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viernes, 15 de abril de 2011

TRESCIENTOS ANTIDISTURBIOS PARA DOS FAREROS.

Faro de la Guía, en Vigo. Sector oscuro. Imagen:http://www.panoramio.com/user/4654868?with_photo_id=44337936 . Este faro junto con el de Montefaro que encabeza este blog, señalan el canal navegable dentro de la ría. En mi época estaba dentro de un destacamento de Artillería de Costa.





La Asociación tenía una junta directiva. Tendría que buscar los nombres de unos cuantos pringados y más de un hijo de puta que la constituíamos, pues no me acuerdo de la mayoría. Yo llevaba doce años en el cuerpo y tenía cuarenta muy bebidos cuando saltó la liebre del Anteproyecto de Ley de Puertos que nos declaró a extinguir. Se habían convocado elecciones y Orlando, el farero de la Isla de Tapia tuvo una mayoría nunca vista, casi todos los compañeros pagaron las cuotas de ese año para tener derecho a voto. La representatividad estaba asegurada.





Orlando era de la UGT, nunca estuvo muy claro que representase al Sindicato. Roque uno de los fareros de Peñas, de la Junta de Personal de Comisiones Obreras, representaba a su sindicato y por lo visto a la Dirección General, pues a través de él se enteraban de todo lo que se decía en reuniones de la Directiva y en las asambleas que se reunían cada seis meses en la sede de la CNT, único sindicato que la ofreció.





En una de estas asambleas un joven de Cádiz, no recuerdo quien, propuso pasear un faro por la Castellana frente al Ministerio. Yo quedé en construir el faro en poliester, buscar el medio de que tuviese publicidad y convocar a los compañeros. Propuse al Ayuntamiento de Madrid entregar el Faro al lago de la Casa de Campo. Llamé a la Delegación del Gobierno para explicarle el motivo de nuestra protesta y la forma de realizarla. Roque el de CCOO se encargaba de la burocracia, permisos y demás. Cuando recibí un fax en un locutorio con la solicitud que Roque envió a la Delegación del Gobierno en Madrid, me escamó el servicio de orden, con vehículos, haciendo caravana. El Jefe de Seguridad Ciudadana de la Delegación del Gobierno en Madrid se había entusiasmado con una protesta que le regalase un faro a la casa de Campo, después de recibir el escrito de Roque ya no estaba entusiasmado, denegó la autorización. El Ayuntamiento de Madrid lo mismo. Ya hablaban conmigo en otro tono.





El faro estaba siendo construido en el almacén de faros del puerto de Vigo, fuera de horas de servicio y a nuestras expensas. Resinas Castro nos adelantó el material y la factura, por si acaso. Colaboraron en el trabajo todos los fareros de la provincia, la prensa local lo difundió, los periodistas de entonces nos apoyaron sin reservas. Aquel domingo soñé que Roque era un espía del Director General de Puertos, que el apoyo político de Orlando, el Director General de la Marina mercante Rafael Lobeto Lobo iba a conseguir el Salvamento Marítimo canjeándolo por los faros, daba más tajada, aunque en los países de referencia de España (Usa, R.U.) la legislación atribuía el Salvamento a los Puertos y los Faros a los servicios de Marina mercante. En el sueño todo el mundo me traicionaba, yo me quedaba con el culo al aire.


Aquella mañana de lunes empecé a escuchar ruidos en el viejo teléfono del almacén. Podría se normal, pero el día que escuché los ruidos, un tipo estaba trabajando en una arqueta del teléfono de los muelles, vino a pedir una herramienta, luego vino a pedir hacer una llamada. Le oí decir: "Hemos terminado". La que luego fue ministra de los Medios:Ambiente, Rural y marino, ya había empapelado a algún empleado del Puerto (Xan Traba, q. e.p.d.) de baja por gripe, seguido por una empresa de detectives mientras daba un mitin. Xan que estaba en Contabilidad se quejaba de que la factura de los detectives eran dos meses de su sueldo. Todos los indicios dispararon ese sexto sentido que siempre tuve tan aguzado. El comisario del puerto y su ayudante empezaron a visitar el almacén de faros.


Me fui a un locutorio y llamé a todos los fareros de confianza. Les dije que creía que tenía en teléfono pinchado, que llamaría desde el teléfono oficial para convocarles en Madrid, que me dijesen que si a todo, que todos los libres de servicio traerían a su familia. Pero que no apareciese nadie por allí. Orlando había conseguido una reunión con Navas y el Director General para un sábado de mañana. En Vigo los fareros de la Provincia en el asombroso número de doce pusimos según las instrucciones de Rafael Lobeto a Orlando una pancarta que rezaba Faros a Marina Mercante, y en una rueda de presa expuse mis temores de que el faro construido en poliéster no podría salir del puerto para plantarse en el Ministerio de Obras Públicas en la Castellana. Siguiendo instrucciones del Gobernador Civil Capitán Mercante Jorge Parada Mejuto, el Jefe de Aduanas dio orden de que el Farito no saliese en su camión, por si era de contrabando, la intervención del vista de aduanas y de la policía delante de los periodistas y fareros que acabábamos de ser desalojados de los locales sindicales del puerto, hizo que los periódicos locales pusiesen una foto mía rodeado de pasmas en primera plana: "Represión a los fareros en Vigo" . Dejamos el vistoso farito aparcado en el muelle, la presidenta del puerto, luego ministra, Elena Espiosa Mangana dio orden de que se pusiese un bloque de granito de veinte toneladas que impedía mover el camión. El hábil consejo de un pelota, un Ingeniero técnico que reparaba su coche en los talleres del puerto y llevaba personal y maquinaria pública para arreglar sus propiedades, un Julio Valderrábano, todopoderoso hasta jubilado, fue el que produjo la orden a los exportadores de granito de bloquear el camión.


