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martes, 21 de agosto de 2012

LA FUNCIONARIA.

Tiene una cara simpática, las tetas grandes y está gordita. Estaba yo comprobando el número y el marcador de la oficina, cuando dijo:
-Pase por aquí señor...
Saqué los doscientos papeles que traía preparados. Mi lata de puritos, que uso para mi liberación final de la burocracia,  se deslizó fuera de la carpeta y reposó sobre el mostrador.
-Le faltan los documentos A y B. 
-Ya, pero esos mismos documentos los entregué hace cuatro meses...
-Pero para este nuevo expediente, tiene que volver a entregarlos.
Me vi buscando en el ordenador, yendo a un ciber o viajando treinta quilómetros a mi casa, imprimiéndolos y llevándolos de nuevo al día siguiente. Lo que queda en mi de funcionario (la legislación) me iluminó.
-Ya, y aquí también pasan de la Ley de Procedimiento Administrativo.
-A ver si puedo recuperarlos...
En dos minutos volvió con los documentos. Mi agradecimiento fue infinito, me ahorró un día de vida.
-Muchas gracias, ¿Quiere usted casarse conmigo?
-¡Si! Nunca me habían dicho aquí nada semejante,  además es usted fumador - dijo, señalando la caja fugitiva- y los fumadores y los gordos lo tenemos crudo ahora. De todas formas deme unos días para divorciarme de mi marido.
-No se preocupe, no se lo decimos y yo me pongo a engordar a partir de hoy.

viernes, 17 de agosto de 2012

CARTA A UN POLICIA.

Tengo algunos amigos policias, algunos otros son delicuentes. Les quiero igual, individualmente, y les acepto a pesar de su actividad. Ser delincuente es facil, la legislación es tan extensa, y a veces el legislador es tan injusto, contrario a la razón, ya sea por interés o ignorancia, pues son comprables, los grupos de presión existen y la mejor manera de que un individuo normal sea excluido de la sociedad y aislado de la población no es meterle en prisión, es darle un cargo político. Los demás somos delincuentes.
La primera noche que pasé con vosotros, como no sabíais muy bien a que ateneros, todos vuestros comentarios, actitudes y desconcierto me parecieron lo normal en un país caótico como este. 
Al día siguiente, conmigo ya destrozado por el cansancio y concentrado en no decir barbaridades a los medios que perjudicasen a  personas no responsables de la incompetencia de quienes les dirigen, no  tenía el cuerpo para observaros. Recibí algunas, pocas, amabilidades e imagino que los agentes de servicio cumplieron estrictamente sus instrucciones. Pero estoy preocupado por algunas actitudes, he conocido sociedades que funcionan y sociedades en descomposición. En treinta años de servicio público en lo más bajo de la administración he tratado siempre de obviar la burocracia, los escritos que nadie lee, servir al ciudadano que me paga, no usar enchufes, tratar de frenar la mala hostia cuando he tratado con gente impulsiva como yo, o simplemente con ciudadanos chulescos y maleducados. Otra cosa es la sumisión al poder, sean cuales sean sus decisiones.
La segunda noche me trajo vuestras conversaciones de nuevo, jocosas y netamente fascistas en el caso de un agente, que quería anunciar la vuelta de Paquiño en el Faro de Vigo, para que eso, -es decir mis noches con vosotros- se acabase. Supongo que su padre también fue guardia municipal, sabiendo el nepotismo que teneis en la plantilla es normal. Seguramente es un poco más joven que yo. Cuando él era pequeño el supuesto guardia padre cobraba mil pesetas, para llegar a fin de mes cobraba recibos y hacía retenes en el parque de bomberos, si tuvo más de tres hermanos no pudo estudiar, ese era Paquiño y su pleno empleo y la disciplina que muchos acataron. Seguí tumbado junto a mi Santa que esa noche no hubo manera de que se fuese. 
Fui a mear a vuestro urinario, el Jefe había dicho que podíamos tomar café, comprar agua o refrescos y usar vuestros retretes. Cumplisteis las órdenes con disciplina militar, el agente se ponía ostentosamente en posición de firmes cuando  yo pasaba a mear. Servir al ciudadano no es eso, es solucionar, es decidir lo mejor para la ciudad, es no firmar dobles sentidos, no hacer ordenanzas de triple interpretación, es que sus impuestos sirvan al progreso, servir al ciudadano es ser normal.  No me gustan vuestras maneras de pasarela, no me gustán vuestros uniformes de rambo, pero lo que menos me gusta es la desidia e incompetencia de la dirección política, la interferencia de los sindicatos en los ascensos, la falta de respeto a los débiles de algunos agentes y la falta de educación de los ostentosos. Sé educado, como el joven al que di las gracias, sé eficiente como el tipo de los peladillos, que mientras hablaba con su amigo no sacaba ojo de su aparato, tanto que creí que me estaba grabando, en fin: Si cumples con tu deber,  no eres macarra, chulo-putas, ostentoso, serás un buen ciudadano y por tanto un buen policía. Lamentablemente la vida es tentación. Lo público, contrato. Y si sabes lamer culos, te metes en política.

