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martes, 21 de agosto de 2012

LA FUNCIONARIA.

Tiene una cara simpática, las tetas grandes y está gordita. Estaba yo comprobando el número y el marcador de la oficina, cuando dijo:
-Pase por aquí señor...
Saqué los doscientos papeles que traía preparados. Mi lata de puritos, que uso para mi liberación final de la burocracia,  se deslizó fuera de la carpeta y reposó sobre el mostrador.
-Le faltan los documentos A y B. 
-Ya, pero esos mismos documentos los entregué hace cuatro meses...
-Pero para este nuevo expediente, tiene que volver a entregarlos.
Me vi buscando en el ordenador, yendo a un ciber o viajando treinta quilómetros a mi casa, imprimiéndolos y llevándolos de nuevo al día siguiente. Lo que queda en mi de funcionario (la legislación) me iluminó.
-Ya, y aquí también pasan de la Ley de Procedimiento Administrativo.
-A ver si puedo recuperarlos...
En dos minutos volvió con los documentos. Mi agradecimiento fue infinito, me ahorró un día de vida.
-Muchas gracias, ¿Quiere usted casarse conmigo?
-¡Si! Nunca me habían dicho aquí nada semejante,  además es usted fumador - dijo, señalando la caja fugitiva- y los fumadores y los gordos lo tenemos crudo ahora. De todas formas deme unos días para divorciarme de mi marido.
-No se preocupe, no se lo decimos y yo me pongo a engordar a partir de hoy.