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sábado, 6 de febrero de 2010

Liberiano"DORADO". Marinos españoles en el extranjero.

Foto: Tomada por fotógrafo ambulante que luego venía a venderlas a bordo. Es el momento del fondeo en Río Grande do Sul.

Era un bulk-carrier de 68.000 Toneladas, 230 metros de eslora y treinta y cinco de manga. Eran barcos que transportaban carga a granel, este tenía ocho bodegas y entre la número siete y la número ocho tenía una piscina de agua salada de diez por cuatro metros.
Fue el primer barco extranjero en que navegué con tripulación exclusivamente española. Don José, el Capitán, era un aldeano avaricioso, con aires de nuevo rico, inculto y ladrón. Formaba parte de una fauna marítima que yo ya había olvidado. Se rodeó de una cuadrilla de aduladores, que vivían del barco como si fuese una canonjía. La compra de víveres, de combustibles, de repuestos era un negocio lucrativo que la compañía radicada en Endem (Alemania federal) consentía, porque las mermas iban mayoritariamente a cuenta de los tripulantes. El Jefe de Máquinas y el Capitán descontaban el pago de horas extraordinarias a quienes las hacían, abonándole una parte a los más cretinos y aduladores, que no las trabajaban y quedaban muy agradecidos y dejando la otra en las arcas del armador. Mi llegada al barco fue observada con interés.
Embarqué en Santos (Brasil), después de una desgarradora despedida de mi joven esposa y de mi hijo de año y medio. Acababa de comprar un piso, debía dinero y no podía retrasar más mi partida. Una emoción fortísima me invadió durante todo el trayecto entre Vilanova de Arousa y el aeropuerto de Santiago. Fui cagándome en el capitalismo, en la pobreza de mi país, en la exportación de seres humanos desde Santiago a Sao Paulo y mis reflexiones eran cada vez más y más radicales.
No viajaba con maletas. Transportaba mis pocos enseres en una mochila de color naranja con bastidor de aluminio. Los libros los compraba en donde me encontraba, así como alguna ropa. Eso aparte de darme cierta facilidad para la traducción en varios idiomas, contribuía a que mi aspecto fuese como poco, exótico. Opté por hacer el viaje desde Sao Paulo a Santos en autobús y se me pasó la mala hostia. Los naturales son afables, educados y bellos. Desde la estación de autobuses de Santos al muelle había un paseo. Llegué a media mañana con mi mochila y una chilaba del "marchè au puces", que me había regalado una exiliada cultural. Mi barba y mi atuendo llamó la atención de un joven tercer Maquinista, Manolo M.C. que recuerda aquellos días como muy intensos. Según me contó ayer al reencontramos, al verme tuvo un pálpito y dijo: "Este pra mín".
Desde mi punto de vista Manolo era la única persona interesante del "Dorado". Le distinguía un punto teatral y alegre que manifestaba a bordo y en actividades culturales como borracheras, cabarets y prostíbulos, que tanto contribuyeron a nuestra formación como deshechos humanos.
Llegamos a Bahía Blanca (Argentina), donde casualmente Marco encontró a su mamá, cuando unos militares patrióticos dieron un golpe de Estado, retirando del poder a los también patrióticos Isabelita Perón y su gurú. Mi aspecto y mi acento hacían que personas normalmente discretas se explayasen conmigo. El del kiosko de la prensa, un viejo gallego, me dijo: Estos hijos de puta están matando a lo mejor de nuestra juventud. El camarero que me sirvió en el restaurante era un profesor de la Universidad del Río de la Plata escondido. Ya habían ido a buscarle a su casa, días después de que su esposa, sus hijos y él, cada uno por su lado buscasen refugio al amparo de amistades familiares. Espero que el joven profesor no esté en las listas de desaparecidos. Era divertido y encantador hasta en la desgracia. Cuando ya no había nadie en el local y me contaba su reciente fuga, le pedí la cuenta para invitarle a tomar algo fuera, lo que por seguridad declinó.
-Y, ¿ Cuanto te debo?
-Un botón de tu saco.
Con el cuchillo del asado corté un botón y se lo entregué.
Al día siguiente volví a cenar al mismo lugar con alguien del barco, tal vez Manolo o Miguelito, otro joven maquinista muy agradable.
En su trajín, el camarero guiñándome un ojo saco la billetera y en ella llevaba prendido mi botón.
Una noche salí con Manolo de copas y acabamos en un cabaré. Todo el mundo fue muy amable. Yo estaba anticapitalista e hice aviones con el dinero que llevaba encima. Manolo había desaparecido y pedí a un camarero ya mayor que me ofreciese su brazo para apoyar mi juventud destrozada.
-Como no, señor. Me dijo.
Me apoyé en su brazo hasta la salida y busqué un lugar limpio de la acera para meditar una hora. Me levanté de mi meditación y todavía algo aturdido caminé en la dirección que suponía el mar, que allí me oriento.
Un vehículo con un hombre y dos mujeres paró a mi lado.
- Disculpe, ¿estabas vos en el cabaré? ¿Querés que te llevemos a algún lado?.
Subí, les dí las gracias y me llevaron al muelle donde cargábamos 60.000 Toneladas de trigo.
Hubo un incidente con los militares que rodeaban el muelle y el hombre me deslizó una tarjeta en el bolsillo, su nombre y un teléfono. Al día siguiente les llamé para darles las gracias y comprobar que estaban bien. Cuando los militares me escoltaron al barco la cosa pintaba mal para ellos. Estaban siendo cacheados.
Al día siguiente Manolo y yo nos contábamos nuestras aventuras en una merienda campestre. Esto era poner un mantel de cuadros en el suelo de mi camarote y ponerse ciego a whiskys. A veces no había mantel. Whisky siempre.
Manolo había tenido bronca esa mañana con el Capitán que con los nueve meses de contrato vencidos, pretendía no desembarcarlo hasta llegar a Europa. Él quería pasarse por Buenos Aires para visitar a unos socios de su padre. Amenazaba con sufrir una crisis nerviosa si no desembarcaba. Estaba contándolo cuando llamaron a la puerta.
-¡Adelante!.
Entró el Capitán. Venía con documentación para que hiciese la liquidación de Manolo. Cuando acabó de explicarme los particulares, de pie apoyándonos en el escritorio, se volvió a Manolo que seguía sentado en el suelo. La botella de Johny Walker negra y los vasos con hielo sobre el mantelito de cuadros ante él:
- Le veo bien, yo estaba a punto de pedir que lo evacuasen en ambulancia....
- Mire Capitán: Cada un fai uso dos medios que ten o seu alcance!*. *Cada uno hace uso de los medios que tiene a su alcance. (Original Galician)
Dijo, levantando el vaso, como si brindase....