
Me dijeron que estas notas son necesarias para existir, que si no tienes un blog no existes, y hacia el final del camino es necesario dejar marcas, aunque solo sirven para verlas cuando miramos atrás. Tengo una vida divertida y quiero escribir estas notas para compartir las burradas que se me ocurren con mis pocos amigos. Aunque no hay como la tertulia. Foto: Encarna Muiño.
martes, 18 de agosto de 2009
Elogio de la soledad.

martes, 31 de marzo de 2009
Ermelinda Pereira Saramago. Vieira de Leiria.

Praia do Pedrogâo. En la web de moteros.
El "Tabeirón" el día que lo vendí a los dos que van de pié.Joshua Slocum en "Abordo del Spray" describía un sistema de piloto automático hecho con cabos. Me dejaba tiempo para hacer la comida, y si los vientos eran constantes dar una cabezada. Héctor y yo recorrimos las rías. Como el motor no funcionaba nunca, solo en el bidón, a veces quedábamos a merced de las mareas, tanto como para tardar veinticuatro horas en llegar de Vigo a Cíes.
Salimos de Vigo el primero de setiembre de 1984 un Pontevedriano, una vasca, mi hijo Héctor y yo. El primer puerto de escala sería Viana do Castelo. Pasado el puerto de A Guarda, separando nuestra ruta de la costa unas ocho millas, hicimos el cambio de guardia y tomó el timón E.P. (el pontevedriano). Me dormí inmediatamente y cuando desperté, estábamos en medio de las rocas al pie del acantilado de Montedor, justo bajo el faro. El barco no había tocado y con el viento en contra salimos por el unico sitio posible, por donde entramos con viento de popa salimos dando bordadas. Por suerte el viento era flojo y la mar llana. La situación debió de parecerles curiosa a los primeros bañistas de la playa. Desde el faro llamaron al Servicio Salvavidas y cuando estabamos a unas dos millas de la entrada del puerto salía el barco de salvamento. Les hice señas y les pregunté si iban a buscar un velero en las piedras de Montedor, me dijeron que sí. Les dije que éramos nosotros y se pusieron muy contentos. Nos remolcaron hasta el atraque. Y esa noche vinieron a buscarnos para cenar con ellos.
Esa era la época en que estaba yo más en contra del capitalismo, no llevaba radio a bordo, no usaba tarjeta de crédito (no tenía crédito) y llevaba lo estrictamente reglamentario: Rol, libro de Faros, una campana, bengalas, un remo, cartas y salvavidas (con silbato). Por otra parte, no tenía dinero para más.
Al llegar a Viana fuimos a comer al Restaurante O Tunel. Terminada la comida pregunté a E.P. por que había metido el barco en las piedras y no había seguido el rumbo marcado en la carta. "Pensé que..." Le dije que tenía que dejar la expedición. Lo aceptó y se puso a pensar en escribir sobre su experiencia marítima, según dijo. Le pregunté a Amaya si quería seguir o quedarse en tierra, supongo que como estaba un poquito liada conmigo, y aún le quedaban quince días de vacaciones, decidió seguir. A Héctor le impuse mi "Pater Autoritas" y siguió viaje. La siguiente escala en Oporto, donde entramos hasta el Cais da Ribeira, bajo el puente de hierro, aprovechando la marea entrante. Muchas fiestas. Desde Oporto navegamos a Aveiro y allí se desembarcó Amaya. Le llavamos por los canales hasta la estación del tren. La despedida fué para siempre. Allí nos quedamos sin dinero. Hice gestiones con los bancos pero entonces era más complicado que ahora. Llamé a María Carballo, una buena amiga, con la pretensión de que me hiciese un giro desde Valença do Minho. Se ofreció a venir y hacer una parte del viaje con nosotros. Para ella fue una tortura pues se marea como un pulpo en un garaje. Nunca se lo agradeceré bastante.
