba de un matrimonio francés y su hijita hacía unos meses. La familia de Ermelínda, sus consuegros Antonio y Graciette, y otras veinte personas esperaban con una comida al día siguiente. Ermelinda hizo un poema, algunos de cuyos versos no voy a incluir pues aún hoy me dejan azorado:


O honrado faroleiro


viu de Vigo a Portugal


gozar uns dias de ferias


mas tudo lhe correu mal.


Vinha a mulher e o filho


eu digo com moita magoa,


vinherom têr um naufragio


mesmo enfrente do Corragua.


Cando María com Héctor


Ao pé de min aparesceu,


vinhan tudos molhadinhos,


que o me o meu corpo estremeceu.


.........


Quero-me despedir de ti,


Deus queira que ate o ano.


Vai decir para Espanha,


Que o Portugúes é humano.


Aquella misma noche, Víctor Pedrossa lo hizo fado y lo cantó. Debo decir que el vino era muy bueno.

El barco en el "Estaleiro Virgilio Afonso" esperando por su orza.

Cuando el barco estuvo reparado, después de quince días de transportes y trabajos, el "Tabeirón" zarpó, esta vez en solitario, para Vigo, y nos pilló el frente del ciclón Hortensia, que arrasó el pinar del faro al día siguiente de la llegada. Pero esta es otra historia.


Doña Ermelinda "Castanha" aprendió a leer para sacarse el carné de conducir a los cincuenta años. Se ganaba la vida conduciendo una furgoneta y vendiendo bacalao por las ferias. Desde el momento en que pudo leer y escribir no paró de escribir versos. Lo "verseja" todo: lo cotidiano, el amor, la familia, el paisaje...


Soy un inconsciente con suerte. Sobrevivimos, me salvé del ojo del Hortensia por tres horas, sin saberlo. Y conocí a Ermelinda Pereira Saramago y a su familia, a quien hoy localicé y llamé por teléfono. Dolida por la reciente muerte de su encantador marido, un magnífico agricultor, estaba tan emocionada como yo lo estoy.







A voçe dedico hoje, Ermelinda , estas lembranças.

viernes, 27 de marzo de 2009

MARINA MERCANTE. Telegrafistas II.




Madrassa de Trípoli. Foto OKO (de la web).


