martes, 18 de diciembre de 2018

El esperanto y otras lenguas.




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Foto: todocoleccion.es

Cuando era joven, en el pleistoceno, encontré en el Rastro de Madrid a un viejo anarquista que me explicó las ventajas del Esperanto. Me gustó la idea. Más tarde en Valencia conocí a unos joseantonianos hedillistas, de entre ellos dos de los que me parecían más instruidos también consideraban el Esperanto una lengua de expansión del nacional- sindicalismo.
El Director de la Escuela de la Sección Naval de Juventudes donde hice primer curso, cuando se lo expliqué me dijo que no se podía confundir el anarcosindicalismo con el nacional-sindicalismo. Ni mencionó el Esperanto.
En medio de esta confusión dediqué mis esfuerzos al inglés, con el tocadiscos de la Biblioteca Pública de Pontevedra y los discos de la BBC que me prestaban, aprendí de memoria el "Calling all beginners" "Getting on in English" y "Seafearing in English".
En el bachillerato había aprendido francés (Gracias D. Antonio Lino), en la calle gallego y castellano. Fue así como me convertí en políglota, pero a pesar de los esfuerzos de algunas amistades nunca conseguí abandonar mi acento pescadero.
Mi actividad profesional con tipos variados de viajes, capitanes, autoridades y tripulaciones me convenció de la utilidad del bilinguismo como apertura de mente para aprender otros idiomas con la  ayuda de buenos libros y amistades.
Pertenezco a una de las muchas generaciones de gallegos que manteniendo el idioma en base a la transmisión oral lo usan como lengua habitual. Obviamente hasta Rosalia y en el siglo XX la generación Nos, nadie escribía en galego desde Alfonso X, simplemente porque más del ochenta por ciento de la población no sabía leer ni escribir. La represión brutal de las dictaduras, la Iglesia y la presión de la sociedad burguesa y su ostentosa apariencia no pudieron con la lengua del pueblo.
El gallego incorporó  vocablos árabes, normandos, latinos, perdió cosas y ganó otras. La expansión hacia el sur propagó la lengua por el reino hasta oporto y  León. Cuando Enrique de Borgoña y Teresa de León decidieron dejar de pagar impuestos a la corona nació otra bella lengua con muchas cosas gallegas en el "Portus Gaelicus".
Pero un nuevo Esperanto ha llegado para sumarse a los anglicismos que la dominación americana en el mundo de los negocios está dejando a su paso por aquí. Todos los ignorantes que pueblan las innumerables cátedras de nuestras universidades, tienen "know how", "leadership capatacities" montan mediante un "crowd founding" un "think tank" para poder pagarle a un "coach". Son los mismos que no ven sinó "visualizan", no dicen pero  "verbalizan".
Conozco algunos escritores en gallego, magníficos, cuyo lenguaje entenderían mis abuelos que no sabían escribir, y  se entusiasmarían si alguien pudiese leérselos. Pero ya he visto una publicación en un lamentable "galego-luso" que no tiene nada que ver con las variantes de mi lengua materna que he conocido. Solo supe de estas expresiones cuando las vi en algunas pintadas de confortables revolucionarios en los diez últimos años. Para decir "las víctimas en la represión" uno de estos creadores de lengua escribe: "Os vitimários na repressom". En mi gallego sería "As vítimas na represión", en portugués "As vítimas na repressâo", pero no le llegan al intelectual las diferencias.
Aquellos incapaces de generar hechos son proclives a crear palabras. Es la forma de vida y la historia de las tribus la que genera sus lenguas. Lo demás son modas someras.
Todo se podría decir y calcular con lenguaje binario, 01110001000011100011110010001000101010 que en luso-galaico significa "Nom a accupassòm". Reconozco que el binario me lo inventé. Debo partir leña y no me da tiempo.      














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