Salimos de Aveiro con intención de llegar a Lisboa, a unas quince millas al sur de Figueira da Foz el viento se quedó. Estábamos navegando con el piloto automático del Capitán Slocum, mejorado con unas gomas de mi invención. Dormí como una piedra y cuando desperté pasada una hora, el barco estaba enmedio de una rompiente horrorosa frente a la Praia do Pedrogâo, tan larga que se pierde la vista. Está frente a las Matas de D. Denís, un pinar donde durante siglos Portugal sacó madera para sus navíos. Feligresía de Vieira de Leiría. Estabamos a media milla de la orilla. Ni siquiera intenté sacar el barco de la rompiente. Pegué un grito en la cabina para que se pusiesen los chalecos y cerrasen las escotillas, pues la rompiente ya entraba a bordo. Abrí lo que pude la mayor y el foque y el barco ya medio inundado fué arrastando un ancla que dejé por la popa hasta dar con su orza en la arena. Cuando la ola se retiró, salí con el niño en brazos y María, aterrorizada pero valiente, corría a nuestro lado. Cuando estuvieron a salvo, metí nuestras escasas pertenencias en sacos de velas y fondeé otra ancla lo mas lejos que pude por la popa. Mandé a María y Héctor que fuesen en dirección al sol y que un kilómetro tierra a dentro encontrarían una carretera. Error, la carretera pasa a siete kilómetros. Hubo suerte y al pié de un regato encontraron una señora, que según supimos luego pertenecía a una familia de campistas. Nos explicaron que a seis kilómetros había un pueblo, Pedrogâo, que en media hora vendría uno de los hombres con una moto y con la misma maréa daría aviso. Con la siguiente pleamar y la mar en calma intenté sacar el barco con anclas lo suficientemente alejadas, inutil.
Un vendedor de automóviles, el señor Víctor Pedrossa, nos tomó bajo su protección , nos alojó, transportó en una especie de "quad" de tres ruedas nuestros enseres, endulzó nuestras ropas, las velas en la cancha de tenis para que perdiesen la arena, contrató un tractor para que transportase la orza del barco, que los vecinos me ayudaron a retirar, hasta el pueblo. La Policía Marítima a traves del Cabo de Mar Sr. Souza, me prestó un fusil lanzacabos, buscaron un pesquero que tirase de un remolque de 1.500 metros que previamente más de cincuenta personas arrastraron hasta la playa halando la guía que el pesquero había lanzado. La marejada movía a los vecinos como si fuesen la cola de un cometa. Cuando el cabo estuvo encapillado en la cornamusa y a traves de la escotilla un retén lo aseguraba al pie de rey bajo cubierta, el barco rodó sobre roletes, entró en la rompiente donde yo traté de mantenerlo proa a la mar con un remo (el remo) haciendo de timón, el cual había perdido en la embarrancada. Después de dos pantocazos horrorosos, el barco salió de la rompiente. En aquel momento la bruma se abrió y por el agujero ví muy cerca a las personas que tanto me habían ayudado. Les mandé un beso y fui remolcado ya fuera de la rompiente por el pesquero, que dos horas mas tarde metía al Tabeirón en el puerto de Figueira da Foz, en un astillero de madera, "Estaleiro Virxilio Afonso". Cuando entrábamos en Figueira unos cuarenta vehículos estaban estacionados en el dique de abrigo. Hicieron sonar el claxon. Eran los vecinos de Vieira de Leiría y Praia do Pedrogâo que nos estaban esperando. Todas las emociones acumuladas me salieron por los ojos, lloré.
Ermelinda "Castanha" fué la persona que en aquel rincón María y Héctor se encontraron. Su familia entera y numerosos vecinos se deslomaron con mi barco. Cuando volví al pueblo, recibido como si el héroe fuese yo, me contaron que un mástil que apenas salía de la arena era lo que quedaba de un matrimonio francés y su hijita hacía unos meses. La familia de Ermelínda, sus consuegros Antonio y Graciette, y otras veinte personas esperaban con una comida al día siguiente. Ermelinda hizo un poema, algunos de cuyos versos no voy a incluir pues aún hoy me dejan azorado:
El barco en el "Estaleiro Virgilio Afonso" esperando por su orza.A voçe dedico hoje, Ermelinda , estas lembranças.
miércoles, 8 de octubre de 2008
LA AVENTURA DEL RISOR. Versión íntegra.
En el bauprés, con sombrero el que suscribe, detrás Joaquín el dueño de Feliciano, en popa D. Herminio Viana Conde.FRED Y MAY BESSANT.
Me dijo la viuda que iba a arreglar lo de la herencia en Inglaterra, llevar a Fred al crematorio, echar sus cenizas al mar en el Canal de la Mancha y vender el barco. Y si yo podía llevar el barco a Inglaterra. Le dije que primero llevaríamos el barco a Vigo, repararíamos el casco, el motor y el aparejo y cuando estuviese listo, en el Canal de la Mancha tiraríamos a Fred al mar.
-¿Y vuestros hijos no os ayudan?
-El barco no puedo sacarlo de Lisboa, pues aun no recibí los papeles de la herencia en el consulado.
