Google+ Followers

lunes, 28 de marzo de 2011

ESCRITORES EN GALLEGO. Francisco Varela Losada.



Mis abuelos, mis padres y yo somos gallego-parlantes. Me aterroricé cuando la lengua entró a formar parte de la ideología nacionalista como seña identitaria y no como vehículo de ideas. Los afortunadamente breves periodos que estos ideólogos permanecieron en el gobierno de la autonomía fueron aprovechados para inventarse una lengua cuyos recursos gramaticales y semánticos se alejen del castellano y del portugués, sus hermanas o hijas romance. Los penosos intentos de "celtizar" el idioma que sobrevivió a imperios y dictaduras han dado como resultado que los jóvenes siempre sabios, desprecien lo expresado en esa lengua, la consideren asignatura hueso-de-plástico y generen en su cerebro una aversión a otras asignaturas troncales que por imposición legal o del profesor se dan en la lengua territorial. Tiene razón la mayoría de los jóvenes al no escuchar el penoso discurso artificial de los políticos. Al no participar en el patrioterismo chabacano de los que pretenden forrarse siendo cabeza de ratón, los grupos de patriotas a lo Chávez que se apropian de recursos mientras su pueblo es cada vez más un museo donde los escasos asistentes a los parvularios llevan mandilón con banderita y se les enseña más a ser patriotas que personas.

Las lenguas siguen vivas a pesar de los lingüistas. Solo las mata la decadencia histórica y de ellas nacen otras nuevas, que son irremediablemente la suma de muchas decadencias.

FRANCISCO VARELA LOSADA es el autor de "Un epitafio axeitado". En castellano: Un epitafio adecuado, su primera obra. Me gusta por estar escrito en un gallego que mi abuela analfabeta disfrutaría si se lo leyesen. Es una historia de detectives, novela negra llena de luces, generadas por la inteligencia y el sentido del humor del autor. Es un joven que se gana la vida en lo que puede. Capaz de buscársela lejos de su licenciatura, navegando mares o fregando platos. Espero por el bien de las lenguas vivas que pueda ganarse el sustento escribiendo libros. Un castellano parlante culto puede entendernos sin traductor simultaneo. Los gallegos algo leídos entendemos a los autores catalanes sin problemas. Como en cualquier buena novela negra los asesinos de las lenguas son los que dirigen las políticas lingüísticas, una pena que algunos enseñantes sean matones a sueldo.


TITULO: Un epitafio axeitado. ISBN: 978-84-15166-05-4

Edicións Morgante. 2010.

viernes, 18 de marzo de 2011

El "CELINA" en Rincón de M'diq.


Rincón era un pueblo turístico, había unas capacidades que otras ciudades que habíamos visitado no tenían. Decidimos visitar Fez, antigua capital del Sultanato y Volúbilis, una de las ciudades romanas mejor conservadas que he visitado. El Foro, los baños, el templo de Venus, mosaicos y vías se conservaron gracias al desprecio del islam por lo latino y gracias a la maleza.

En el pequeño puerto deportivo de Rincón, un funcionario de policía hacía los trámites. Entre otros nos extendió un pase y retuvo nuestros pasaportes. Acostumbrados como estábamos Herminio y yo a los abusos de las autoridades, le dejamos hacer. Mi compañera de viaje protestó enérgicamente - con razón- pero le dijimos que dejase correr el asunto. Le comentamos al expansivo funcionario nuestra intención de viajar y el se apresuró a ofertarnos un conductor, hispano hablante, honrado y con un buen coche. Me imaginé enseguida un policía libre de servicio.

El hombre era un buen hombre, muy amable con nosotros y con los niños, solo se salió de sus casillas ante los comentarios impertinentes para él de la madre de mi hijo menor.

-¿Cuantas mujeres tiene el Rey?

-Todas.

-¿Como todas?

-Si, el rey es nuestro señor y puede disponer de todas nuestras mujeres.

-Dicen que el hijo del Rey es maricón...

Le dí un codazo.

-¡Quieto, me haces daño! Esta chica es tonta y es un peligro, pensé.

-¿Y quien dice esto? Preguntó el taxista.

-En España lo dijeron algunas revistas.

El conductor casi paró el coche. Pensé que iba a sacar una pistola, desvalijarnos y dejarnos en medio de los montes de Ketama.

-Pues en ese caso, cualquier marroquí tiene derecho a ir a España y matar al periodista que escribe esa mentira. Lo dijo mirándola a la cara vuelto de espaldas a la carretera y su cara daba miedo.

