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martes, 18 de agosto de 2009

Elogio de la soledad.



Discípulo de los filósofos modernos, cuyo nombre desconozco, practico la albañilería en solitario. Antes practiqué la navegación, la señalización marítima, y la meteorología. En todo ello alcancé notorias cotas de fracaso.

Fui recogido en alta mar por un pesquero de A Guarda "Carmen Pilar", practicando la soledad en mi chalana "Antares" desarbolada. En el Tabeiron, mi segundo balandro, me pilló el ciclón Hortensia por no mirar el parte meteorológico antes de salir de Leixoes para Vigo.

En los faros disfruté de tiempo de lectura, meditación y paseos por las rocas, que permiten la observación de muchos honestos seres vivos. Los controles nocturnos de los faros automáticos siempre me dieron la seguridad de que estaba o no cumpliendo con mi deber. Cuando uno cumple todo funciona. Podría decir que fue una soledad productiva.

Hoy navego poco, ya no señalo casi nada y de la meteorología puedo decir que la última vez que le dije a un amigo, que pretendía celebrar una fiesta campestre, que podría haber alguna tormentilla de verano aislada, sus invitados fueron apedreados por la granizada del siglo, con piedras de granizo del tamaño de un puño.

La albañilería es por definición constructiva, deja espacio para la investigación tanto de lo estrictamente científico, como de los fenómenos paranormales (¿por que después de poner el nivel aparece la superficie inclinada?, ¿por que todas las plomadas no se dirigen al centro de la tierra?, etc.) Además, como es un trabajo mecánico favorece la ensoñación y el recuerdo. No comporta excesivos riesgos, solo el económico debido al aumento de márgenes de los almacenistas de materiales.

El albañil solitario no puede trasladar su mala hostia, debe asumir sus propios fracasos. Medita, por tanto, sus causas. Trabaja cuando le apetece, pero se disciplina porque su única satisfacción es la obra acabada, a la que siempre ve defectos, pues los hizo él.

Lamentablemente no es una actividad rentable, pues la gente está acostumbrada a contratar el fracaso en equipo.