Alfonso Santamaría llevando la guardia de timón.
Opté por no decirle a los señores, que el motor estaba gripado, las bengalas caducadas y las velas podridas. Igual se hacían los eficientes y nos salvaban la vida parando el barco.
Al cubrir los datos del barco, preguntaron quien era el Capitán. Deferentemente señalé a Herminio. Muy serio dijo:
-Si, Capitán jubilado, pero el capitán del Risor es este caballero de la barba.
Cuando se fueron las autoridades pregunté, inocentemente, por qué no quería comandarnos.
- José Antonio, parece mentira. Esto está hundiendose y yo tengo patrimonio, y respondo con todos mis bienes de los daños que ocasione un naufragio, el barco no tiene seguro, y morirse está bien; pero arruinarse... eso si que no.
Mientras un carpintero hizo la boca de la cangreja rota, repusimos los cabos que nos robaron al dejar el ancla amarrada a un salvavidas, preparamos dos anclas más (Fred recogía todo lo que le daban), remendamos algunas velas. Como May Bessant no tenía dinero, Herminio y yo pagamos la reparación en espera de tiempos mejores.

Nuestra armadora quiso quedarse viviendo a bordo, para proteger sus posesiones, a pesar de tener que trepar tres metros por una escala y tener que desplazarse cien metros por el varadero para ir al baño. Siempre achaqué esta decisión a la proximidad de un bar y una cantina. La encomendamos a los operarios del astillero y partimos a nuestros respectivos trabajos.
Diez días más tarde May me llamó: "The ship is ready to sail". Llamé a la tripulación, todos pidieron días y repetimos, excepto A. que nos desplazó con mi coche. Me encontré con la desagradable sorpresa de que no había sido cambiado ni un solo cable de la jarcia firme, el barco había sido pintado, la cubierta con un rojo horroroso de clorocaucho y el motor estaba en buen estado según el Sr. Cunhado. Pagamos, le pedí un recibo y salimos.
El viento era duro de noroeste y estuvimos dando bordadas sin avanzar ni una milla durante cuatro horas. May se iba arrancando pelos mientras rezaba y lloraba. El viento iba a más y al virar, el mastelero, que era añadido al palo en diente de sierra, se vino abajo justo por encima de los obenques que servían de escala. Se fue al mar con toda la jarcia. Lo recuperamos rapidamente, Alfonso se hirió seriamente la mano. Arranqué el motor, pero no daba avante y perdía compresión a ojos vista. Como no teníamos radio hicimos señales a un pesquero para que nos metiese al astillero. El buen hombre nos remolcó, no quiso cobrar nada y empecé mi discusión con el Cunhado. Quise saber quien había revisado el motor y la jarcia, no me lo supo decir. Le llamé asesino y amenacé con dar parte a las autoridades.
Herminio y yo decidimos quedarnos, enviar a May y a la tripulación a casa, comprobar las reparaciones y llamar a Joaquín que viniese para echar una mano en la navegación. May quedó en mi casa de Cabo Estay a cargo de A. y de la señora que nos atendía, mientras jugaba al Monopoly con Héctor, mi hijo de diez años.
Vino un mecánico que cambió la junta del motor, reparó la bomba de refregeración y el viejo Perkins de 40 H.P. de los Bomberos de Plymouth, volvió a empujar el hermoso casco medio desarbolado. O Sr. Cunhado, para compensarnos nos cedió un trozo de mastil de un velero grande de pino oregón que pudimos montar en la cangreja como botavara, con la esperanza de que el "Risor" volviese a navegar ceñido al viento. Reforzamos Joaquín y yo la jarcia con los materiales que pudimos encontrar y colocamos un aparejo capaz de levantar la percha de la cangreja. Salimos un viernes despues de una semana de trabajos. Tuvimos suerte con el viento y el barco navego bien a unos cinco nudos. Al amanecer del lunes entramos en la Ría de Vigo. May nos vió entrar y llamó a A. que para avisarla. Cuando atracamos en el Liceo de Bouzas, estaban esperándonos.
May seguía empecinada en llevar el barco a Inglaterra y tirar a Fred al mar desde él. Era lo que más se parecía a un entierro vikingo, y venderlo por algo de dinero para comprar una caravana. Me habló de que un notable inglés John Hair, quería comprar el barco. El Sr. Antonio dueño del Restaurante del Cabedelo, donde comíamos en Figueira, le había ofrecido un millón de escudos, unas cuatro mil libras y May consideró la oferta ofensiva.
