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domingo, 14 de noviembre de 2010

FAREROS 1978.

De izquierda a derecha: Joan Ruiz Solanes, nº 1 de la promoción, fue excluido por pasar de los treinta años, Vivió en Creus, con su compañera, Elvira. Josep María Moral Plana, Decca del Suspiro del Moro (granada) y Palamós. Juan Martínez, Isla de Sálvora y Trafalgar. Mera, Silleiro, Sálvora y Balizamiento de Vigo. Jaume Frontera, Isla de Ons, Cabo de Gata, Palma. Julio Vilches, Faro de Sálvora hasta la actualidad. Elvira Pujol Font, Far de Cap de Creus. Una visita de Palma. Rita Gandolfo. Joan, Juan y Elvira estaban de visita, faltan Florencio y el Charro.
Desde el momento de convocar oposiciones hasta la fecha de los exámenes podía pasar hasta un año.
Así que después de un intento de montar el arca de Noé con unos amigos, una granja ruinosa, me puse a trabajar en una empresa de maquinaria, de vendedor. No podía arriesgarme a irme a navegar mientras esperaba. Si no cumplías contrato tendrías que pagar tus viajes y el del relevo. Los contratos eran de nueve meses y tres de vacaciones. Nunca se sabían las rutas. Los telegrafistas ganábamos entre ochocientos y mil dólares de sueldo, además, por hacer los trabajos burocráticos nos daban el diez por ciento de las ventas de la cantina, unos trescientos dólares más . Excepto en algunos barcos de Capitán español, que él se quedaba con el diez por ciento, pero el telegrafista hacía el curre igual.

Cuando empezó el curso de preparación de las oposiciones me fui a Madrid, fui a la Academia y comencé a estudiar. Desde la última vez que lo había hecho habían pasado ocho años. Las materias eran: Matemáticas, Electricidad, Electrónica, Física, Señales Marítimas, Dibujo lineal y Taller, Nociones de Derecho administrativo y organización del estado (Oral). Eran eliminatorios los dos primeros exámenes, Matemáticas y Taller.
Era una academia en Amor de Dios, se llamaba Zener y aún existe . Al menos el cartel. En el piso de abajo estaba la Academia de danza de Antonio Gades.
El Profesor de Matemáticas y Señales Marítimas era Salas, un funcionario del Servicio de Señales Marítimas, que ocupaba un inmenso despacho en el Ministerio según pudimos ver luego, pero sus conocimientos en ambas áreas eran nulos. Su frase favorita era:" no me preguntéis por que, pero esto es así". El de Electricidad y Electrónica era un Ingeniero técnico de Telecomunicaciones que a la menor se ponía nervioso y se hacía la picha un lío. Era muy bueno el que daba Física y Rafa Alcaraz, también farero e Ingeniero Técnico Industrial, que daba taller. Había treinta alumnos y tres alumnas. Enseguida me asocié con un grupo de seis que nos invitaron a Rita Gandolfo, a mi mujer y yo, a vivir con ellos. A Jaume Frontera le habían cedido una casa de ciento setenta metros cuadrados en la Calle Padilla. Un alma buena que se llamaba María Cassasalles, de Palma.
Montamos la sala de estudio en el comedor, una pizarra, una mesa inmensa y algunas librerías recogidas de la basura. Jaume sabía matemáticas por su formación de Ingeniería, se desenvolvía muy bien en Física, Un chico de Salamanca, que no dí aprendido el nombre, sabía dibujo y mecánica. Yo sabía Electricidad y Electrónica. Cada uno enseñaba lo que sabía y previamente había preparado. Julio Vilches tocaba la guitarra de maravilla y era tan inteligente que resolvía los problemas por lógica, Josep María Moral Plana como su nombre indica era un tipo estable. Liaba los porros para desintoxicar la intelectualidad. Rita Gandolfo, hija de fareros de Cabo de Gata sabía Álgebra. La procedencia y formación era de lo más surtido. Vilches había estudiado Medicina, Rita Empresariales, Josep María había patroneado una Golondrina en la Costa Brava. Florencio era mecánico y estaba macrobiótico. Luego arrasaba con mis guisos. Yo guisaba. Era el más viejo, veintisiete, el único casado y mi hijo Héctor tenía dos años. Mientras preparé las oposiciones se quedó con mis padres. María L., mi mujer, ganaba doce mil pesetas cuidando un niño de la edad del nuestro.
Esos tres meses de preparación dejaron un recuerdo imborrable de camaradería, cariño e inteligencia con todos los concursantes de la casa de Padilla. Lo pasábamos tan bien, que si alguien salía por la noche estaba deseando volver a casa, pues era más divertido.
Jaume compró un buho que vivía en una jaula y comía, cuando le dejábamos solo, parte de la casquería que yo guisaba. Un día, trajeron de la basura un bidé y una bañera, para poner plantas, los pusieron en el comedor, pero nunca trajeron tierra, ni plantas. El búho se largó de la jaula y buscó la oscuridad del motor de una nevera que calentaba, nunca enfrió. Guardábamos allí los apuntes. Hubo que tumbar la nevera para sacarlo, era un armatoste de los años cincuenta. Y así quedó, tumbada, como cualquier nevera que se precie.
En las horas de no estudio, podía verse en el comedor a un tipo tocando la guitarra sentado sobre una nevera tumbada, otro comiéndose un bocadillo de pan integral con tomate dentro de una bañera, mientras conversaba sobre las relaciones de la medidas de las pirámides con otros dos , uno de ellos sentado en un bidé.
Aprobamos todos los de la casa, menos Rita y el Charro. Rita se casó con Jaume y el Charro fue el número uno de las oposiciones a maquinista de Renfe. Meses más tarde, ya en mayo del 79, fuimos a hacer las prácticas a Alcobendas y vivimos directamente en un poblado de gitanos, que estaba al lado del Camping Madrid, en el Kilómetro ocho de la carretera de Burgos, donde llagamos a ser muy populares.