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viernes, 3 de octubre de 2008

NENETA HERRERO. María Soliña en la India.


Estaba en lo de contar nubes en el aeropuerto e interrumpí la labor para desayunar en la cafetería. Delante de mi, en la cola del autoservicio estaba Santa Teresa de Calcuta, su cuerpo vital y menudo me resultaba conocido desde treinta años atrás. Nos vemos una vez cada dos años en alguna exposición, celebración o evento. Nos saludamos sin grandes aspavientos, pues somos parte del paisaje familiar.
Neneta es una mujer normal, empleada de una caja de ahorros, crió a sus hijos, construyó su casa, amó y desamó.
La conozco desde 1980 y vivió con Herminio Viana y conmigo - y otros que no tengo permiso para mencionar- la aventura del velero Risor en 1985 . Desde entonces para mi no necesita demostrar nada.

En 1984 su hermana Olga fue a la India y volvió deshidratada, con disentería y con una nueva visión del mundo, un cuelgue existencial y un próspero negocio de artículos orientales. Neneta quiso conocer aquello, hizo varios viajes, en uno de ellos llegó allí coincidiendo con un ciclón en 1999.




Esa coincidencia ha sido la salvación para miles de personas. Todos sus amigos y conocidos desde entonces somos llamados al apoyo solidario. Construyó una escuela decente terminada en 2005, contrató maestros, los paga mejor que el gobierno, viste, compra libros, alimenta y educa a trescientos niños en Pubei, en Orissa, La India.

La condición preferente es ser pobre. La escuela la dirige un colaborador local al que mueven los mismos intereses, ayudar, hacer progresar a la gente del país a la que el gobierno no llega. Las niñas van también a la escuela, lo cual ha sido un logro extraordinario, convencer a jefes tribales que no tienen fe en la educación de que prescindan del trabajo de sus hijas en casa. Llevar ropa de España y vestirlos para que nadie se sienta más pobre. Dar alegría al paisaje que la miseria hace triste. Dar esperanza. Determinación y carácter.

Aquí podeis ver más.

http://shangaindia.org/


La escuela se llama MARIA SOLIÑA, personaje histórico de Cangas do Morrazo, represaliada por la Inquisición, después de que enloqueciese al perder a su marido y un hijo en un ataque de piratas berberiscos a la villa.