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domingo, 14 de diciembre de 2014

MIGUELIANOS DE LA SANTA FAZ.


 Imagen: El País.
Si llevas a tu hijo en el coche sin cinturón, te pueden sancionar, si lo adroctrinases contra esta sociedad injusta e hipócrita posiblemente vendrá un meapilas que te denuncie y te retiran la custodia. Pero si llevas a tus hijas menores a un campamento dirigido por un santero que las lleva a dormir a su tienda, reclamas legalmente contra la perniciosa influencia que el santero ejerció sobre la vida de las niñas.
Los viejos estamos para contar historias. Por el faro donde vivía, Cabo Estay al lado de Vigo pasaba todo tipo de gente, aparecían con invitación o sin ella, intelectuales, políticos, delincuentes de poca monta... mariquitas que habían roto varios armarios, artistas y algunos amigos. 
Vinieron una tarde y eran de Sevilla,  una pareja guapa, simpática, ella se llamaba Blanca, él no recuerdo el nombre. Se dedicaban al noble arte de la distribución de hachís, se habían liado cuando al marido y socio de de la  pareja lo habían metido en prisión. Se vinieron a Vigo donde algunos de mis conocidos les distribuían mercancía.
Eran tiempos difíciles, paro, pobreza y marginalidad, como ahora. No suelo juzgar a la gente, ni sus motivos, pero en perspectiva considero a mis conocidos de ese ambiente una panda de vagos aprovechados. 
Acababa de difundirse el fenómeno del Palmar de Troya, les pregunté que opinaban. Él me dijo que el Papa Clemente era primo suyo, un mariquita muy simpático, que se metía de todo. Al poco tiempo leí que uno de los sacerdotes ordenados por él,  después de una de finos, entró en el baño del bar en que estaban, rompió el espejo, con un trozo se cortó la polla y con otro se quitó un ojo. Yo me puse contento, Dios me perdone. Es pura doctrina: Si tu ojo te hace pecar, arrójalo lejos de ti. Si tuviese fe me cortaría la polla, fuente inagotable de problemas y errores. Pero me daba pena, solo tenía treinta  y algo años, era una polla atea, en buen uso y no parecía peligrosa para la sociedad.
Este episodio - olvidado a pesar de que los dos hijos de Blanca quedaban en mi casa mientras la madre y su compañero hacían su trabajo de mantener tranquila y fumada a la sociedad viguesa- ha vuelto gracias a un santero-sanador, cuya connivencia con el obispado de Vigo se extendió durante veinte años.
Hay puntos comunes entre las dos historias: Unos sinvergüenzas que hablan directamente con la divinidad, una sociedad eclesiástica que tiene acostumbrados a sus miembros a la imposición de sus criterios ideológicos y vitales. Con una sociedad civil en descomposición, sin otros valores que los que se pueden comprar en el mercado, aprovechan el uso del desconocimiento o misterio como herramienta de dominio de lo místico sobre lo productivo o explotable durante los últimos cinco mil años. Este dominio místico es fácil de ejercer sobre las masas, que apoyan o miran hacia otro lado cuando este poder de ungidos usa la fuerza para aplastar a la razón.
Seguramente es verdad que el Apóstol Migueliano de Oya puede distribuir a Dios en su semen, purificando cuerpos  posesos. Seguramente el semen del santero tiene otras virtudes, aclara la voz. Entonces es sencillo, montas un coro de voces limpias, los mandas a cantar con el Papa, y para investigar en que te gastas los beneficios el obispo te manda un investigador- ungido con una condena por pederastia.
 Estos son los valores que usando nuestro esfuerzo y sacrificios inculca el ministro Wert con sus enseñanzas y el Ministro del Interior con sus policías.