sábado, 11 de agosto de 2012

APRENDIZ DE MENDIGO EN LA POLICIA LOCAL DE VIGO (CONT.)

Se me ocurrió preguntarle al custodio de la puerta si uno de los policías que charlaban a un lado se llamaba B. Hacía veinte años que no le veía, tal vez había engordado. Me dijo un seco "No". A los cinco minutos me llamó B. Me pregunto si tenía algún amigo madero, hacía meses le habían pasado mi teléfono, pero nunca me había llamado, le dije que pocos, que prefiero delincuentes. Llegó en un coche camuflado al cabo de unos minutos. Estaba igual, no se parecía en nada al otro policía. Charlamos un rato a cubierto, me dijo que no podía hacer nada la policía, cosa que a esas alturas suponía. Contesté que mi protesta era por la ordenanza municipal, por normas que se dictan de espaldas a la realidad y a los intereses de la población, por ciertas actitudes chulescas...
La vida de mendigo, que siempre me atrajo desde la canción de Víctor Manuel, exige un duro entrenamiento, las losetas de las aceras son extremadamente duras, los focos que iluminan el aparcamiento de los guardias municipales son potentes y producen conjuntivitis, mis ya viejos huesos que resisten diez horas de albañil o doce de velear, no aguantan durante más de una hora la misma postura. 
Comí el bocata jamón que me trajo mi santa. Meé en una botella de agua que un municipal puso en una papelera, oculto por la mantita, no conviene despertar envidias entre las autoridades. Me estiré bajo el edredón. Pude ver el respingo de un agente recién incorporado cuando reparó en un cuerpo al lado de la puerta, embutido en edredón negro. Ventajas de la edad, eres casi invisible. 
Vinieron los marginales con los que tomo café, les había pedido que me trajesen tabaco, no encontraron mis latas de la Paz y me trajeron Chester. Me demostraron su cariño, que es plenamente correspondido. Uno de los chicos me dijo que podían venir los que yo quisiese, que les montaban un botellón en el aparcamiento que se iban a cagar.
Les rogué que no viniesen, que se lo agradezco igual, que solo quería llamar la atención sobre normas injustas y actuaciones absurdas, que los policías -a veces a su pesar- son curritos como nosotros con la diferencia de que nosotros no tuvimos que buscar enchufe.
Durante varios periodos escuché las conversaciones de los corrillos de policías, que pasada la indignación y/o desprecio iniciales olvidaban mi presencia y comenzaban conversaciones más o menos jocosas sobre la relación entre los ascensos y la militancia sindical, el método de acceso a la plantilla, y manifestaciones de desprecio generalizado a la clase política, no se referían al alcalde o a un concejal determinado, decían "los políticos". De vez en cuando una voz más potente les recomendaba hablar más bajo, está ahí el tío ese y desde allí se escucha todo. Desde luego, muy buena acústica la de los aparcamientos de la poli.
Próximo el amanecer, vi salir la luna sobre el edificio de enfrente, le seguía Marte y un poco más abajo a la izquierda Venus. Eché de menos las jornadas de navegación anteriores. Hacia las ocho de la mañana cambio de turno, cotilleos y el que llamaban inspector me dijo que podía usar su maquina de café y su urinario:  Hice lo último. Bebí los zumos de mi Santa, comí las últimas galletas, restos de mi viaje atlántico y los medios comenzaron a llamar. Uno me decía que con la cantidad de protestas que había por el mismo tema, podía liderar un movimiento vecinal, le dije que no era vecino que no lidero nada y quería exclusivamente que dejasen mi guarromóvil en donde lo tenía. Malas noticias de los funcionarios de la policía municipal. El escrito que me han dirigido no esta bien redactado.
-Lo redactó el Ayuntamiento, no yo.
Vienen más medios, generalmente opuestos al Gobierno Municipal. Otra vez a dejarse utilizar, sin alternativa. Los periodistas muy bien, incluso alguno comprendía mi sentido del humor. La actitud de algunos policías empezó a cambiar. A mediodía vino B. que entraba de turno, me ofreció:
-Mira que eres cabezón, ¡Sigues ahí!. Toma un peladillo...
Me cogí la entrepierna.
-¡Tengo dos!
-Estoy hablando de peladillos, no de cerezas.
(Continuará....)

