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martes, 23 de diciembre de 2008

ICONOCLASTA.

Foto de la web.

Alguno de los pocos amigos que me quedan dice que soy un iconoclasta. Mi santa que me conoce mejor dice que no soy eso, si acaso un poco plasta, pero tampoco mucho. Yo que me conozco de toda la vida creo que solo ando desfasado, pero cuando me pongo en fase soy un lince, en peligro de extinción, naturalmente. Prueba de ello es que cuando hicimos un viaje unas navidades y veía al tipo de rojo colgado de los balcones, creí que era la campaña navideña de una empresa de limpieza de cristales, que ponía a sus trabajadores vestidos de Papá Noël. Solo me dí cuenta de mi error después de ver a los trabajadores de esa empresa en Vigo, Orense y Benavente.

-Jose, estas tonto esa es la última chorrada de adornos navideños, el Papa Noël trepador.

-Ya me extrañaba a mi...

Carretera, muchas banderas españolas en todos los pueblos:

-Oye, que raro que todos los pueblos que pasamos estén en fiestas...

-Es que no te enteras, hoy se juega la final de la Copa de Europa...

-¡Ah! Ya me parecía a mi...

Y no es cierto que sea un iconoclasta, aunque todas la religiones me parezcan un fomento de la ignorancia asociado al poder que nos explota, sean cuales fueren unos y otros, el arte que han generado a lo largo de los siglos me merece un profundo respeto y genera en mi algún que otro de los sentimientos llamados nobles.

Las actitudes que mis amigos critican como iconoclastas (impropiamente) han demostrado ser un fracaso histórico, como la URSS, el capitalismo y otros grandes proyectos.

1º Compré mi primera tele en 1981 cuando vi que mi hijo al que quería evitar el bochorno de ser un esclavo del consumismo, se pasaba horas en casa de la vecina, de paso, su marido de Fuerza Nueva me lo aleccionaba en las virtudes del General. Es decir acabé comprando la tele.

2º Le regalaba juguetes y libros en cualquier momento del año, cuando me dijo que quería los Reyes, le expliqué que eso era un invento que trajeron los Austrias de Nápoles y que estaba bien que si mis padres querían hacer un regalo, pues eso, que les diese las gracias.

Mi casa debió permanecer protegida ante el peligro de que los padres de sus compañeros me pusiesen de Baltasar, o morado, no sé.

3ºNo creo en el matrimonio, pero me he casado dos veces y mi aspiración de vivir en pecado, es una entelequia, debo reconocer que estar casado tiene su morbo.


Queridos amigos:

No se preocupen de nada, mis asesores financieros y los asesores lingüisticos de la Ministra Elena Espumosa, como la llamaba el bueno de Cabello, llevan varias noches de reunión, con lo cual es casi seguro que el año que viene sea un año de prosperidad, si no es así tengan paciencia.


A Ramón, que no me besa porque tengo un virus.

A Héctor, que como hijo de familia atea y desestructurada (?) vuelve a casa por Navidad

martes, 9 de diciembre de 2008

DECORADORAS.


Es una mujer que me gusta, pertenece al grupo de gente entrañable y clara. Es bella y estilosa.

Un día me dijo quien era su marido. Desde entonces cada vez que la veo no soy capaz de ver su elegante figura, ni me impresiona la belleza de su mirada, porque me asalta el recuerdo del episodio de las decoradoras y su fiel Prudencio.

Casi todos los días al salir de trabajar en el puerto, hacía un rato de tertulia con Carlocho, un profesor de auto-escuela que murió de un ataque de risa. Dábamos un paseillo por el Náutico de Vigo y comentábamos las novedades.

El Contramaestre, mascullaba algo con su mala hostia habitual en el muelle:

-Manda carallo, ajora chamanlle decoradoras...

-¡...!

-Esta mañana vino D. Prudencio, y me dijo que hacia las tres vendrían dos decoradoras del Corte Inglés a tomar unas medidas al barco, que estaba fondeado, que las llevase a bordo y les abriese el barco, si no le daba tiempo a llegar. Vinieron dos tipas de la hostia y yo las llevé. Al poco rato llegó él, que lo trajo su mujer en el coche, se despidió y lo llevé a bordo y allá va D. Prudencio con sus decoradoras. Ahora las llaman así...

Dijo, señalando un balandro en la Ría.

Prudencio siempre será un marido fiel, las decoradoras y yo somos una tumba...