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miércoles, 11 de febrero de 2009

ARCHIVOS DEL FARO DE CABO SILLEIRO. Desmitificando un oficio.

Foto : Un interesantisimo blog náutico.
http://nautijorge.blogspot.com

El Ministerio de Obras Públicas, terminados tres meses de prácticas en Madrid, en el Centro Técnico de Señales Marítimas, destinó a los veintidós integrantes de aquella oposición de Fareros a otras tantas señales repartidas por los ocho mil quilómetros de costa. Muchos no nos hemos vuelto a ver. Quien esto escribe fue destinado al Faro de Silleiro, donde estaban otros tres Torreros. Al estar dos de vacaciones, Antonio Castaño fue enviado como suplente, y yo recién estrenado empecé a hacer turnos. Trabajábamos un día de 24 horas cada tres jornadas, pues la zona es frecuentada por bancos de niebla estivales que solo afectan a la señal, se formaban a cualquier hora y solo entorno al faro. Había una señal de radio y una bocina acústica que daba tres pitidos cada dos minutos, para incordiar a los turistas. Los pescadores franceses le llaman la vaca.

Como las noches eran largas me dediqué al instructivo arte de la lectura de archivos. Mucha paja, "por la presente acuso recibo de doscientos folios timbrados con el anagrama del ministerio". "En el día de hoy se han recibido en esta señal tres mil litros de aceite de parafina ".

Pero hubo un periodo hacia 1890 en que el archivo era menos formal.

Los faros dependían del Ingeniero Jefe de la Demarcación de Obras Públicas. Eran Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, ya la denominación tiene tela y los fareros eran como el mundo, había de todo. En mi época los había que se bebían el gasóleo de los generadores y los había que se hacían dos carreras en la sala de servicio a curso por año. Yo pertenezco al grupo uno.

Pero había una variedad especial: Los busca-pleitos. No bebían ni estudiaban, ejercían el sagrado ministerio ocupando su tiempo y su inteligencia en buscar normas escritas o no, que incordiasen al compañero, rara vez al superior. Uno de estos llegó a decir que no le importaría que le dejasen tuerto si a su compañero en el Servicio le dejaban ciego. En el Reglamento e instrucciones de servicio estaba claro que cualquier material fungible o inventariable debería de servirse acompañado de un "oficio" de remisión, especificando cantidades, al cual el receptor debería acusar recibo. De esta correspondencia había ejemplos sabrosos. Mi habitual desorden me impidió conservar las notas que en aquel momento tomé, por tanto las fechas son inventadas.

Minuta.

Fecha :13 octubre 1890.

Destinatario: Ilmo. Sr. Ingeniero . Demarcación Pontevedra.

Remitente. Torrero Principal de Faro de C. Silleiro. Bayona.


Ilmo. Sr.:

Por el carretero de la Guardia se han recibido en este establecimiento diecisiete bidones de parafina, que no han venido acompañados del preceptivo oficio de remisión. Ignoro si proceden de esa Jefatura y si vienen destinados a esta señal, así como el uso al que se destinan.

s.s.s.

El Torrero Principal.


En el legajo de "Recibidos" de ese año, leí:

25 de octubre de 1890.


Si el carretero de la Guardia le ha dejado en ese establecimiento diecisiete bidones de parafina son con ese destino y enviados por esta Jefatura y son para que los queme en el faro, no para que se los beba.

EL INGENIERO JEFE.

SR. Torrero Principal del Faro de Silleiro.


Nota.- Los faros de entonces empleaban un tipo de lámparas de mechas llamado "Maris", o lámpara de aladino, que podía quemar aceites diversos.