El vestíbulo está igual, aunque no era tan Superior.
El primer curso que pasé en la Escuela O. N. de Coruña, bebido a mi bispersión, suspendí las Prácticas de procedimientos de Radio (Morse) y Electrónica. Mis ventas de cuadros de piezas de relojería habían disminuido hasta cero. Empezaba a imponerse el buen gusto. Así que me fui con mi Libreta de Navegación y mi único enrole como marinero del M/P "Chiquita Segundo" a pedir embarque en una de las muchas consignatarias que por entonces había en Coruña. Me dijeron que tenía que embarcar en Alicante tres días más tarde. Tenía dinero para el billete, pero debía dejar sin pagar la pensión. La Señora María y el Señor Andrés naturales de Oza de los Rios lo comprendieron. No quería pedirle a mi padre después de nuestra última discusión.
Llegué a Alicante medio muerto de hambre y el "Monte Amboto" no había llegado. Decidí esperarlo en la playa. Una columna de humo negro apareció con el amanecer. Aún tardó tres horas en atracar. Pensé que debería pasarme un día más sin comer. Toda la tripulación se desembarcaba. Otros cinco pipiolos como yo esperaban en el muelle. Marineros: uno de los Chubascos de Muros, Patrón de Litoral recién aprobado, un Sampedro de Ribeira que había sido albañil, Mozo de cubierta un Juan de Sevilla, cuarentón y poeta, experiencia cero, un Señorans de A Esclavitud, marmitón. El contramaestre era un cuarentón guaperas con problemas siquiátricos, que lo habían mantenido encerrado en el pasado. Pedí un anticipo explicándole la situación al Capitán Morales, que dijo: "Empiezas bien". Con las dos mil pesetas que me adelantó le puse un giro a la señora María para pagar la habitación pendiente y me fui a comer a un restaurante caro, donde temí que no me sirviesen por mis dieciocho años y mi aspecto de viajero perdido. Al llegar al barco me pusieron a cargar provisiones, como ya había comido no pasó nada. Las bodegas eran de cuarteles, unos maderos que cubrían el espacio entre vigas de acero llamadas galeotas y luego se tapaban estos con un encerado de lona, unas barras de hierro y unas cuñas trincaban la lona para que no volase a la menor. Hubo que abrirlas pues al día siguiente se cargaba cemento para Las Palmas de Gran Canaria. Los cuarteles debían pesar veinte o treinta quilos y se movían entre dos marineros estibándolos junto a la regala. Las galeotas se estibaban en cubierta y se caminaba sobre ellas. Mover los cuarteles caminado sobre los ocho metros de puntal de la bodega sobre las galeotas era un trabajo de funambulista, Seguridad e Higiene hoy habrían precintado el barco. Pantalones cortos, torso desnudo, el contramaestre cuchillo al cinto...
Me habían regalado las obras completas de Pierre Loti, que por entonces era mi libro de cabecera. Quería ser un marino de aquellos. Ya se sabe, entrar en un harén en Oriente, acostarse con la hija de un rico mercader...
Como el barco había llevado pasaje en sus años mozos, había camarotes de sobra y los marineros teníamos camarotes individuales. La masturbación era un acto privado.
Los marineros en la mar hacíamos dos horas de timón y descansábamos cuatro, se hacían otras dos horas extras de picar, miniar y pintar, coser cabos y estachas y otros mantenimientos, como barrer bodegas. Los días de entrada y salida de puerto se trabajaban doce o catorce horas. Era el verano del 69 y yo ganaba 13.000 pesetas con más de cien horas extras al mes. El telegrafista se llamaba Miguel Rubio, era valenciano y me dejaba recibir partes meteorológicos en Morse o las llamadas en la frecuencia de escucha (500kc/s), que me sirvió para hacer oido. Fuera de horas de trabajo.


Mi amigo Señorans, marmitón a bordo del Monte Amboto, cuyo miembro causaba admiración internacional. Un comité de científicos intenta localizarle sin éxito desde hace treinta años.



Enseguida me hice amigo de Manuel el marmitón, que era una especie de ayudante de cocina, que hacía todo aquello que no le apetecía al cocinero, un mariquita muy fino con golpes muy buenos, muchos días incluso la comida. Manuel tenía un año menos que yo y era muy divertido, además de hacer un pan cojonudo. El tamaño de su miembro en seguida se hizo famoso en el barco. En las Palmas toda la marinería nos fuimos de putas. Tres de los distinguidos clientes nos quedamos haciendo unas "consumiciones" en la barra. La dama entrada en años que había subido con Manoliño bajó antes que él. En mi medio trompa me preocupé y me acerqué al grupo de señoras que rodeaban a la recién llegada.
-Cojones con el niño, menuda tranca se gasta el hijoputa. Ma dejao reventá.
Se lo conté a mis congéneres y recibimos con aplausos al Miembro de la Dotación.



Puerta de España en Bayona. Foto Jacques Managau. No parece, pero el lugar es el mismo de la foto de Instamatic.

De las Palmas fuimos a Safí en Marruecos donde cargamos fosfato para Bayona en Francia. Allí en la margen derecha del río que conforma el puerto existe una fortaleza. Sobre su puerta hay un cartel que reza S.M. Carolus III Rex Hispaniae D.G. fecit... y el año que no me acuerdo. Me hizo pensar sobre la temporalidad de las patrias. En Bayona cargamos azufre para Trípoli en el Líbano. Me puse muy contento cuando lo supe. Mismamente como P. Loti.
Durante el viaje le hablé a Manuel de Lotí, de la danza del vientre, los siete velos. Había que ir a verlo.
El primer día libre que tuvimos en puerto mi amigo y yo salimos. Fuí a buscarle a su camarote, estaba acomodando la tranca en los pantalones muy entallados y con campana abajo que se llevaban entonces.
-Me cajo en Dios, isto é un defeto.
-Cortala y rífala, seguro que te la compra el cocinero.
Salió riendo con su tercera pierna embutida en la derecha.

