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domingo, 27 de septiembre de 2009

EL FÍSICO.


Estaba en el segundo año de doctorado. Su mentor le encargaba la elaboración de "posters" y la preparación de las conferencias, en las que el grupo que investigaba el "quantum", participaba. Eso le servía para hacer el chiste fácil de que aspiraba a vivir del "cuentum".

Aquel viaje a París, sirvió al grupo para demostrar a sus colegas europeos, como se tomaban en serio lo de las partículas, una especie de naderías que "ab initio" no molestan a nadie, pero que en el futuro desentrañarán misterios como el transporte de información sin polarizar el éter, la creación de nuevos materiales o el origen del cosmos. Todo ello a través de una sucesión interminable de fórmulas que la humanidad indolente ni siquiera sospecha . El grupo pasó su ultima noche en París ensayando nuevos combinados. Dejándose llevar al hotel por una sucesión de trompicones anómalos, que a través de sucesivos ensayos terminaron "au lit" o tal vez "bed aproaches". La despedida de la ciudad luz fue tan copiosa que una densa nube se instaló en las mentes preclaras de la universidad inglesa.

En el aeropuerto las exhaustivas medidas de seguridad convirtieron al doctorando en sospechoso. Su aspecto desordenado, un poco ido, mal vestido y con una larga melena negra ligeramente enmarañada, no resultaba tranquilizador para los suspicaces gendarmes.

Pasaporte, Ah, español. (avise a Rodriguez, que hay uno que dice ser español)

-Motivo de su visita.

-Un congreso de física.

-Ah... Físico, dígame, ¿ Por que flota un barco?.

La nebulosa que se había instalado en su cabeza el día anterior, le gritaba: ¡Por el teorema de Pitágoras!

Luchaba el científico contra un infausto destino. (No puedo decir lo de Pitágoras, es el otro), pero Arquímedes no llegaba...

-Si usted pone un objeto en el agua, por ejemplo su gorra, experimenta una fuerza que le empuja hacía arriba y es igual al peso del agua que desaloja.

-No me convence su explicación .

-!!!

- ¿Tiene usted contacto con elementos químicos o nucleares susceptibles de ser utilizados para fabricar una bomba?
-Usamos pequeñas cantidades de isótopos para experiment...

Una multitud de policías rodeó al doctorando. Su maestro que vestía de traje, no había bebido la noche anterior y era un inglés de pura raza, no había perdido ripio después de haber pasado su control, vino en su auxilio. El doctorando le miró con adoración agradecida.
A Héctor Cuántico.

domingo, 20 de septiembre de 2009

LA NIGERIANA.

Imagen de Público.es

-Si, soy yo, dime...
-...
-¡Joder! y ¿no puedes esperarte hasta el lunes?
-...
-¡Vale! Voy pallá.
- Te vale a ti, quedas para cenar con el coñazo de tu madre un sábado, y ahora me dejas tirada con los niños.
-Mujer, es un buen cliente con un problema en la Jonquera. Voy a ver si puedo echarle una mano.
La llamada ficticia al móvil dio resultado. La noche es joven, sabado sabadete. Un brazo de mar, la ropa planchá, como un pincel, iba a cenar con mi madre...

Con lo de la crisis, no se hace nada, estos blancos de los camiones son unos guarros y hieden, los otros también, pero estos son peores, especialmente los de fuera... En cuanto acabe de pagar voy hacerme una casa en Apapa, bien bonita, la estoy viendo entre el Rio y la Playa. Ahmed me venderá el terreno y pondré un club, mejor un hotel... Solo me faltan tres mil dólares por pagar. Joder, la policía, seguro que nos denunciaron los del club de enfrente. Que dios quiera que no me cojan...

Que buena está la hijaputa, ucraniana o lo que sea. Como un marqués. El güisqui de los cojones es un garrafonazo, ma dejao baldao. A la parienta le digo quel cliente se puso pesao con lo de invitarme, de contento que estaba. En la siguiente avería me la tiro...¡ Hostia!, de donde sale... Coño, los mossos... Mira que es bestia, pues ha cobrado, negra y vestida de negro, ya le vale.


Joer, que gusto estar en casa, y esta durmiendo como una vacorra. Vamos a poner el larguero, ¡coño! si son las cuatro.

"En la Jonquera, una mujer nigeriana, al parecer prostituta, que se asustó por la presencia de los mossos, que investigaban un robo, cruzó la vía y fue atropellada por un vehículo que se dio a la fuga, murió en el acto".

Mira que pasarme a mi...


miércoles, 16 de septiembre de 2009

LA MINISTRA Y EL ESTADO.


En los últimos dos años hemos sufrido tres robos en casa. Somos gente confiada. Los agentes del orden de la zona, tomaban copas en el bar de la esquina, con el vehículo oficial en doble fila. Un macro cuartel de la Guardia Civil está a quinientos metros y los habitantes de un poblado gitano situado a cien metros del cuartel pasan heroína en la rotonda de abajo de mi casa. Sus potentes vehículos recogen a los clientes en una parada de autobús y los dejan allí unos minutos después. Los tres ciudadanos del este que me han robado visitan la zona en exploración cada tres o cuatro meses. Cuando los veo desde mi andamio espero que no me toque a mi esa vez. El yonki descuidero pone acento argentino cuando lo sorprendo vigilando la casa del vecino y le pregunto si necesita algo. Se olvida de mi, otro día me dijo que era topógrafo y estaba buscando emplazamientos.


