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domingo, 30 de noviembre de 2014

DELINCUENTES: DESESPERACIÓN Y UNA PISTOLA.




 Imagen: La Voz de Galicia.
Confieso que no he sido delincuente por casualidad. He infringido muchas leyes, unas a sabiendas porque me parecían injustas y otras por ignorancia, hay tantas... Y la vida que he llevado podría haberme llevado por otros caminos. Alejarme de las drogas que se me ofrecían, trabajar de forma que no me viese sometido a la precariedad y no intervenir en juegos de poder fueron vacunas contra alguna condena judicial que podría haberme llevado a caminos más enfangados.
Siempre he apoyado y ocasionalmente protegido a delincuentes de poca monta. En los años ochenta había una Asociación llamada la COPEL, coordinadora de presos en lucha. Decían que todos eran presos políticos. Pasados más de treinta años sigo creyéndolo.
En una sociedad cuyo único valor es la propiedad, en que la máxima es: "Tanto tienes, tanto vales" y que marca precios y condiciones estableciendo beneficios para los que nada producen, nada aportan y consiguen el poder a través de la plusvalía de los bienes y servicios que otros generan; decía en esa sociedad es muy fácil que un individuo educado y entrenado en esos objetivos se los crea e intente conseguirlos. Si no los consigue es un frustrado. Ese individuo no tiene que ser un malvado, malvados son aquellos que le han hecho creer que el dinero y el poder son objetivos en la vida y que vale todo para conseguirlos. Malvados son los que consiguen pensiones millonarias de nuestro esfuerzo, que desgracian servicios públicos para decir que no funcionan y contratarlos a alguien que les da una comisión. Malvados son los que despiden maestros y contratan antidisturbios.
Creo que yo no conocía al delincuente que mató a una agente de policía en Vigo, en los medios de comunicación han dicho que era un delincuente muy peligroso, que tenía una condena en 1984 y después montó una empresa que cerró con la crisis del ladrillo. Imagino un autónomo sin demasiados escrúpulos, como miles. Matar a una chica le daría igual, para él lo más importante era que tenía un cáncer, cincuenta años, estaba arruinado y había fracasado. Un asesino es un asesino, sin disculpas. Hay ladrones asesinos, policías asesinos y estados asesinos. Hemos fabricado de todo ello. Hemos dejado que surgiese, me parece más peligrosa nuestra clase dirigente carente de todo escrúpulo, que no tardará en amordazarnos para que no gritemos pidiendo perdón por haberlos dejado medrar que cualquier atracador. Todos somos culpables de haber llegado a esto. Wert cambiará  los derechos humanos por el "ojo por ojo" bíblico. Habrá quien pida la instauración de la pena de muerte y la cadena perpetua. Y seguirán robando, llevándonos a la miseria con la promesa de un paraíso próximo, lleno de brotes verdes.