Al día siguiente tras una tarde y una noche de infarto estaba a la hora convenida, las once, frente al Ministerio. Había quedado con Orlando Sanchez, el farero de Tapia, la supuesta manifestación estaba convocada a las doce. La mierda de sueldos que nos pagaban hubiese supuesto un esfuerzo económico brutal para mis compañeros y sus familias. En toda España eramos trascientos veinticinco. En los jardines de los Nuevos Ministerios había aparcadas unas cincuenta "lecheras", conté entre seis y ocho antidisturbios por lechera, es decir el Gobierno había movilizado a un antidisturbio por farero libre de servicio y cada miembro de su familia. Observé a los antidisturbios y pegados a las columnas de los soportales había unos con pinta de jefes. Vi venir a Orlando por el otro extremo. Me acerqué al que me pareció el Jefe de los policías:


-¿Manda usted la fuerza?



-¿Y usted quien es?. Preguntó de muy malos modos.


-Me llamo Mera, soy el vicepresidente de la Asociación Nacional de los fareros.


-¡Coño!, ¿van a venir muchos?.


-Venimos aquel - señalando a Orlando- y yo.


-¡Esta gente está loca! dijo el hombre al que le habían jodido el fin de semana, dándose una fuerte palmada en la frente.


Me dí media vuelta y me fui hacia Orlando, que estaba explicándole la situación a un pobre chico de la última oposición, en prácticas en Alcobendas, que había tenido un soplo y quería estar. Por lo visto en el Ministerio no tuvieron soplos normales. Es lo que tiene nombrar gente de plantilla o advenediza con el título de incompetente.


Próximo capitulo: Nuevas acciones, negociación, dimisión y ostracismo.

domingo, 3 de abril de 2011

FAREROS: Una forma de vida que se perdió.


Faro de las Islas Sisargas. Allí servía Castro, un Capitán de la Marina Mercante que a ratos libres estudió Bellas Artes. Foto:http://www.farosdelmundo.com/pagina.php?id=1149

Nunca me gustaron los funcionarios. Cuando me hablaron del Servicio de Señales marítimas y me dijeron que eran funcionarios medité unos minutos la idéa (Todo el mundo sabe que mi máximo de meditación son cuarenta segundos) me inscribí y me presenté a las oposiciones. Los veintidós aprobados podríamos comernos el mundo, o fumárnoslo. Algunos queríamos cambiarlo. Hacer un servicio público moderno, que fuese reflejo de una sociedad por venir. Que incorporase las tecnologías que iban llegando a un país de burócratas. Podía ser buen momento. Era la transición y cualquier cosa era posible. Pedí el Balizamiento de Vigo, una agrupación de más de cuarenta señales que funcionaban con tecnología anterior a la segunda guerra mundial.

Poco a poco las cosas volvieron a su cauce, gente muy moderna y eficiente fué arrinconada porque decían era del Opus, o porque no se afilió. Me estoy acordando del Ingeniero José Hernando Requejo, limpio, trabajador y amante de la tecnología de los faros, a los que les importaba un comino la vena teológica del buen hombre. En su lugar pusieron a un dócil como Jefe de Servicio. Eran ya los tiempos en que los socialistas eran consejeros delegados de todo. Los yupis. Al parecer exclamaban esto cuando veían en su cuenta corriente el resultado de sus operaciones mercantiles con dinero ajeno. Se afiliaban, eran independientes con-pactos, eran listos y jóvenes (relativamente) y sobre todo eran callados con el mando. En la última etapa de Felipe González, procedente de la UGT, llegó a la Dirección General de Costas un tipo que sacó una Ley de Costas. No estoy seguro que fuese el motivo, pero el chalet que su padre había construido cuando era Gobernador Civil de Pontevedra en la etapa más dura del franquismo quedó sin competencia en primera linea de playa. Aquel proyecto de Ley hizo que al ser nombrado Borrell Ministro le confirmase en el cargo y le añadiese los Puertos. Para que hiciese un anteproyecto de Ley de Puertos. No cito su nombre, porque hace poco lo cesaron y no vaya a ser que lo nombren otra vez. Excepto un breve periodo en Venezuela haciendo obra pública, los últimos veinte años ha vivido del presupuesto y sin hacer oposiciones ni presentarse a elecciones. Pertenece al tipo de vasca que han convertido nuestros puertos en lugares de ocio. Ha sido presidente de un puerto, director general, secretario de estado, con el psoe y con el pp. Luca de Tena el director de un periodico que se llama "A nosa terra" me decía en su educado gallego:

-Este tipo estudió conmigo en los jesuitas, no sé como acabó Caminos: era un burro.