Tomamos un taxi y le dije que queríamos ver la danza del vientre y eso...
-Ah, queréis ir a un cabaré.
-Si, con danza del vientre.

Fuimos al bendito cabaré donde nos rodearon damas a cuya madurez ya estábamos acostumbrados. Música conocida sonaba en la gramola de monedas: ¡"Mi carro" de Manolo Escobar!!!.
Las señoras nos hicieron grandes fiestas cuando les dije que éramos espagnols. Ellas también, todas españolas. Nos invitaron a todo y nos presentaron a su único cliente: un ingeniero libanés que había estudiado en Méjico. Digo yo que iría por allí por practicar el idioma.
Después de un tiempo de conversación...
-Hijo mío, ¿cuantos años tienes?
-Diecisiete, señor. Contestó mi amigo.
-Tengo un hijo de diecisiete y me daría mucha pena (vergüenza) encontrarle aquí.
-A mi también me daría pena encontrar aquí a mi padre.

En fín, salimos con unas copas pero sin danza del vientre.

Volvimos en lastre a Ceuta, con el tiempo justo de matricularme en las asignaturas que me faltaban. Pero aquel viaje fue para mi una experiencia inolvidable. Agradezco hoy al Capitán y los oficiales del barco la paciencia que tenían con mi ignorancia y petulancia juvenil. Eran de la escuela de: "cortando cojones se aprende a capar".
El marinero J.A. Mera con el Monte Amboto al fondo. Tal vez en Ceuta. Agosto 1970.





sábado, 21 de marzo de 2009

MARINA MERCANTE. TELEGRAFISTAS I.










Ser telegrafista imprime carácter, como el sacerdocio. Estos hablaban en latín, los telegrafistas lo hacíamos en Morse. Los dos están desapareciendo: Los curas por falta de vocaciones y la implantación de la enseñanza gratuita y los telegrafistas de los barcos por la evolución tecnológica.

En los barcos decían que estábamos zumbados, yo no lo creo. Disponíamos de más información que la media y trabajábamos solos, generalmente. En los barcos españoles de mi época no se trabajaba en puerto. Hacías turismo, aprendías idiomas... Eran unos barcos bastante chatarra, salvo excepciones. Les decían Candrays. Los equipos de la Radio eran chatarra de válvulas de la II Guerra mundial, que dos empresas los convertían en equipos marinos de uso civil. Gracias a eso podías aprender a repararlos sin demasiados problemas: todo era visible.

Yo estudié lo de Radio de la Mercante gracias a uno que mentía más que hablaba. Estaba en casa de un amigo, su hermano que había estado en el seminario se presentó con un uniforme muy chulo y pregunté: Eres...?

- Soy Oficial de la Marina mercante.

-¿Viajas en barco?

- Acabo de llegar de Brasil.

Empezó a contar historias y no paró. Llegué a casa y les dije a mis padres que ya sabía que quería ser de mayor. Mi padre me dijo que iba a ser un gilipollas. Como mucho, un gilipollas con galones.

Tuve que buscarme la vida y con una beca de la Sección Naval de Juventudes, empecé lo de Radio dos años más tarde de aquella conversación. Aquel internado de Valencia, con exámenes en la Escuela de Náutica de Barcelona no cumplía mis expectativas de libertad y conocimiento, así que me matriculé al año siguiente en la Coruña. En los veranos aprendí un poco de Inglés con un curso de la BBC que se llamaba "Calling all beginners" y luego otro "Getting on in English". Todavía recuerdo párrafos enteros de algunas lecciones. Con este bagaje me puse a dar clases de inglés. Completaba mis ingresos con unos cuadros horrorosos hechos de piezas de relojería que vendía milagrosamente.


