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miércoles, 16 de septiembre de 2009

LA MINISTRA Y EL ESTADO.


En los últimos dos años hemos sufrido tres robos en casa. Somos gente confiada. Los agentes del orden de la zona, tomaban copas en el bar de la esquina, con el vehículo oficial en doble fila. Un macro cuartel de la Guardia Civil está a quinientos metros y los habitantes de un poblado gitano situado a cien metros del cuartel pasan heroína en la rotonda de abajo de mi casa. Sus potentes vehículos recogen a los clientes en una parada de autobús y los dejan allí unos minutos después. Los tres ciudadanos del este que me han robado visitan la zona en exploración cada tres o cuatro meses. Cuando los veo desde mi andamio espero que no me toque a mi esa vez. El yonki descuidero pone acento argentino cuando lo sorprendo vigilando la casa del vecino y le pregunto si necesita algo. Se olvida de mi, otro día me dijo que era topógrafo y estaba buscando emplazamientos.


Me quejé a la subdelegación del Gobierno. Sin bajarme del andamio tengo datos suficientes para ir a por ellos. Sus cientos de agentes, sus docenas de jueces, los miles de funcionarios burócratas solo consiguen, como mucho, que los ciudadanos les paguemos la desintoxicación y/o alojamiento en A Lama, prisión provincial. La Subdelegación del gobierno envió a un agente de paisano que dio unas vueltas por la zona. También lo vi desde el andamio. Contestó a mi queja con un escrito diciendo que nuestra casa está insuficientemente protegida. Si tengo que proteger mi casa que me descuenten la parte correspondiente a las fuerzas de orden público de mis impuestos. Me sale a cuenta, entre el tiempo que pierdo en poner denuncias y declarar en los juzgados, y lo que me cuestan sus burócratas, puedo defenderme yo solo.


LA MINISTRA DE DEFENSA.


Es sabido que los que más hablamos más tonterías decimos y los políticos hablan mucho, de todo. Como todos los españoles la ministra vive de espaldas al mar. La reclamación por parte de armadores de los atuneros españoles de protección frente a los piratas en el Índico, la soluciona la ministra con dos frases: 1º Que pesquen todos juntos para ponerles una fragata. 2º Que contraten seguridad privada a la que el Ministerio del Interior autorizará a llevar armas largas.


Para ese viaje no necesitan nuestros pescadores que España, ni la Unión Europea firmen ningún acuerdo de pesca internacional, ni mantener efectivos en el Indico. Es tener pasta suficiente para equipar un barco. Contratar a una compañía de mercenarios de los que nuestros próceres han pagado en Irak. O simplemente decirle a cinco de nuestros cuatro millones de parados que por tres mil euros no dejen acercarse a nadie al atunero y seguro que no se acerca. Curso de tiro por cuenta de la empresa. Para eso no se necesita al Estado. Mientras nuestras fuerzas armadas defienden intereses ajenos por todo el mundo el Estado privatiza los servicios públicos incluida la seguridad. El ministerio de asuntos exteriores puede dedicarse a convencer al Atún Presidente de que vayan todos juntos, para que no aumente el número de parados y podamos seguir equilibrando nuestra balanza de pagos con exportaciones de atún a Japón. Nuestras tropas en el exterior asegurarán que el poblado de traficantes de al lado de mi casa no se quede sin opiáceos. La Miembra del gobierno cuidará de que los vigilantes de los traficantes tengan un salario social para recargar el móvil no vaya a ser que los yonquis queden sin suministro. No suprimen funcionarios inútiles, congelan sus salarios. Mientras, la cohorte de Ministros, Secretarios, Subsecretarios, Directores Generales y sus asesores cobran dietas por asistir al trabajo. Residen en ciudades diferentes de la capital y viajan por cuenta del estado. Los españoles tenemos derecho al Nóbel de la paciencia. Hay una cierta tolerancia que raya la corrupción. No sé que es peor, un ladrón o un incompetente.


Esta es la historia de miles de personas. En mi caso duele más. Cuando me hice funcionario creía que este país podía cambiar. Los de arriba son reflejo de nosotros mismos. Para llegar a esto que proponen nuestros dirigentes, no se necesita estado ni administración pública. Pero como soy estúpido, creo en ello.