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jueves, 5 de febrero de 2015

INSPECCIÓN DE TELECOMUNICACIONES.

Fui a comer a casa de mis padres. Llevaba nueve meses destinado en la casa de mi Santa, como Técnico de Mantenimiento a disposición del Subsecretario por amortización de la plaza de Encargado del Balizamiento de Vigo. Pero mi padre creía que me había portado mal y me habían echado. Por eso, cuando llamaron al teléfono de su casa  que estaba a mi nombre y le dijeron que querían hablar conmigo para que me incorporase a la Inspección de Telecomunicaciones, al decírmelo no cabía dentro de la camisa. Había pasado nueve meses  reconstruyendo una ruina del patrimonio familiar, así que al día siguiente me fui bien lavado a la Inspección. El Jefe Provincial muy amable, pero temeroso de que no aceptase un puesto en otro término municipal que no fuese Vigo me dijo que tenían una oficina en Correos de Vigo donde podría buscar interferencias, emisiones ilegales y redactar informes. Le dije que podríamos saltarnos la legislación y que no tenía inconveniente en desarrollar mis funciones en Vigo o Pontevedra. Así fue. 
Había dos unidades, una Técnica con personal laboral, que en principio había sido creada para revisar edificios y una Unidad de Inspección con funcionarios. Fundamentalmente enseñábamos la identificación y dábamos la cara con los "infractores". Además abríamos expedientes a los denunciados por la Guardia Civil, a los denunciados por la vecindad, en campañas semestrales expropiábamos la pared del paisano que no quería que su vecino tuviese teléfono. Inspeccionábamos los equipos en los comercios y comprobábamos que estuviesen homologados y no produjesen interferencias. Como puedes imaginar, lector único, esa era la ilusión de mi vida cuando aprobé las oposiciones a farero, entrar en la casa de una familia, ver su emisora de la banda ciudadana, que en Europa no necesitaba licencia y que en España no dejaba ver los partidos en la tele. Como soy un aprovechado de las circunstancias adversas tengo un archivo delicioso de copias de  escritos dirigidos a la Administración.
Caso Uno. Viene el cura de una parroquia quejándose de que una emisora le entra en el órgano. Le digo si no le importaría traer una cinta grabada como prueba que nos ahorraría  mucho tiempo. Al lunes siguiente trae la cinta. Se oye el órgano, las frases de la consagración según explica y una voz joven, femenina.
-Aquí la Sirenita, ¿Manolo me copias?, cambio.
Órgano y ruidos.
- Manolo, si te cojo la polla te la destrozo, mira que eres...cambio.
Ruidos y risas.
-Ay, mira como me pones, que no se que hacerte...
Y así media horita.
Fuimos a la iglesia mi pareja de hecho inspector y yo, equipos de medida, coche oficial . Yo siempre iba de traje, me ahorraba algunas groserías. Es sabido que la gente grosera se modera cuando ve un traje. Al echar un vistazo ya vimos en una vivienda social de aquellas con cinco flechas una antena que por su posición era la causante de que el amplificador de sonido de la iglesia retransmitiese las azañas eróticas de la Sirenita. Llamamos a la puerta, nos abrió una sirena gordita, me identifiqué y pregunté:
- ¿Es usted la Sirenita? Se quedó lívida.
Le expliqué el motivo de nuestra visita y le recomendé que nos mostrase la emisora y su instalación. Su madre vino enseguida. Cuando le pedí la licencia de la estación, que ya sabía no tenía, la madre me dijo:
-Denunsiounos o cura porque lle entrabamos no órjano, ¿Non?.
 No se lo podía decir si no pedía el expediente por escrito. Les recomendé que solicitasen el precintado voluntario para evitar la sanción. No quisieron hacerlo. A llegar: hacer un informe contando esta historia, comprobar si el equipo era robado, y así pasaron seis años en los que reímos mucho, sufrimos la estupidez legistativa y social y recopilé copias de escritos con los que hacer el archivo de "escritos antológicos" que supongo pasarán a los anales de la Administración Pública, junto con los brillantes discursos de Aznar y Rajoy, nuestros bien amados presidentes.
No se pierda usted, desconocido lector,  los próximos episodios de esta estúpida historia.