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viernes, 24 de junio de 2016

HIJO DE LA CASUALIDAD. Don Renato.

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Delegación de Hacienda de Pontevedra. Imagen: verpueblos.com
Colaboré algunos días en la elaboración de un corto de Alexandro Barberena Cosmed, se titula "LOS GUARDIANES DE LA RÍA: FAREROS". Tiene imágenes magistrales, la esfera celeste girando en torno a los faros, la vía lactea perfectamente definida posicionándose sobre los destellos de los faros más potentes de las rías.  Utilizó una técnica de "time lapse"= lapso de tiempo. Cientos de fotogramas tomados cada no sé cuantos segundos para proyectarlos después de forma continua. El tiempo astronómico pasa en la película a toda leche.
Durante la grabación Xandro me decía: Habla de aquello que me contaste de... y yo hablaba. Me gusta hablar, como una manifestación pública de mis desconocimientos, que obviamente reconozco. Pero Xandro recortó mis palabras, parecían ajustadas, sin diarréa verbal.
Dije que soy un hijo de la casualidad, y es cierto: Sin vocación me fui a navegar por lo de viajar y ver mundo, estudié Radio en vez de Puente o Máquinas porque me dijeron que era el que más tiempo libre tenía en puerto, dejé de navegar porque me pareció que empezaban a putearnos las navieras...
Y salió bien.
 Pero lo de Hijo de la Casualidad era un homenaje a mi padre, se me ocurrió decirlo sobre la marcha.
Mi padre era igual de indisciplinado o más que yo, pero parecía un tipo cumplidor, serio, con mala hostia (la tenía).
Ya viejo, me dijo en su pausado gallego.
- ¿Te has arrepentido de haberte portado mal con alguien?
Creí que esperaba que me refiriese a él.
- Si, en alguna ocasión he sido soberbio y chulo con alguno de mis superiores, que eran buena gente y no se lo merecían. ¿Y tú?
-También, especialmente con D. Renato, que aunque era un inútil, era educado y muy buen tipo. Un día discutí con él, no sé por qué. En donde ponía JEFE DE NEGOCIADO- Propiedades, o algo así, le puse un cartel del mismo tamaño que decía: MARICÓN.  Cuando llegó D. Renato, tarde como todos los días, firmó de último y al entrar vió el cartel.
-¡Oiga Cándido! ¿Quien ha puesto eso ahí?, dijo señalando.
-¿El que? ¡Coño! No lo había visto.
- ¡Habrá sido algún hijo de la casualidad! Y arrancó el cartel.
-Se corrió la voz y cada cierto tiempo le aparecía un cartel y no fui yo.
Mi padre se sonó la nariz y quedó mirando a los eucaliptos con su único ojo.