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martes, 2 de febrero de 2010

FAROS DE CIES. El Personal.

Foto: Vivir Galicia


Poldo.- Leopoldo Costas Gómez.- Cuando empecé a escribir estas historias, escarbé en la memoria y lo busqué en la guía. Ya no sale. Lo busqué en San Google y me salió su esquela. Murió de cáncer en septiembre. Es lo que tiene ser un desastre, nunca te da tiempo a dar las gracias a los amigos. Se las dí a su hija.

Era Diciembre (de 1982?). Habíamos terminado de montar las chapas de la cúpula del faro, amarrándolas para que los pesados sectores esféricos de cobre no saliesen volando. Los cristales curvos de la linterna estaban colocados y solo nos quedaba el forro interior. En los días de navidad nos acercábamos con el balizador "Rías Bajas" a las islas para ir montando los forros.

Foto: izquierda el que suscribe, Pepe García Carro (Mecánico de Faros) . Miguel Pérez Gómez (Patrón del Buque Balizador "Rias Bajas"). Leopoldo Costas Gómez (Conductor, excelente mecánico y ayuda inestimable).
Julio Vilches Peña, Torrero en el Faro de Sálvora, vino acompañado de una valiente barcelonesa, Montse, y decidieron aventurarse a las islas en invierno. Recorrieron la Illa do Medio, su castro pre-romano, el Faro de Freu da Porta, o del Príncipe, la playa del Chuco y las dos pequeñas calas cubiertas de basura, que un incendio posterior disimuló. Mientras; Pepe, Leopoldo y yo montábamos en un ejercicio circense los forros interiores de la cúpula. El único sitio donde se podía estar era la linterna del Faro. En cualquier otro sitio un norte helador te dejaba tieso. Cuando Julio y Montse llegaron, atrancamos las puertas y subimos a comer a la linterna. Sus 2,25 m. de diámetro y el espacio de la escalera de acceso, nos hacían estar muy apretados. la comida estaba en sus tarteras al lado de la trampa. Sentados en el suelo, con el sol de los curvos cristales de la linterna hacía una temperatura muy agradable, Julio se movió y Leopoldo bramó:
-¡Oiga! que se está sentando en el turrón blando.
El aviso sonó como una alerta de naufragio. Julio, con su voz dulce de confesor, y con la calma que solo viene de la filosofía, en tono tenue, muy dulce, sentado sobre el turrón contestó:
-Lo siento, pero en todo caso es un asiento de lujo ¿No cree usted?.

La creación de los Servicios de Costas y una brutal reconversión industrial hicieron que al balizamiento entrase sangre nueva. Contratos de un mes para obreros del INEM. Las características del trabajo imponían una doble aceptación. Y la gente no se jugaba la vida para ganar lo mismo que en el paro y con menos categoría laboral que en su último empleo. Al final vino gente encontrada por los bares que era más divertida que los parados al uso. Cuando los vio Pepe García me miró con pena y dijo:
-No se preocupe, aunque jubilado seguiré viniendo por el almacén. Le contesté que siempre sería bienvenido, pero que no era la cuestión.

Cada uno de los nuevos peones era una novela en si mismo.

El Canario.- No pongo su nombre pues no tuve tiempo de pedirle permiso para mencionarlo. Lo había conocido como Marinero de Segunda en el "Santa Ursula", un carguero de Singapur. Se hizo famoso a bordo por los desastres que provocaba cuando pasaba por un trabajo. Buscaba disculpas para un anticipo, para no aparecer por el barco...Era el único del barco que no hablaba gallego ni inglés, incluyo en el colectivo a los oficiales polacos, al Capitán alemán, a dos oficiales negros de Ghana, que decían que eran de Aguiño (Ajiño), o Portonovo, o Canjas según se terciase.
Cuando empezó a trabajar en el Servicio, me acompañaba a las visitas a las balizas de los muelles. Observé que algunos guardamuelles se reían cuando pasábamos. Un día no pude más y me acerqué al guardamuelles al que conocía y se descojonaba de risa:

-¿Que coño pasa?, que siempre que os veo estáis riendo...
-Es el que va con usted. Que el invierno pasado lo sacamos del agua, a él y a la parienta...
-¡Ah!, creí que era por otra cosa...

De vuelta al Land-Rover.
-Canario, explícame lo de bañarse en el muelle...
-Pues que cuando empezaba a salir con esta, vinimos aquí a la escollera, con el triquitraca debimos sacarle la marcha, porque el seiscientos no tenía freno de mano y se fue hacia atrás. Yo salí del coche desde dos metros de fondo, pero era noche y no la veía, los pescadores avisaron a los guardamuelles y cuando bajé la saqué por el abrigo de piel, que era lo único que llevaba puesto.
Se casó con ella. Un día me llamó furiosa a casa (faro):
-Así que dejas abandonado en una baliza toda la noche al pobre Canario y ni siquiera te tomas la molestia de avisarme, si hay mal tiempo y no lo podeis embarcar, lo menos es avisar.

-Perdona fulanita, pero perdí la agenda e intenté localizar tu casa y no encontré el portal.
Nunca me volvió a hablar con simpatía. Espero que no me lea.

Marcial.- Cuando Poldo se jubiló me mandaron a Marcial, estuvo un año conmigo. (3er. Grado)

-Mera, acaba de arreglar ese faro de una puta vez que son las seis, tengo que estar en la Avenida de Madrid (Cárcel) a las ocho y aún tengo que llevar a las mujeres a trabajar a Porriño, para que abran el bar...
-¿Tienes un bar?
-Una barra americana.
-¡Joder! Pero eso es muy feo, hombre. Tener que mantener a raya a los empleados/as y currar a empleados y clientes cuando se pasan, es un horror...
-Pues es la ilusión de mi vida ¡Tener una barra americana!
Foto: Pedro y el Mera en pose. Almacén del Arenal en Vigo.

 Pedro.- Nació sin paladar y con labio leporino. El día que le pregunté como se llamaba respondió:
-Io fzoy Pfedro, pvero me iaman el Malhablado.

Moro.- Empezó porque cuando Joaquín el dueño del burro Feliciano se fue a la Mili y el que le sustituyó se fue a pescar a la Malvinas, no tenía el Servicio locos con la suficiente determinación para saltar a una boya con mal tiempo. Una mañana de domingo estaba en Cíes, en el muelle del Estado, con el balandro. Dos niños y un gigante barbudo en el muelle.
-Mira , ¡Un pulpo!, dice un niño, señalando.

Foto: El Moro con el Cid, Venía a casa a buscar compañía. El del anorak azul debo ser yo.

El gigante barbudo da un salto de cuatro metros de muelle, bucea cinco hasta el fondo y sale con un pulpo de tres kilos en la mano.
-¿En que curras?
-Tengo un taller de metacrilato, pero voy a cerrar, que me va mal...
-¿Quieres trabajar en los faros?
Sigue allí. Tenía un cuerpo proporcionado a su capacidad de comer y de beber. Un aljibe. Las chichas empezaban a salirle por la banda.
Pedro: Oye, Moro, con tu cuerpo y con mi cara...

Moro:¡ Hacíamos un monstruo cojonudo!.

Todos los días había un motivo de risa, el servicio funcionaba correctamente, los tres que no tenían carné de conducir lo sacaron, pagando las clases con dinero de una venta de chatarra del servicio. Al Estado le vino bien, dos están conduciendo vehículos oficiales con diversos jerifaltes y lo más curioso, nunca nos pasó nada.