Google+ Followers

martes, 9 de diciembre de 2008

DECORADORAS.


Es una mujer que me gusta, pertenece al grupo de gente entrañable y clara. Es bella y estilosa.

Un día me dijo quien era su marido. Desde entonces cada vez que la veo no soy capaz de ver su elegante figura, ni me impresiona la belleza de su mirada, porque me asalta el recuerdo del episodio de las decoradoras y su fiel Prudencio.

Casi todos los días al salir de trabajar en el puerto, hacía un rato de tertulia con Carlocho, un profesor de auto-escuela que murió de un ataque de risa. Dábamos un paseillo por el Náutico de Vigo y comentábamos las novedades.

El Contramaestre, mascullaba algo con su mala hostia habitual en el muelle:

-Manda carallo, ajora chamanlle decoradoras...

-¡...!

-Esta mañana vino D. Prudencio, y me dijo que hacia las tres vendrían dos decoradoras del Corte Inglés a tomar unas medidas al barco, que estaba fondeado, que las llevase a bordo y les abriese el barco, si no le daba tiempo a llegar. Vinieron dos tipas de la hostia y yo las llevé. Al poco rato llegó él, que lo trajo su mujer en el coche, se despidió y lo llevé a bordo y allá va D. Prudencio con sus decoradoras. Ahora las llaman así...

Dijo, señalando un balandro en la Ría.

Prudencio siempre será un marido fiel, las decoradoras y yo somos una tumba...