jueves, 9 de agosto de 2012

DOS NOCHES CON LA POLICÍA LOCAL DE VIGO

A pesar de mis treinta y dos años y medio de funcionario, y mis siete años de Oficial de Radio en buques de diversas nacionalidades,  redactando todo tipo de documentos, sigo sin encontrar el significado correcto de los escritos oficiales. Por la mala interpretación de uno, cuando iba a meter la herramienta usada para colocar mi último retrete en el basurero móvil de mi propiedad, el coche no estaba allí. Mosqueo terrible hasta que me fijé que pegado en el suelo, un impreso rojo con su matrícula me informaba que la grúa se había llevado el trastomóvil. 
Fui a la policía municipal, les dije que en el parabrisas había un escrito de un concejal respondiendo a una queja mía que  dice: "Le trascribo literalmente la respuesta del Área de Movilidad, Transporte y Seguridad: Los vehículos destinados a obra pueden aparcar amparados por la licencia. Los residentes tienen otras zonas habilitadas. Pensé: Amparados por la licencia de obras, no pensé en la de armas ni en ninguna otra. El funcionario que me atendió en el aparcamiento me hizo acompañar de dos policías en un coche patrulla al depósito municipal a recoger esos documentos que en las fotos que le pasaron no se veían bien, cuando volvimos el agente se mostró inseguro, que si los policías no tenían por que fijarse en los papeles del parabrisas, que si no figuraba la matrícula del vehículo, que el concejal que firmaba el escrito no tenía competencias, que dejase el vehículo en el Depósito y que al día siguiente se aclararían las cosas.
-Pues mire no espero a mañana, hoy me quedo a dormir con ustedes, en su puerta.
Y allí me senté.
 Avisé a mi Santa Paciente de que no iba a dormir en casa, tuve que decirle la verdad, así que a las dos horas se presentó con una mantita, un magnífico edredón, bocatas de jamón y galletas.
Los policías jóvenes me miraban con recelo, los viejos con hostilidad:
Uno llegó a decirme: ¿Que hace aquí?,¡aquí no puede estar!.
-Estoy protestando, y si quiere que salga llame a la policía.
-Pues váyase a dormir arriba, donde están los políticos.
-Es que ellos no tienen grúa.
-Le llevo a un albergue, que no le cobran nada.
-Me queda saldo en la tarjeta para una noche en un hotel de cuatro estrellas, pero ni allí ni en el albergue puedo protestar. Siento que no les guste que esté aquí, sé que ustedes tienen problemas, que la culpa es de la dirección política y que ustedes son una especie de recaudadores.
Un policía joven intervino:
-Yo no soy recaudador de nadie, yo denuncio a quien quiero y ... ¡lo primero que tiene que tener es educación!
-Me la va a enseñar usted...
-Supongo que es usted constructor, usted es de los responsables de la situación del país, si los ciudadanos pagasen los impuestos, no estaríamos así.
-Fui una parte de mi vida funcionario, como usted, pero no tengo espíritu de cuerpo, al contrario que usted. Siempre he tratado de solucionar problemas a los ciudadanos que he servido.
-¡No se le nota!
Un policía más viejo le hizo una señal, calló y se retiró.
En el enlace de la foto, os pongo la noticia por quien me parece mejor la contó,(Continuará....)