Me quejé a la subdelegación del Gobierno. Sin bajarme del andamio tengo datos suficientes para ir a por ellos. Sus cientos de agentes, sus docenas de jueces, los miles de funcionarios burócratas solo consiguen, como mucho, que los ciudadanos les paguemos la desintoxicación y/o alojamiento en A Lama, prisión provincial. La Subdelegación del gobierno envió a un agente de paisano que dio unas vueltas por la zona. También lo vi desde el andamio. Contestó a mi queja con un escrito diciendo que nuestra casa está insuficientemente protegida. Si tengo que proteger mi casa que me descuenten la parte correspondiente a las fuerzas de orden público de mis impuestos. Me sale a cuenta, entre el tiempo que pierdo en poner denuncias y declarar en los juzgados, y lo que me cuestan sus burócratas, puedo defenderme yo solo.


LA MINISTRA DE DEFENSA.


Es sabido que los que más hablamos más tonterías decimos y los políticos hablan mucho, de todo. Como todos los españoles la ministra vive de espaldas al mar. La reclamación por parte de armadores de los atuneros españoles de protección frente a los piratas en el Índico, la soluciona la ministra con dos frases: 1º Que pesquen todos juntos para ponerles una fragata. 2º Que contraten seguridad privada a la que el Ministerio del Interior autorizará a llevar armas largas.


Para ese viaje no necesitan nuestros pescadores que España, ni la Unión Europea firmen ningún acuerdo de pesca internacional, ni mantener efectivos en el Indico. Es tener pasta suficiente para equipar un barco. Contratar a una compañía de mercenarios de los que nuestros próceres han pagado en Irak. O simplemente decirle a cinco de nuestros cuatro millones de parados que por tres mil euros no dejen acercarse a nadie al atunero y seguro que no se acerca. Curso de tiro por cuenta de la empresa. Para eso no se necesita al Estado. Mientras nuestras fuerzas armadas defienden intereses ajenos por todo el mundo el Estado privatiza los servicios públicos incluida la seguridad. El ministerio de asuntos exteriores puede dedicarse a convencer al Atún Presidente de que vayan todos juntos, para que no aumente el número de parados y podamos seguir equilibrando nuestra balanza de pagos con exportaciones de atún a Japón. Nuestras tropas en el exterior asegurarán que el poblado de traficantes de al lado de mi casa no se quede sin opiáceos. La Miembra del gobierno cuidará de que los vigilantes de los traficantes tengan un salario social para recargar el móvil no vaya a ser que los yonquis queden sin suministro. No suprimen funcionarios inútiles, congelan sus salarios. Mientras, la cohorte de Ministros, Secretarios, Subsecretarios, Directores Generales y sus asesores cobran dietas por asistir al trabajo. Residen en ciudades diferentes de la capital y viajan por cuenta del estado. Los españoles tenemos derecho al Nóbel de la paciencia. Hay una cierta tolerancia que raya la corrupción. No sé que es peor, un ladrón o un incompetente.


Esta es la historia de miles de personas. En mi caso duele más. Cuando me hice funcionario creía que este país podía cambiar. Los de arriba son reflejo de nosotros mismos. Para llegar a esto que proponen nuestros dirigentes, no se necesita estado ni administración pública. Pero como soy estúpido, creo en ello.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Marina mercante: M/N "Sierra Jara"

En 1972 el único teléfono que había cerca de casa era el estanco. María la estanquera me hacía el favor de recogerme los avisos. Nos casamos el 23 de septiembre. Estuvimos unos días sin salir de casa para aprender a ser un matrimonio. En octubre comuniqué a Hispano Radiomarítima mi disposición a embarcar en el supuesto de que mi esposa (17 años) con su libreta de navegación pudiese navegar conmigo.
Ningún problema. Me llamaron para embarcar en los astilleros de Euskalduna en Bilbao en el Sierra Jara. María la estanquera pasó la información rápidamente.
Al pie del portalón el Capitán y el primer oficial eran identificables por los galones. Me presenté y presenté a mi esposa, cuya mano no había sido besada y se descojonó de risa infantil cuando D. José María Berenguer Puvía, con su exquisita educación se la besó.

