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domingo, 15 de septiembre de 2013

PREHISTÓRICOS DEL FUTURO.

Hace una semana fui a una visita de la Asociación de amigos del  Museo Arqueológico de A Coruña a enclaves pre-romanos de la zona donde habito. 
Fui un niño de aldea, nos faltaban tantas cosas que la vida de los prehistóricos era la nuestra. Uno de mis amigos cuando instalaron la radio en su casa me explicó que había unos hombrecillos dentro, hablando y tocando. Yo estaba más preparado, creía que la voz y la música venía por los cables de la luz. Intenté comunicarme con ellos a través del enchufe de la radio. Les expliqué que era un niño que vivía en una aldea y quería hablar por Radio París. Tuve suerte, conservo la lengua y ni siquiera es bífida. Quince años más tarde descubrí las ondas hertzianas y nunca las abandoné, hasta viví de ellas.
Tal vez esta infancia carente de todo, en una Galicia suburbial que podría ser profunda, marcaron mi aprecio por las cosas, creo que tengo demasiadas y no tiro ninguna.
 El garaje esta lleno, es nuevo y está lleno de cosas. Restos de pintura. Pedazos de metal  de construcción,  inventos que tuvieron diverso final. Chapas, aislantes, canoas, remos, salvavidas, defensas del barco que ensucian el casco, televisores viejos, aspiradores, un retrete roto....
Tengo mucha madera que acumular para próximos inviernos, debo ponerla a cubierto, que seque, ¡que mejor sitio que las paredes de un garaje!. 
El viejo garaje de mi padre puede recibir esos materiales que no quiero tirar, por si me valen para otra cosa. Entonces viene la arqueología.
Pienso en una glaciación, su deshielo es tan potente que lo arrasa todo. Ya acabé la leña, los techos se han hundido y me he muerto de frío. Los míos vuelven a África y el deshielo lo arrasa todo. Por la ladera 
donde vivo circulan piedras, arenas y materia orgánica que baja hacia la ría. La Ría de Pontevedra ha vuelto a ser un lago de fango, y en las estructuras arrasadas se depositan todo tipo de arenas, las más gruesas al fondo
 Tres mil años más tarde los arqueólogos de Villavenancia descubren el garaje de mi padre. Excavan y encuentran trozos de red de plástico, restos de una tomatera que eran un proyecto de hamaca. Poliester que no llegué a usar, remos, una máquina de picar carne para hacer chorizos, restos de cerámica para baños y cocinas, una salamandra y sus tubos de salida, ladrillos refractarios de una forja que funcionaba con compresor, hierros que no forjé. Un colchón de muelles que espera que lo queme para aprovechar los muelles. Cañas de bambú para sujetar los tomates, el armario del ajuar de mi madre, una máquina de cortar azulejo, hachas, azadas y martillos sin mango. Hachas, azadas y martillos con mango.
Los arqueólogos están fascinados. Han encontrado su primer asentamiento industrial. 
-"Eran personas muy industriosas, vivían y trabajaban en el mismo espacio, el paleo-suelo esta lleno de restos cerámicos y metálicos. Son similares a los encontrados en las afueras de una ciudad oriental que los nativos llaman Changai. Seguramente esta era una colonia oriental, los restos de nudos de bambú lo prueban."