Durante las vacaciones de la Escuela me enrolaba de marinero, el primer año en un pesquero, el "Chiquita II" de la Isla de Arosa. Luego fui en un mercante "Monte Amboto". Eso fue en 1968. El barco tenía 40 años. Allí fue donde concebí la idea equivocada de que se puede andar por el mundo sin puta idea y no te pasa nada.


Al barco le había entrado corrosión. Decía el Capitán Morales que en el astillero se habían olvidado de ponerle zinc para evitar la acción galvánica. Cuando tenía una vía de agua le hacíamos una "encajonada" con cemento rápido. Naturalmente, años más tarde, el barco acabó siendo cementero entre Alicante y Argelia. Fui aprobando todas las asignaturas y terminé mis estudios en Junio de 1971. En 1973, volví al "Monte Amboto" como Radiotelegrafista, con la misma tripulación. Fue la época en que decidí convertir a los mulsulmanes al alcoholismo y me puse a contrabandear "Ricard" entre Alicante y Argelia. Cada viaje llevaba dos cajas de Ricard. Mi socio era un cocinero ex-legionario. No cambiaron de religión, pero conocí en el trapicheo gente muy interesante.


En Gazhauet, el antiguo Port Etienne, ofrecí mi mercancía en el antiguo casino francés, un tipo malencarado me dijo que estaba interesado, pero tenía yo que sacarla del puerto. Había un centinela con fusil que paseaba por el muelle junto al barco, el único en puerto. Saqué mis dos cajas hasta unas redes que estaban próximas a la valla. María L. mi esposa de dieciocho años me avisaba en la noche de los movimientos del centinela. Estaba aterrorizada. El cocinero me ayudó a pasar las cajas desde las redes a la valla. Él por la parte de fuera.


Fuimos los tres a entregar el "Ricard" y cuando nos pagaron nos invitaron a tomar una copa. El aspecto de los compradores era disuasivo, pero aceptamos. Nos invitaron a subir en un coche renqueante y despues de un corto viaje, lo metieron en un garaje igual de destartalado. Nuestro miedo aumentó notablemente cuando de otro vehículo bajaron otros cuatro conversos.


El cocinero y yo nos mirábamos dispuestos a vender caras nuestras vidas. Bajamos del coche y sin decir una palabra buscamos cualquier cosa que pudiese ser un arma. Un cuadro de herramientas mostraba los perfiles pintados, pero sin herramientas. El chofer dijo:


-Señores: esto que parece un taller, en realidad es un cabaré. De día taller por la noche cabaré.


Nos tranquilizamos cuando vimos que tratándonos amablemente, nos preguntaban por cosas de España, que uno tenía un primo en Madrid, que su tía era española de Orán... que posibilidades había de mandar a sus hijos a estudiar...

Cuando volvimos al barco vimos al Capitán Morales en cubierta, al vernos llegar se metió hacia su camarote. A la mañana siguiente medio muerto risa en los ojos, pero con semblante serio me dijo:

-Jose, hay cosas que un oficial del barco no puede hacer...

Dejamos el contrabando y nuestra labor proselitista dió cien pesetas de beneficios para cada uno.


Todo eso, y mucho más, se lo debo al tipo del uniforme, que tardó muchos años en ser Maquinista y que no estoy seguro de que hubiese estado en Brasil en ningún carnaval. La única mulata exhuberante posiblemente la vio aquí treinta años más tarde.
El impresentable que suscribe en la Estación Radio durante el año 1972 en que estuvo enrolado en el "Sierra Jara". Conseguíamos contactar con Aranjuez Radio con 200 watios. (de noche) desde el Amazonas.

Sobre la vida y funciones de los telegrafistas en tiempos pasados ver: https://www.gupostseguro.com/fitbak/es/urbanos/telegrafistas/radio.asp

domingo, 15 de marzo de 2009

FARO DE TANGER. Historia y Leyenda.