John Hair iba retrasando su visita, porque estaba en USA, porque estaba esperando la cita para ser recibido por su majestad la Reina, o porque su Jet estaba averiado. Al fín apareció, un patán maleducado que llamandose Hair era absolutamente calvo, como se demostró cuando un accidente a bordo le despojó de su rubio peluquín. Antes de irse le dijo a May que le ofertaba dos mil libras. May tenía todas sus esperanzas puestas en el "gentle man", todo menos gentil, así que me estuvo llorando dos días. Le dije que no se preocupase que Hairless había muchos, eso sí, no eran amigos de Su Majestad. A. se mudó a mi casa, como May no la podía ver me dijo si podía encontrar a alguien que le hiciese compañía que deseaba mudarse al barco. Joaquín y otro de los ayudantes de los Faros se ofrecieron, están colgados de los barcos desde siempre.
Perfecto Marcos, un joyero de Vigo, organizaba un torneo de vela que consistía en ir de Bouzas a las Islas Cíes donde tenía una casa, en cualquier cosa que navegase a vela. El premio para el primero era tirarlo al mar y los trofeos se sorteban, llevamos el Risor y además de May, vino Herminio, A. y Joaquín. Herminio cuando se enteró de la propuesta de compra de John Hair dijo con sorna:
-"¡Y el honrado millón de escudos del Sr. Antonio le pareció ofensivo, pero claro, ¡Es portugues! ".
Despues de comer en Cíes, May me pidió que la llevase en el chinchorro a un barco que le parecía inglés. Lo hice.
Lo ocupaban una pareja joven y un amigo. Nos invitaron a un té. May exouso el motivo de su visita:
-¿no tendrán ustedes una bandera británica de repuesto?, la mía no está presentable, pero aunque en este momento tengamos una tripulación española, somos un barco inglés.
El patrón respondió:
-Lamento decirle señora, que la única bandera británica que llevamos es esa (10 cm) que llevamos pintada por imperativo legal, somos de la isla de Jersey y no nos gusta ninguna bandera, pero la inglesa la que menos.
-ah! son ustedes de estos, muchas gracias por su té y su tiempo.
La seguí descojonándome de risa.
-May nosotros no somos tu tripulación, somos tus amigos, hemos pagado tus gastos hasta el momento, trjimos tu barco con grave riesgo, como puedes despacharnos con el primer británico que encuentras poco menos como criados. Me alegro de la respuesta del conde de Jersey.
Efectivamente llevaba una bandera enorme de Jersey en el palo.
-Pero, ¿ era "realmente" el conde?.
Naturalmente, ¿no ves su enseña?.
¡...!
LA ULTIMA CARTA DE MAY.
May pudo vender el barco a los noruegos, no recuerdo exactamente en cuanto, pero nos pagó lo que Herminio y yo le habíamos adelantado para las reparaciones.
Nos fuimos de vacaciones, debía recoger a mi hijo en Palma y hacer una excursión a Italia que acabó en Monte Perdido. Fuimos a despedirnos de May que ya tenía una tripulación de experimentados capitanes de una sociedad de barcos históricos de Plymouth. Llevarían el barco hasta allí, tirarían a Fred al mar y los noruegos, a quienes había contactado la Sociedad, se encargarían del transporte a Risor, donde nació en barco setenta años antes.
Tres meses más tarde, recibí carta de May:
Plymouth19/12/85
Querido José Antonio:
Te escribo para contarte lo que parece ser el fin de mis preocupaciones. Después de dejar el "Risor II" en manos de los expertos de la Sociedad de Barcos Históricos al día siguiente de irte tú, volví a Inglaterra en avión como sabes. El Capitán y su tripulación , después de un mes de navegación, llegaron hasta (so far as) Villagarcía de Arosa.
Así que tuve que volverme para vigilar el barco hasta que un mercante noruego lo transportó en cubierta. No quise llamarte por no añadir una carga más a tu complicada vida. Perdona por no haberlo hecho. Quiero agradecerte todo lo que tú y tus amigos hicisteis por el barco y por mi. Nadie haría tanto. Te mando una foto de mi nuevo barco. Te deseo lo mejor y deseo que seas feliz con A.
Besos,
May.
May Bessant en su nuevo "Barco"


El RS Risor II en la actualidad, restaurado por una Fundación de la ciudad donde fue construido. Funciona como escuela de Vela.
Las actuales son de los noruegos de http://www.risor2.no/