El "Sierra Jara" exactamente igual que el "Eolo": 125 mts. de eslora y equipos modernos para ser un barco español.
El Capitán Berenguer era un marino de probada experiencia en todos los mares. Dejó los barcos de pasaje donde era primer oficial, para ser un joven capitán en la malograda linea de Cuba, con Castro recién estrenado, que acabó en el desastre del Sierra Aranzazu, mediante una extraña acción de los servicios secretos americanos. La Marítima del Norte fué una empresa creada por la famila Sendagorta apoyada por algunos miembros del Gobierno vinculados al Opus Dei, que acaba de llegar a él. Compraron el barco que antes había sido "Manuel Campos", botado el 30 de marzo de 1968. Don Jesús Sendagorta, el Presidente de la Compañía, llamaba a sus barcos "Sierra", así pues, le cambio el nombre. Se rumoreaba en el astillero que comenzaría una huelga, la compañía urgía al Capitán que acelerase los trabajos y se saliese cuanto antes.
-Una huelga...¿ y que?, no creo que afecte a los bares.
El mensajero quedó de piedra.
En las noches de puerto, se vestía de bonito, tomaba un taxi, se iba a un cabaré, pedía una botella de champán para que su acompañante cobrase la comisión y se pasaba la noche bailando, a las tres de la madrugada llegaba puntual y sobrio. Rondaba los cincuenta cuando le conocí. Y me decía que lo más fácil y barato para bailar era el cabaré. Me imagino que las damas que lo acompañaban se sentirían como princesas, pues su trato era en extremo delicado.

Hoy me acuerdo de pocos nombres, pero si de la tripulación: 26 personas.

Cubierta: Capitán. 1er. Oficial. 2do. Oficial. 3er. Oficial . Agregado (alumno de Náutica).

Radio. El que suscribe.

Maquinas:Jefe de Máquinas. 1er. Maquinista. 2º Maquinista. 3er. Maquinista. Alumno de Máquinas (escaseaban).

Fonda: Mayordomo, Cocinero, ayudante y un camarero para los oficiales que comían en la cámara en dos turnos.

Contramaestre, tres marineros y dos mozos de cubierta. Tres engrasadores y dos limpiadores. Los alumnos y marineros compartían camarote. Los oficiales y la Maestranza ( Contramaestre, mayordomo y cocinero) tenían camarotes individuales. Había un hospital con cuatro camas , un camarote del armador y uno para el práctico.

El Capitán y el Jefe de Máquinas no tenían guardia, salvo cuando faltaba un oficial de su departamento. Los demás hacían una guardia de cuatro horas cada doce. El telegrafista tenía cuatro horas de oficina, con escucha de 8 a 12 (hora del lugar) en la frecuencia de socorro y otras cuatro horas según las necesidades de las comunicaciones. Además de reparar los equipos electrónicos del barco, recibía los partes meteorológicos y los avisos a los navegantes. Reparar los "transistores" de los tripulantes y la tele del barco daba mucho prestigio, aunque en puerto casi nadie se enteraba, en el extranjero por el idioma y en España por la marcha. De la atención médica se ocupaba el segundo oficial, con resultados dramáticos a veces, y de las nóminas y documentación el tercero. El radar solo lo podía usar el Capitán, y yo para repararlo. Tenía llave.

En el puente no se podía escuchar música, ni cantar. Cuando se gobernaba a mano el timonel debía repetir el rumbo en voz alta al ordenárselo y de nuevo al conseguirlo, además se anotaba en una pizarra. En el trópico en viajes largos había que racionar el agua, un cubo por persona, la cerveza no, afortunadamente. Los maquinistas, no sé el por que, estaban reñidos con el aire acondicionado y podía suceder que tuviésemos cuarenta grados día y noche, o estuviésemos tiritando con quince, faringitis y demás secuelas. Mi compañera y yo lo solucionábamos con estupendas siestas y unas hamacas en la toldilla alta.
 El barco según se nos informó iba a Gabón a por madera, toda la tripulación iba preparada para aguas tropicales. Con el barco de salida fuimos destinados a los Grandes Lagos con chapa de acero (?!) con escala en Montreal. Con diez grados bajo cero subimos los esclusas del Río San Lorenzo. María L. y yo fuimos a tierra y en un almacén compramos tabardos, de los que hoy llaman plumas. La mayor parte de los tripulantes no lo hicieron.
Las máquinas se limpiaban con trapos que venían en paquetes de un metro cúbico. Muchos eran ropa limpia. De allí salió el uniforme de los marineros. Las esclusas se llenan de agua con el barco dentro, que se va elevando, en aquel caso hasta siete metros para alcanzar el nivel de la esclusa siguiente. En la proa va instalada una pértiga de la que va colgado un marinero. Él es el encargado de amarrar las estachas del barco a los norays. Sube a bordo cuando el barco está desamarrado y avanza a la siguiente esclusa. Esa maniobra con siez grados bajo cero resultaba divertida. Desde el puente donde yo ayudaba con el telégrafo o el timón, además de las comunicaciones, la escena era: un tipo con un gorrito rojo de lana de los de los niños, embutido en una bata de flores de guatiné iba colgado por un cabo que salía a cuatro metros del casco en una especie de vara de acero, cuando tenía el muelle en la vertical gritaba: ¡arría!. El contramaestre soltaba el cabo desde el barco y el valinte aterrizaba en la nieve corriendo para encapillar en los norays los cabos de unos 10 cm. de mena que desde el barco le tendían, con unos trapos que envolvían sus pies y estaban amarrados con cordeles, cayendo y levantandose arrastraba como podía las gazas para amarrar el barco. La operación se repetía cada media hora