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viernes, 18 de diciembre de 2009

FARO DE MONTEFARO. ISLAS CIES,

http://fotografiasdegalicia.wordpress.com/2009/08/13/fotos-e-informacion-das-illas-cies-islas-cies/
El faro de Montefaro esta en el SW de la "Illa do medio" o desde el siglo XIX también llamada "Illa do faro". Un estrecho canal, que con temporal rompe, separa esta isla de la "Illa do Sul" o de "San Martiño". Un embarcadero en la playa "do chuco" o "de Nosa señora" del que quedan restos en tierra pues fué arrancado por un temporal, unía la mar con el faro mediante una monumental pista de 4 km. amparada por autenticas murallas de piedra, que en rampas en zig-zag salvaban los 173 m. de desnivel. El faro poseía una vivienda y un despacho de planta semicircular adosada, que fué destruida en 1979 por un paisano que años despues tuvo problemas por una personal aplicación de la Ley de Costas en Canarias. Tipos especiales estos que pagamos para que vigilen el patrimonio público.
Se servía el faro de agua de lluvia acumulada en un aljibe. La de beber se conseguía de un matantial a unos tres kilómetros. La vida debió ser muy penosa en ese faro. De los faros de las islas gallegas fue posiblemente junto con Sisargas el destino mas duro.

Para mi, que serví ese faro en su época automática, su nombre trae recuerdos imborrables de personas, situaciones y de una carencia de medios que reflejaban el retraso tecnológico de la época, que se suplía con ingenio y voluntarismo. Lo viví y disfrute tanto, que en mi tiempo libre me iba a pasar días en él y procuraba hacer personalmente todas sus obras y reparaciones. Intentaré dejar aquí algunos recuerdos.

En 1980, año mi incorporación, el servicio disponía de un barco, "Rias Bajas", de 22 m. construido en 1965, con un motor que no cubría las necesidades. Se alternaba con las otras tres Rías y frecuentemente había que alquilar uno para atender el servicio o reparar averías. Alquilábamos entonces un pesquero de Canido "Adelante la Legión" o un Bateiro (mejillonero) de Domaio, que era más ventajoso pues disponía de un potente motor y una grúa hidráulica . En los talleres del Puerto con un motor de Seat 600, el Sr. Salgado y sus magníficos mecánicos, hoy guardamuelles, habían construido un vehículo de carga con una reductora de doce velocidades, que permitía subir por cualquier sitio, transportar cuatro acumuladores de gas acetileno y dos personas en la cabina. Su anchura era la justa para encajarlo en el espacio de cubierta entre la regala y la escotilla del "Rias Bajas".

Hasta que este artilugio fue construido en 1977 , del transporte de iluminante, -primero petróleo y luego acetileno- se ocuparon los miembros de la familia isleña Sotelo Herbello, cuatro hermanos varones de los que creo queda vivo solo Serafín, que hoy tiene un bar al lado de la playa. En los archivos del servicio encontré los recibos del acarreo, que me parece eran ciento cincuenta pesetas anuales. La automatización del faro en 1942 tuvo para esta familia consecuencias funestas: Su soledad aumentó y se trasladaron a vivir al continente, los tres hijos más jóvenes Antonio (Pichocho) , Benedicto y otro que no recuerdo crecieron analfabetos, pues su maestro era el farero, como en las otras islas. Le pagaban la enseñanza con pescado o patatas.

Después de irse a tierra (hacia 1960) la familia Sotelo, la Jefatura de Obras Públicas asignó al servicio un caballo del Estado. Era un caballo gris poco marítimo y como su embarque era peligroso, optaron por dejarlo en la isla. Según Pepe García Carro, con el que tuve el honor de trabajar, los pescadores se acercaban al caballo e incluso lo montaban a pelo, y así fue los dos primeros viajes del barco de Faros- entonces el "Ramiro Pascual", un vapor en el que Pepe empezó como fogonero-. Estos dos primeros viajes el caballo se acercaba al embarcadero, se dejaba acariciar, pero en vista de que los acariciadores le ponían doscientos quilos en dos botellas de gas en el lomo, siguió visitando a los pescadores que le daban pan, pero cuando el barco de faros se acercaba, el caballo se iba monte arriba, se paraba entre unas rocas y permanecía allí sin moverse hasta que cinco o seis horas más tarde la dotación del Servicio (seis hombres) lo localizaba, con lo cual debían dejarlo amarrado hasta el día siguiente. El barco debía hacer otra vez el viaje, otra parte del servicio debía quedar desatendida. La Jefatura de Obras Publicas optó por mandar cuatro hombres para que subiesen el gas, eran más baratos que el combustible del barco y lo hacían en una jornada. Se dio de baja al caballo, que murió de viejo. Lo imagino riéndose, viendo el acarreo de gas de los humanos, pastando en libertad, sin trabajar, que es el sueño de cualquier caballo capado.

(continuará)