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miércoles, 2 de junio de 2010

EROS.


El espacio bajo la bañera de un balandro, donde va instalado el motor, es pequeño, oscuro e incomodo. Meterme en él hace que me duelan las articulaciones, que tenga la sensación de no ser capaz de salir entero y tema la eventualidad de tener que llamar a alguien para que saquen el tronco y las extremidades por separado.

Alex es un buzo de 1.95 m. que me honra con su amistad. Vino a visitarme hace dos días, mientras intentaba el chapuzas que suscribe instalar por segunda vez los cables del telemando del puto motor. Asomó la cabeza por el agujero y dijo: "buenos días".

Salí con mucho trabajo y dolor de mi incómoda postura, llave fija en mano.

Venía acompañado de un chico joven, que le asignaron en la empresa, al que mostraba las particularidades de su oficio.

-Encantado, me llamo José Antonio, ¿y tú?.

- Eros, me llamo Eros.

-Tu padre es un campeón, con un par, si señor...

- Mi padre es italiano, y lo del nombre fue idea de mi madre...

-Es un nombre con contenido. Te hincharás a follar...

- Aquí no hay queja... En Suiza donde me crié no te comías nada, en mi clase éramos tres o cuatro con el nombrecito.

-¡No jodas!... Bueno, encantado. Me lleváis de copas un día y las pago yo, que quiero ver como reaccionan cuando les dices el nombre.

Volví a meterme en el agujero y mientras pasaba cables y apretaba tornillos pensaba en la cultura de un país como Suiza, que la gente del pueblo, emigrantes gallegos incluidos, le pone a sus hijos nombres de dioses clásicos. Tuve un sentimiento de envidia...

Le conté a mi Santa a la hora de comer...

-Jose, eres tonto, que dios del amor ni nada, Eros Ramazzotti (creo que me dijo) era un cantante de moda hace veinte años...

-ah!!!

De todas formas el esfuerzo de salir del agujero me dejó buen recuerdo.