Google+ Followers

domingo, 20 de enero de 2008

ABORTO. YO TAMBIEN ABORTÉ.

Estoy en contra de que las mujeres tengan necesidad o impulso de abortar. Un cristiano diría ahora: ni siquiera los animales abortan.
Casi siempre me siento más identificado con los animales que con los cristianos. Si fuese un humano hembra, en cautividad, mi dueño un banco, mi tiempo sujeto a las necesidades de la producción, sufriendo el cerco moral y económico de los hipócritas que desde el púlpito me acorralan usando el brazo secular, sin duda abortaría, como las mujeres, amigas y amores que decidieron hacerlo, a las que apoyé y ocasionalmente pagué el legrado. Para todas fué doloroso y traumático.
El aborto es la única y desgraciada herramienta que a la mujer le queda en su lucha por la igualdad en una sociedad que en lugar de apoyar a la naturaleza y con la contribución del cuerpo social hacer fácil y placentera la cría y desarrollo de los vástagos, hace que la mujer que tenga hijos deba renunciar a su vida personal y profesional, o por el contrario renuncie a sus hijos, quedando para ellos como una proveedora de bienes y servicios.
Hace años compré en un mercadillo de la Habana un libro de recortes del XIX o principios del XX, en entre los que había un artículo que se refería a las negras como poco reproductivas, y cuando quedaban preñadas eran malas madres que en ocasiones llegaban a matar a sus hijos abandonándolos al nacer.
En una ocasión intenté criar jabalíes y la jabalina abandonó a las crías de su primer parto, mejoré sus condiciones de vida y fué una buena madre cuatro meses más tarde. Todos los que nos hemos criado en el campo recordamos alguna cerda o alguna perra que se comía a las crías cuando sus condiciones de vida eran malas. Me crié en una época y un lugar que los humanos lo pasamos mal (algunos no) y nuestros animales lo pasaban peor. No sé si estaré en un error, pero en lo biológico no somos muy diferentes y la reprodución iguala a una pareja de pastores, una de banqueros y una de mirlos. No querría parecer grosero si digo que cuando leía mi recien adquirido cuaderno de recortes me acordé de mis intentos de reproducir y domesticar jabalies sin consultarles, sin atreverme a dejar que saliesen por miedo a perderlos, convertí su vida en miserable.
En la sociedad tan buena que nos ha tocado vivir, me sorprente que haya gente que aún no fué domesticada, que en su desesperación asesina a sus hijos menores.
Me parece mejor no nacer que tener, como única esperanza, que los supuestos padres le lleven al hospital después de una paliza y un medico les denuncie y la Autonomía se haga cargo. Y ante esa situación social, apoyo la ley de aborto, porque da la opción a la mujer, porque evita perturbaciones a las madres que no quieren serlo. Y pido que sea libre, gratuito y los cirujanos que aleguen objeción de conciencia sean apartados de su situación de funcionarios públicos. La conciencia es privada, el sueldo es público.
Los obispos que condenan a las mujeres, llevaron a un dictador bajo palio, despues de haber asesinado a cientos de personas nacidas, cuyo único delito fué pensar diferente a él. El Papa que no admite el divorcio y ataca el aborto le da la mano a Sarkozy, que quien sabe donde estuvo antes, anula el matrimonio de quien le paga y es el sucesor de los Borgia, de los Pios y otras joyas de la civilización.
Estoy en contra del aborto como necesidad, apoyaré siempre a quien tiene que hacerlo, y estoy en contra por lo que les duele a ellas. Hay gente que está en contra porque le quita mano de obra a las empresas de sus hijos.