-Mohamed, no se enfade, ya sabemos que ustedes, como nosotros, veneran a la Casa Real, que es una bendición para su pueblo. La señora no quiere ofenderles, en España desde hace poco la prensa es libre, y aún no se acostumbró a decir solo la verdad.

Al llegar a Fez no nos dejaban alojarnos en el hotel sin pasaporte o sin una autorización de la policía. Nuestro chofer lo arregló enseguida. Eso me confirmó mis primeras sospechas. En cuanto estuvimos solos le expliqué a S.M. que estábamos en un país extraño, cuyas costumbres no conocía y sería más seguro para todos que cuidase sus comentarios. Después de culparme de no tener pasaportes y haber contratado a un tipo a sugerencia de un pasma, como machito avispado que soy, aceptó moderarse. En Fez contratamos a un guía, la "Guía del trotamundos" no nos protegía del acoso de guías, vendedores y niños. Un guía nativo, con traje y deportivas, si.

Recorrimos los curtidores, la universidad islámica, mezquitas, zoco y la kasbah, comimos en donde nos dijo y Herminio compró alfombras para sus hijas. El hospital para animales construido, según el guía por una excentrica norteamericana, ocupaba el equivalente a dos manzanas de la medina. Al lado de su muralla tres burros esperaban turno. Herminio dijo en voz baja, "Mira, como en la seguridad social". Frente a la entrada principal un cementerio de mascotas, con los consabidos "My beloved" y bajorelieve de un perro pequinés con fecha del deceso. Algo mal hecho, que los mulsulmanes no tienen costumbre de tallar personas ni animales. Al día siguiente salimos con nuestro chofeur en su Mercedes rumbo a Volúbilis, el foro, el arco de Caracalla, y en el templo de Venus con mosaicos el chófer me decía: "C'est mervelleuse, même la maison des putains". Yo miraba a S.M. esperando una intervención, pero se cortó.

-Oui, Oui, c'est magnifique. Dije.
Una breve visita a Meknes y un día en el zoco de Tetuán completaron el ciclo del Norte de África del Celina, aún hicimos un viaje a Baleares dos años más tarde esa vez más tranquilos, Herminio, los niños y yo. Después, le compré el barco y lo trajimos a Vigo Héctor y yo en el año noventa desde Algeciras. Lo vendí en el noventa y tres y ahora está en el Náutico de Vigo. Lo visito todos los meses.

Llegada a Algeciras, regreso a lo cotidiano: la boya del Salgueirón a la deriva, el faro de Cabo Home sin corriente por vandalismo, la traída de aguas de Cabo Silleiro está podrida y no tenemos presupuesto. La recién reparada cubierta de Cabo Estay mete agua.

Poco tiempo más tarde oí al incompetente Director General de Puertos, en la siguiente etapa ascendido por Zapatero, decir que los fareros eran unos funcionarios que cuidaban de un semáforo.

Pero la guerra perdida de los fareros es otra historia.

lunes, 7 de marzo de 2011

CELINA. Policía Montada de la Tercera edad.

Foto: Faro de Melilla.
Salimos de Alhucemas con la intención de llegar a tiempo para pasar los carnavales en Melilla. Atracamos a la popa de un buque hidrográfico de la Armada. Nos amarramos a unas defensas de rueda de camión del muelle, que impedían que la marejada dañase el casco y nos ayudaban para desembarcar. Melilla es un queso de gruyere en cuya cima se encuentra un hermoso faro donde fuimos muy bien recibidos por el encargado y su familia cuando me identifiqué. Bajo el faro, en la boca de los abandonados túneles de las defensas de la ciudad grupos de contrabandistas, ilegales, y rateros de muy poca edad se refugiaban. Ropa y alimentos manufacturados para Marruecos y hachís para España.
Los carnavales se celebraban en la parte más europea y militar de la ciudad, charangas musicales y grupos de disfraces convergían en una plaza. Me gustó mucho una comparsa de unos veinte policías nacionales que se llamaba "Policía montada de la tercera edad". Iban los apuestos jinetes con sus piernas simuladas colgando de los costados de una viejecita simulada que le salía entre las piernas reales convertidas en piernas de viejecita. A un par de retrasados no les debió de dar tiempo a hacer dos viejecitas y dos policías montados y uno de ellos, pobre, hacía de viejecita, yendo el otro montado sobre él. La música que regía los movimientos de jinetes y monturas era rápida y ritmica, lo hacían muy bien pero creo que el policía-viejecita por su aspecto al terminar la función fue baja definitiva del cuerpo al día siguiente. Cenamos, regresamos al barco y nos acostamos. Oí ruidos pero salí y solo el foque mal aferrado, se movía con el viento golpeando el estay. Me volví a dormir enseguida.
La voz de Herminio en la camareta:
-Coño, ¡Pero si es un ladrón! ¡Ladrón, ladrón!
Salí como pude de la litera de proa, que compartía con S.M. y el serón del niño, en pelotas, Herminio ya había salido. Al pasar por la escotilla eché mano al cuchillo que estaba en su funda, en la defensa que estaba en el muelle vi un bulto, me cruzó como un relámpago la idea de Herminio en el agua y el ladrón dispuesto a saltar a tierra. Cuando estaba saltando sobre el bulto, cuchillo en mano, se irguió, las luces del muelle iluminaron la cabeza blanca de Herminio y al esquivarlo me fui al mar. Mientras, el suboficial de guardia en el barco de la armada corría pistola en mano tras el ladrón, lo atrapaba y recuperaba nuestros bolsos con nuestra documentación y dinero y la cazadora de Herminio. A continuación soltó al chico y vino a devolvernos nuestras cosas. Herminio ya había trepado al muelle y yo debía de tener el aspecto de un dios griego, en pelotas, cubierto de mierda del muelle, con un inútil cuchillo en la mano y resoplando del susto y el esfuerzo de subir a bordo sin escala.
Mientras me secaba, Herminio tomó sus pantalones grises de tergal, que estaban bajo la colchoneta, que por la noche hacía las veces de plancha, comprobó que su millón de pesetas seguía allí y con inmensa ternura, abrazó sus amados pantalones y dijo:

-¡Mi amor!

martes, 1 de marzo de 2011

El Celina. Carnaval en Marruecos.

Foto:http://prince0de0rif.skyrock.com/2198493417-Villa-Sanjurjo-AL-Hoceima-Alhucemas.html

En Alhucemas vimos algunas de las carencias del Servicio Exterior español. Tanto en esta ciudad como en Tetuán y creo que Rabat, el Ministerio de Asuntos Exteriores mantenía un Instituto. Los niños marroquíes aprendían español y hacían el bachillerato. El Instituto tenía todos los avances, laboratorio, aula de informática (1987!) y algunos atrasos, clases de religión que impartía un simpático, mayor y permisivo cura, compañero de dominó del Imán de la mezquita, a los pocos alumnos hijos de profesores españoles. Se quejaban los profesores que cuando los chicos acababan el bachillerato a expensas del erario español, se les dejaba y solo si sus padres podían sufragar la formación superior en España continuaban estudiando aquí. Los franceses, en cambio, a los alumnos francófilos y brillantes les pagaban la formación superior, con lo cual obtenían cuando estos alumnos alcanzaban cotas significativas de poder acuerdos comerciales inmejorables.
Una antigua alumna hacía de administrativo en el Instituto. Había vuelto de la Facultad de Farmacia de Salamanca para casarse en un matrimonio concertado. Su marido resultó, según ella ser impotente, y según él ella tenía una virginidad arreglada, el caso es el padre no quería devolver la dote. Creía que su hija del alma era una joven farmacéutica, con mala suerte en el amor. La chica me contó que su padre había comprado una farmacia aportando el dinero de la dote, pero en Marruecos es como aquí, el Caid administra la justicia con calma y como aquí hace cuarenta años, la mujer casada no puede obtener el pasaporte sin permiso del marido. Además, como aquí, para tener una farmacia hay que ser farmacéutico. Y la joven no lo era. Le faltaban tres asignaturas, pero entre fiesta y fiesta no se atrevió a decírselo a su padre, por tanto le dijo que no podía recoger el título al no concederle el marido permiso para viajar. El padre, al que no conocí pero que no parecía pararse ante ningún obstáculo, fue con ella al consulado, allí hicieron un poder a favor del padre, para representarla en España.
Con el padre en Salamanca buscando un título no obtenido, con su hermano en Alicante estudiando en la Escuela-Náutico pesquera, eso creía el padre... la pobre chica no sabía lo que le esperaba.
El último día que estuvimos juntos le pregunté como iban sus cosas.
-Mira, dijo, para mi padre es un golpe duro, yo no tengo la carrera acabada, pero él apalabró una farmacia. Tiene un pesquero pero mi hermano dejó sus estudios, vive con una española, que tiene un hijo de otro, tiene un bar donde se vende alcohol...Nuestro padre llamó hoy desde Alicante. Cuando cogí el teléfono y dije "soy yo papá", colgó.
Nos fuimos de Alhucemas (Al Hoceima), fundada como Villa-Sanjurjo, sin saber como acabó la historia. Queríamos pasar los carnavales en Melilla. Pero la vida es toda un carnaval.