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lunes, 7 de febrero de 2011

El CELINA en ARGELIA. Oran.

Foto:Héctor. Lugar Orán. De izq. a dcha. Herminio Viana. El Impresentable (yo), Su Maternidad, Daniel Mera (6 meses).
Por la mañana dos policías de la Gendarmería Marítima vinieron a revisar nuestros papeles. Mientras los cubrían hice un té. Todos nuestros datos. Estado civil del Capitán. Viudo desde hace veinte años. ¿Nombre de la esposa fallecida?.!!!!.
Una vez tomados todos estos útiles e interesantes datos, expulsados dos potentes eructos de agradecimiento por el té, nos ordenaron ir a una especie de Náutico próximo a la base Naval.
Cuando llegamos un hombre como diez años mayor que yo nos observaba con una mezcla de curiosidad y hostilidad.
-¡Buenos días!.
- Buenos días. ¿Por que atracan ustedes aquí?
- Nos ha mandado la policía marítima.
- Argelia no es un país turístico. No deseamos que ustedes, los turistas, vengan aquí.
-Pues es una pena que no le gustemos, hemos venido aquí con nuestro amigo, toda la familia con el objeto exclusivo de conocerle. Y si de paso podemos reparar una entrada de agua...
Herminio asistía a la conversación preocupado.
Se presentó, se llamaba Mohamed y pasamos a hablar inglés, lengua más usual para Herminio, Héctor y S.M. (Su Maternidad).
Tras aquella muralla de dureza, un bereber fascinado por un viejo, una pareja y dos niños, uno de seis meses y uno de once años y por un cascarón de diez metros que se llamaba "Celina".
Tenía Mohamed un pequeño yate convertido en pesquero, había sido militante del F.L.N. y con catorce años ya ponía bombas en objetivos franceses, a los diecisiete años era "Comandante". Estudió en la Academia Naval de Sandhurst y se casó con una inglesa. Llegó a Capitán de Navío y Jefe de la Base Naval de Orán. Cuando el Estado quiso deshacerse de los muy politizados por la izquierda militantes del FLN lo pasaron a la reserva, para mantener su actividad compró un barquito y salía a pescar con un marinero. Pescaban poco. En otro país no sería rentable.
Un joven que no sabemos de donde apareció, Ahmed, entabló relación con nosotros. Nunca supe por qué. Siempre creímos que era para convertirnos al islam. Hoy pienso que era un policía o un confidente. Nos enseñó toda la ciudad, las viejas defensas españolas, con sus inscripciones de los constructores, mezcladas en los restos de defensas nombres de los monarcas españoles (dos estancias y turcos, cuatro siglos) a los franceses le vinieron bien estos restos y basaron en ellos la defensa y control de acceso a la ciudad hasta la independencia. El teatro y los cafés franceses nos acogieron en su decandencia, con la amabilidad de los nuevos dueños, que incluso nos invitaban en su escasez. Una ruina de ciudad, donde no se habían reconstruido los lugares bombardeados durante la guerra, ni los daños del último terremoto. Yo quería ir al Hammán (baños turcos). Los hombres tenían todos los días de la semana y las mujeres los jueves para bañarse. Fuimos Herminio y yo, cuando nos explicaron la operación de desnudarse, Herminio dijo:
-Yo aquí no me quito los pantalones ni loco. Te espero en el mercado.
Ni me acordé de que en el bolsillo del pantalón viajaba un millón de pesetas, que llevaba por si compraba una casa, un barco o algo así. Me quedé y la experiencia fue altamente satisfactoria. el masajista me hizo crujir todos los huesos. Al salir me dieron una naranja y dormí un rato. En los baños los clientes miraban con asco mi vello corporal, todo el mundo estaba depilado. Y yo que siempre creí que mi pelambrera era un sello de nobleza y distinción...
Ahmed nuestro guía voluntarioso nos presentó a una familia que nos hizo todo tipo de honores, vinieron a comer con nosotros y la joven estaba empeñada en que la embarcásemos con destino España. Herminio se negó, no quería problemas. Planificamos un viaje a Tlemcén, una ciudad histórica. Visitamos parte de los túneles que fueron utilizados por la insurgencia. En Tlemcén nos hicimos amigos de conductor de la oficina de turismo, todo el mundo fue muy amable y hospitalario. No se podía entonces sospechar que el islamismo radical y la corrupción de los dirigentes iba a causar en poco tiempo tantos estragos en una población pésimamente administrada pero trabajadora, bondadosa y fraternal.
El viaje a Italia se torció con el tema de la salida de humos y una bomba de refrigeración que me llevó más tiempo del razonable reparar y montar. Intenté conseguir la cooperación de un "Colaborante" francés que trabajaba en un astillero y entre que no tenía y no sabía, estuvimos una semana. La bomba que dijo haber reparado metía agua a bordo y menos mal que Mohammed nos regaló un poco de cartón de juntas. Después de dos semanas en Orán salimos.
Fuimos muy bien recibidos en Beni Saf, de allí fuimos a Gazhauet desde donde nos dirigimos a las Chafarinas, una posesión Española donde los soldados de las COES nos acogieron, suministraron gas y agua e impresionaron tanto a mi hijo mayor que se pasó los cinco días siguientes pegando taconazos y saludando marcial. De las Chafarinas fuimos a Alhucemas.

Pero Marruecos se merece un capítulo.