- Habrá espabilado, le dije, la política hace milagros.

Otro militante socialista, candidato a una alcaldía y miembro o ex- del Opus Dei fue nombrado Jefe de Costas de la provincia de Pontevedra y simultaneamente de la de Lugo, los peones tuvieron que ir a Magistatura para cobrar, pero él cobraba dietas todos los días, no se hizo rico a pesar de ello y de liquidar posteriormente una renombrada empresa de construcción.

Viendo la que se nos podía venir encima y dispuesto a pelearlo, a los tres últimos jefes de costas les había pedido informes sobre mis capacidades que incluyesen el grado de satisfacción de los clientes. Cuando me enteré del Anteproyecto de Ley de Puertos le pedí a mi polifacético Jefe el mismo informe de grado de satisfacción alcanzado. Mis servicios al Estado habían sido placenteros: "A entera satisfacción de esta Jefatura", escribió.

La Asociación-Nacional-de-Técnicos-de-Señales marítimas, que presidía un farero llamado Cernuda que en aquel momento se dedicaba con la más absoluta inocencia a pedir complementos especiales por horario nocturno había convocado su Asamblea anual. Me pareció de recibo ir allí y exponer mis temores. Una privatización encubierta, automatización de los faros habitados y contratación de empresas de servicios para las plazas ocupadas por los 325 variopintos, pues había desde Ingenieros industriales hasta medicos, pasando por marinos mercantes y economistas, las plazas de "confianza" las ocupaban por Ley los más indocumentados. Me dijeron que era un mensajero de Lorenzo Donado, entonces Jefe del Servicio, y que no querían esquiroles que fuesen a meter miedo a la Asamblea. Me puse en contacto con las centrales sindicales CCOO y UGT me dijeron que estaba defendiendo "intereses sectoriales" de los funcionarios. Solo me prometieron apoyo la CNT y el sindicato nacionalista CIG. ELA-STV dijo que ellos querían hacer país- los falangistas le llamaban hacer Patria- y que pedirían la transferencia del servicio de faros al gobierno vasco. Ya tenían transferida la linterna de los puertos de refugio. El autor del decreto había reservado al Estado la óptica (que va dentro de la linterna).

Un farero, Miguel Angel Sanchez Terry , estaba desolado por la privatización y asustado de que el Ministerio no publicase su trabajo Historia de los Faros Españoles, que le había llevado a investigar durante años en archivos de España, Cuba y Filipinas, la presentación que enlazo puede dar idea de su forma de trabajar. La publicación de los cinco tomos de la extraordinaria obra solo podía ser enfrentada por el Ministerio en un país de bañistas. Pidió entrevista con el Director General para ver si iba a seguir adelante con el proyecto, Lorenzo Donado se ofreció a acompañarle y cuando intentó acceder al despacho la secretaria se excusó diciendo que la entrevista era para Sánchez Terry. El desprecio tenía que ver, al parecer, por la certificación de unas obras no ejecutadas por orden superior para que no se perdiese el presupuesto y que supusieron que el contratista emigrase a Tailandia, con la pasta, naturalmente. ¡Tanto tiempo en carreteras y no saber hacer estas cosas! Lo único positivo para el sector marítimo español de esa época fue el trabajo de Terry y unos cuantos que se forraron para redistribuir la riqueza por el mundo. Era una época de Roldanes.

Éramos pocos fareros, diseminados por toda la geografía, pero algunos estábamos dispuestos a que un grupo de desamparados fuésemos un grano en el culo de un partido ya corrupto y de un sistema que margina a gente válida. Esta es la opinion que tengo de la situación y de algunos de los personajes con los que tuve algún trato.

En una asamblea que convocaron nuestros compañeros del Centro Técnico de Señales marítimas, se decidió que la Asociación convocase elecciones, propuse crear una candidatura con todos los sindicatos, que yo sería el Vicepresidente, con un Presidente más dialogante. Encargándome de dar caña al anteproyecto y buscar apoyo en los sectores afectados (Sector Marítimo). Para Presidente se ofreció Orlando, el farero de Tapia, militante socialista y de la UGT, que aseguró tener contactos políticos que apoyarían nuestras propuestas de modificación de la Ley. A mi en ese momento me daba igual, sabía que debíamos pelear un guerra perdida, yo no podía ser presidente porque siempre fui un indocumentado, no por que no sepa, sinó porque pierdo los papeles.

El ponente confió el Anteproyecto a un Ingeniero muy ambicioso, Mariano Navas, era el Jefe de Gabinete del Director General. Luego con el P.P. él fue director general y nombró a su antiguo Jefe Presidente de un puerto asturiano, creo que Gijón, al Presidente de la comisión de Industria que aprobó el Proyecto de Ley lo nombró presidente del Puerto de Huelva. No se pierdan ustedes el próximo capítulo: Trescientos antidisturbios para dos fareros. Continuará...