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jueves, 20 de enero de 2011

NOTICIAS DEL MÁS ACÁ.


He buscado un médium rápidamente, es que soy un muerto reciente. Y tengo que escribir del más acá, pues el más allá no existe. Fui joven y juerguista. Soy de una época en que se moría mucho. Se moría en cuneta, en jergón de paja, de hambre, de tuberculosis, de nostalgia o de aburrimiento. Pero fui uno de los combatientes capaz de morir de desgaste físico.

En mi velatorio, la cara de mi hijo y de mis nietos era de aburrimiento mortal, como corresponde. Llegaba alguien les daba el pésame en gallego y ellos contestaban: "Moitas gracias, moitas gracias por vir". A veces se les escapaba "¡ Estamos encantados de velos por eiquí!."

La cosa cambió cuando llegó Benito. Estraperlista, quebrantador de normas administrativas, había pagado con la prisión ser tan emprendedor. Había tenido un intercambio de tiros con la Guardia Civil, cuando intentaron imperdirle una importación de café sin pasar pos la aduana. Le pegó fuego al camión y huyó por el monte. Dejó atrás la chaqueta de cuero, con su documentación. El cuero arde mal. Juicio en rebeldía y cuando lo pillaron pasó cuatro años en el penal del Dueso.

Mi hijo, que siempre fue un tarambainas, tiene un cariño especial por Benito. Aprecia mucho su espíritu aventurero, su valor y su sentido del humor.

Cuando Benito entró, como un viejo barco que se acerca al muelle, mi hijo le abrazó, le presentó a mis nietos.

De soltero me hospedé en un cuarto alquilado en la casa de los padres de Benito. Era un barrio de carteristas famoso. Eran los años cuarenta y en la casa se reunían carteristas, jugadores y algún policía de la vecindad para jugar a las cartas con apuestas.

Cuando nos cansábamos de perder dinero con aquellos tramposos nos íbamos de putas. Yo estaba muy bien relacionado. Había un barrio con fiestas en locales que se llamaba la Moureira. Yo era ujier en el Gobierno Civil, miseria que me correspondía por ser mutilado de guerra. Estuve de huésped en una de aquellas casas, hasta que en el Gobierno Civil me dijeron que tenía que irme, que era indecoroso que un funcionario de la casa se hospedase en un lupanar. Benito y yo íbamos en bicicleta. Los robos de bicicleta eran frecuentes. Cuando salíamos de la casa de mis amigas nos dijeron que bailásemos y así lo hicimos. Fue muy divertido, pero salimos tan borrachos, que estábamos seriamente preocupados por tener que empujar las bicicletas hasta nuestra casa. No nos alivió no encontrarlas. "Hostia, nos han jodido las bicicletas" Vimos a dos tipos que caminaban tropezándose con las bicis. "Venga las bicicletas, ladrones". Echaron a correr y cuando las tuvimos, Benito, muy asustado me dijo:" Mi bicicleta tenía un rascazo aquí, son del mismo color pero no son nuestras bicicletas. La tuya no tenía portaequipajes, que se lo rompiste el día de las maderas". Fuimos a la comisaría y el Comisario no podía creerlo, allí están los pobres chicos denunciando el robo de las bicicletas. Nos dejaron salir. Encontramos las bicicletas, horas más tarde, en un callejón donde las habíamos dejado.

Mi hijo no sabía esta historia, pero quedó sonriendo cuando Benito, delante de mis nietos, le dijo en gallego"Sinto moito a morte do teu pai. Mira, teu pai era un tipo moi legal, moi divertido, moi intelixente e...¡Un gran fodedor!" Dijo levantando,doctrinal, el dedo índice. Mis nietos ya mozos no pudieron reprimir unas risas, poco ahogadas, a mi viuda y mi hijo le brillaban los ojos de legítimo orgullo y satisfacción.