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viernes, 13 de mayo de 2016

LA UÑA. Tatuajes de la infancia.





Esta mañana viendo "Al-jazzira", unas niñas keniatas,  muy pequeñas, iban al río a buscar agua fangosa. El viaje de las criaturas duraba más o menos una hora. Los recuerdos de la infancia de casas sin agua, sendas pedregosas de donde salías con las rodillas en carne viva una vez a la semana. Casas sin retrete o con "pozo negro" de donde se sacaba la mierda en cubos para alimentar, en forma de abono, las saludables lechugas y cebollas. A pesar de ello nuestras aguas eran más limpias que las de Kenia. Y la conclusión es que en sesenta años la Galicia rural y pobre ha progresado más que en el último milenio a pesar de dictadores, tecnócratas, represores  y gobernantes traimiopes. Pero viene el recuerdo divertido: La uña.
Algunos de los personajes del entorno de mi infancia como el tabernero, el guardia, el conserje... tenían una uña en el dedo meñique de la mano derecha, muy larga, limpia y pulida. Al principio les pregunté a ellos para que querían la uña larga. Nunca recibí una respuesta satisfactoria. Le pregunté a mi madre que era la sabia que tenía más a mano. Respuesta: "Para rascar el culo". Tampoco me satisfizo. Todos teníamos lombrices y todos nos rascábamos es culo pero solo algunos tenían uña larga. 
Mi maestra dijo que era una estupidez, que las uñas largas podían traer enfermedades, y más trabajando en el campo como hacíamos todos. 
Enseguida observé que no todos trabajábamos en el campo, los dueños de uñas largas no lo hacían, solo lo hacían sus mujeres, sus hijos/as... Era definitivamente un signo externo de estatus: Yo no trabajo con las manos. 
Estuve viendo lo de las uñas en San Google. Los funcionarios chinos para demostrar que lo eran se dejaban las uñas largas. Es decir, nuestros muertos de hambre de los sesenta para ser chinos convertían a sus hijas y mujeres en keniatas. Tuve mala suerte, no tuve hermanas, fui mucho a por agua.