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domingo, 23 de noviembre de 2014

AMIGOS: ANTÓN GOYANES, pintor.




Antón Goyanes con obra. Imagen La Voz de Galicia.


Una de las muchas cosas por las que merece la pena llegar a viejo es el calor de quienes nos acompañan.
No sé el por qué, siempre he tenido amistad con artistas. Para quien no es artista y ha conocido algunos,  el arte es belleza en si mismo pero el mundo que lo rodea es un mundo de vanidades. Por eso valoro tanto a quienes he visto trabajar sin estridencias, pelear por la vida, atender a los suyos, llegando a la abstracción por el concepto, la belleza por si misma, dejando que el color fluya atenuándose como la vida. 
Conocí a Antón Goyanes en 1980, cuando entré a trabajar de Torrero en el Puerto y Ría de Vigo y tuve el privilegio de colaborar con él en algunos trabajos, que siguen transmitiendo belleza, modernidad y desde mi punto de vista, inteligencia. Su estudio de deliniante en la Junta de Obras del Puerto era un ordenado archivo histórico. Ingenieros y técnicos encontrábamos en él solución a muchos de nuestros problemas y en mi caso a mi ignorancia.
Su trabajo que transmite impresiones, no deja nada al azar: las texturas, los contrastes y las formas son siempre fruto de un estudio meticuloso, me atrevería a decir maniático.
Me encuentro con él como con la mayoría de la gente a la que quiero un par de veces al año y el encuentro siempre me deja frases para la reflexión, aunque el que más habla soy yo, como de costumbre.
Sus biografías dicen que nació en 1935 en Monforte de Lemos, en realidad fue inscrito en aquel Registro Civil el 21 de noviembre de 1934. Ambas fechas inducen a error, quisiera conocer treintañeros con el espíritu abierto, democrático y libre de Antón Goyanes. La continuidad de su obra, sus puntuales exposiciones con obra nueva son demostración de capacidad de trabajo y alegría de vivir. Un honor.

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