Torre de Cabo Espartel en la actualidad, tal y como fue contruida en 1870.
Foto iconotec.
El Faro de Cabo Espartel fue construido a expensas de un Consorcio Internacional de once potencias marítimas, entre las que milagrosamente esta vez se encontraba España, mediante un tratado firmado el 31 de mayo de 1865. Los firmantes eran, EEUU, Austria, Bélgica, España, Francia, Gran Bretaña, Italia, Holanda, Portugal y Suecia que pagaban los gastos y el Sultán de Marruecos que autorizaba la construcción y aseguraba la custodia del Faro y sus servidores mediante un retén armado, pagado por las potencias.

Los firmantes convocaron un concurso internacional para la cobertura de las seis plazas del Faro, un encargado y cinco torreros. La plaza de Encargado la ganó en oposición el Sr. Gutierrez y las de torreros estaban ocupadas por un español, un italiano, un alemán y dos británicos.

El Faro de Cabo Espartel disponía en principio de una luz de petróleo vaporizado a presión con 30 millas de alcance, unos 50 km. un cañón para caso de niebla y a partir de 1920 todos los adelantos de electricidad y radio. El Encargado del faro tuvo un hijo, de quien tuve el placer de aprender y si los años no me joden, se llama o llamaba Antonio. Supongamos que no me equivoco.

Antonio Gutierrez siguió la estela familiar, y se presentó a las oposiciones del Consorcio de Naciones. Aprobó y comenzó su servicio en el faro de Tánger. Aquí empieza la leyenda.

A las once de la mañana del 5 de julio de 1941, las tropas españolas ocuparon Tánger, desarmaron a la guardia del Sultán en el Faro y licenciaron a los súbditos británicos que hacían sus turnos en Cabo Espartel. Testigos presenciales me contaron la curiosidad de una población cosmopolita, de negociantes y contrabandistas, hacia un ejército sin vehículos, que llegaban en barcos de chatarra, mal alimentados, peor vestidos y mal armados, desfilando ante los atónitos viandantes. Al parecer pudo más la influencia de Hitler y Musolini que las protestas de los socios firmantes.

España se hizo cargo del Faro y como en otros (Sálvora) impuso un servicio de control del tráfico marítimo en el Faro; al parecer, los torreros auxiliados por militares debían transmitir la información del tráfico en el Estrecho, que inevitablemente acababa en los servicios de información alemanes en Madrid . Cuentan que en esos días conoció el joven Gutierrez a una bella americana, con la que contrajo matrimonio. La vida transcurría sin incidentes, los tés, el paseo por el malecón, la rutina de los mantenimientos y de los turnos. El tiempo de guerra pasó de prisa, los españoles seguían viviendo en santa hermandad con gentes de todos los países, solo la sospechosa desaparición de un amigo judío, un republicano conocido o un hombre de negocios británico les recordaba que seguían en guerra.

Contaban que cuando la guerra terminó, Gutierrez encontró a su mujer haciendo las maletas. El Servicio de Información Militar norteamericano le había dado otro destino. Puntualmente había estado informando a las autoridades de su país de los movimientos de los buques alemanes e italianos así como de que embarcaban y desembarcaban en protectorado español. En 1979 pregunté a Gutierrez por esta historia, me contestó con evasivas. Intenté localizarle ahora, no encuentro rastro. Por su carácter y convicciones creo que colaboró de buen grado con la americana. Si alguien ha conocido al farero Gutierrez de unos 90 años y sabe de él, me avisa por favor. Será un placer. Último destino Alicante. Tal vez Sta. Pola.


Nota.- Miguel Angel Sánchez Terry duda de la veracidad de esta historia, trató a Gutierrez y nunca le contó nada al respecto de su matrimonio. Me fio de Terry, pero me gustaría que fuese cierta, es bonita.
Dedico esta entrada a Codorniu, que sabe de amores y le llega la primavera.


lunes, 9 de marzo de 2009

LINEAS AEREAS. Como evitar la crisis.

