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sábado, 6 de abril de 2013

ATLANTIC WASTE.




El viernes había tres posibilidades: Una exposición en la Sede de la Delegación de la Xunta, la firma de un libro del Juez Vazquez Taín, que publica novela sobre las tramas compostelanas, y dedicarme al estudio de los textos sagrados, cumpliendo con lo mandado. Después de hacer mis obligadas abluciones acompañé a mi Santa y a su amiga Noelia a la exposición Atlantic waste.  Evidentemente el único desperdicio oceánico era yo, seguramente como consecuencia de alguna riada. Lo demás era costa y mar en estado puro. El trozo de red que paró la hélice que  llevó a las piedras la lancha de los buscadores del sabor. Las conchas de las rocas con la sangre de los náufragos apenas perceptible. Las algas que moviéndose con la mar ocultan las estrellas que no desean ser vistas en la arena del cantil. En la red venía un paraíso de centollas, un cabo perdido con su ancla, la chumacera de una gamela en desuso y el conocimiento de técnicas recientes y artes antiguas de un magnífico pintor: FERNANDO CARBALLA . Un cuarteto de jazz, formado por alumnos del Bachillerato artístico donde impartió clases un día, ponían la música, dos generaciones de artistas se acompañaban, y ello resulta siempre
particularmente emotivo.