Aeropuerto de Vigo. Foto: La Voz de Galicia.

Los empleados de las compañías aéreas están acongojados por las fusiones, los eres, y los no eres, hoy eres mañana no eres, que es la máxima de políticos y empresarios, aplicable a los demás.

Hace tres años que estoy en este aeropuerto, de vez en cuando entre nube y nube, hago click en unos mapas y se los doy al empleado de la compañía aérea que los demandó.

Uno de ellos es un devoto de viejos tiempos, que cuando me ve, me besa el anular de la mano derecha y me llama Eminencia, tal vez mi clericalismo ha trascendido los teclados.

Esta mañana por cambiar lo del beso en medio de la terminal, que me da un poco de corte, le saludé llevando la mano al corazón, "Salam -alei- kum", dije. Me respondió y saliéndose de su puesto en facturación, me llevó tras una columna :

-Mira que voz, mira: "Al ah da al-am....", declamó imitando la llamada a la oración del muecín.

-¡Extraordinario! Con esa voz habrá que construirte un minarete.

-¡Ya tengo uno!

Miró hacia su entrepierna y se fue.

El I Simposio de Economía Siquiátrica, entre sus conclusiones establece que la base del desarrollo sostenible es el disfrute moderado, según se lee en el Wirtschafszeitung de hoy. Con personal así las aéreas no deben temer:¡ contrate gente divertida!. Los divertidos gestionan mejor.

lunes, 2 de marzo de 2009

ELECCIONES GALLEGAS, UN ANALISIS.

Anxo Quintana Vicepresidente (en funcions) da Xunta de "Galiza". Foto: El País.
Espero que el Partido Socialista saque alguna conclusión de estas elecciones. Gallegos que ideológicamente estamos en la izquierda, no como muchos cuadros socialistas, en número de varios miles (27.000) hemos votado en blanco. Los que hemos mantenido viva la lengua a pesar de haber aprendido otras varias para poder comer, vimos como una panda de arribistas nos imponían una lengua artificial, cuyo único fin era alejarse del castellano, su nómina de filólogos, olvidando la lengua que hablaba de forma natural un país analfabeto, fabrican palabras que dejan atrás los orígenes latinos e imponen legalmente a nuestros hijos desde que nacen el aprendizaje de este pastiche, con fondos públicos. La misma mentalidad caciquil y fascista que un día nos obligó cruzar fronteras, aprender idiomas y producir fuera de nuestras raíces, nos impone una lengua manufacturada para su "Galiza", cuyos orígenes se remontan a principios del siglo XX con la generación "Nós", cuando éramos celtas. Además quieren fabricar una frontera. A través de la bicefalia de este gobierno los representantes del quince por ciento de los votantes han dilapidado los fondos del cien por cien. Anxo Quintana acaba de decir que su actuación política es "una aportación personal a un proyecto colectivo". Ya ni siquiera es una aportación partidista, es personal. Le agradeceríamos a nuestro Vicepresidente en funciones que se abstenga de aportar más. Destructores de proyectos, parece que ninguna administración anterior hizo nada.

Como alcalde convirtió su pueblo en un museo visitable los fines de semana, seguro que allí hablan los guías "galego normativo". Para llenar el museo en que quisieron convertir el país, sus adláteres incluso se permitieron inventarse reyes.

Estos son los socios con quienes el Partido Socialista desalojó a Fraga de la Xunta, desalojo que me parece bien , pero no con un Vicepresidente que dice lo contrario que el Presidente y que con el 15% de los votos montó un gobierno paralelo. Otro Carod, en todos los aspectos.

Estómagos agradecidos y votantes clientelares dejarán por un tiempo de hostigar a quienes no pensamos como ellos y de darnos la tabarra a los que trabajamos y soñamos sin alardes de patriotismo. Pronto tomarán el relevo los del otro bando. Nada grave: ellos pasan, nosotros permanecemos.