Google+ Followers

domingo, 5 de julio de 2009

MARINA MERCANTE. T/N "MONTSERRAT"

El "Montserrat" cuando aún era Castell Verde, conservando la V de Vlasov.

Mis actividades como marinero en el "Chiquita II", el "Monte Amboto" y como delegado de "Decormetal" (Artesanía en metal), hicieron que terminase mis estudios un poco más tarde de lo que se esperaba de mi probada capacidad en los bares. Con la eficiencia que caracteriza a la administración marítima española y a la educativa, los que empezamos los estudios antes del 69 no tuvimos que hacer prácticas, los que empezaron ese año y sin perder curso, terminaron al mismo tiempo que nosotros, tuvieron que hacerlas (100 días de mar).
Salíamos todos sin puta idea de la realidad, pero los que salíamos sin prácticas a navegar, sometíamos al resto de la tripulación al riesgo añadido de que mayoritariamente lo hacíamos solos, sin nadie de nuestra especialidad que pudiese decir: Mejor hazlo así.
El mismo día que me dieron el certificado de examen, después de pagar los derechos para la obtención del título me oferté por correo urgente a todos los consignatarios y navieras que pude conseguir en las páginas amarillas. Me avisaron por telegrama de Meino von Eitzen, c/Falperra, 12 Vigo, para embarcar en un alemán y esa misma tarde para embarcar de Tercer Radio en el Trasatlántico "Montserrat" dos días más tarde en el puerto de Vigo. Me excusé con los de Von Eitzen, y les dije que mi experiencia no era suficiente para su destino, me dijeron que debería pensarlo antes. Confirmé mi embarque en el buque de pasaje y fuí muy contento a decirselo a mi amigo Fernando Liste, que acababa de suspender la astronomía de Piloto.
-¿Tienes uniforme?
Ni lo había pensado. Me prestó los suyos de Alumno que me quedaban un poco cortos y ajustados y solo tuve que comprar unas palas (galones para los hombros) y encargar una gorra en Odilo, sastrería civico-militar de Vigo.
Embarqué en el muelle de trasatlánticos de Vigo el 17 de junio de 1971. El Primer Radio, un madrileño de la escuela oficial de Telecomunicaciones, me presentó al Segundo y ambos fueron informándome de mis obligaciones. Poner el pasodoble "Suspiros de España" en un magnetófono de cinta por la megafonía del barco a la entrada y salida de los puertos. Recibir las noticias de Radio Nacional de España y mecanografiarlas en papel de multicopista que el camarero llevaría a la imprenta. La edición inglesa la escribía el Primer Radio. Atender en mi guardia de 00-04 y 12 a 16, partes meteorológicos, avisos a navegantes, listas de tráfico de Aranjuez Radio EAD y Portishead GKA, además de la obligada escucha en la frecuencia de Socorro (500 kc/s).
Acompañaría al Sobrecargo y a los demás terceros oficiales en las comidas de bienvenida a la clase turista, mayoritariamente jamaicanos, con fuerte sentimiento racista. Mi camarote era una cama de unos noventa centimetros de ochenta de altura, con cuatro cajones bajo ella, situado en la cubierta bajo el puente al lado de la Estación de Radio, tenía unos siete metros cuadrados y un ojo de buey, una mesa, una estantería, una silla y un sofá que completaban el ambiente. El suelo era de sintasol, veteado en azul y blanco y los mamparos estaban pintados color crema.
Después de estar de marinero en el Monte Amboto construido 1928, el Montserrat de 1944 me parecía una maravilla, su receptor a reacción- casi una radio de galena-, con ojo mágico, que solo se estudiaba como curiosidad en las escuelas, hasta me parecían divertidos. El hecho de que no se pudiesen hacer conferencias radiotelefónicas, por no existir una miserable estación de telefonía, cuando en todo el mundo desarrollado hasta los taxis podían hacerlo, era para mi una bagatela. La estación VHF era un transceptor de válvulas en el puente que funcionaba a veces. Había tres walkie-talkies para la maniobra. Todo pintado, el sintasol, tiro al plato por las mañanas, la piscina en popa (tapa de una bodega), los bailes.... Mis diecinueve años estaban que no cabían en el uniforme de Fernando.
La tripulación la formabamos, Oficiales: el Capitán Merino un señor de Santander, en todos los sentidos. Primer Oficial gallego, Segundo Oficial Aldámiz, Terceros oficiales dos, uno de Meira y otro asturiano, Tarrío. Dos Agregados (alumnos de Puente). Un Jefe de Máquinas de Vigo, Primer Maquinista Aldámiz, hermano del anterior, un segundo Maquinista, tres terceros (Mecánicos Navales) Dos alumnos de máquinas que realizaban sus días de mar en Vapor, dificiles ya en la época. En la Fonda primer y segundo sobrecargos. En la Radio, tres oficiales, un primera Clase, y dos segunda clase, uno sin puta idea: yo.
Hospital: Un medico y dos ATS. El medico era de la Seguridad Social de Orense, se llamaba Antonio y era un joven cirujano magnífico. La ATS era una enfermera de la guerra, hacía contrabando de perlas y oro, era vasca, se llamaba Begoña y el día que le pusieron los galones de Oficial dejó de hablar con sus compañeros de Maestranza. Eso sucedió el día que llegué. Le llamaron de todo y fué a quejarse al Capitán delante de mí, que me estaban presentando:
-Estoy ocupado, déjeme en paz con sus chorradas.
Se fué llorando...
El otro ATS, era un tipo magnífico de la S.S. de Vigo.
Había además un ofical-cura católico, sin demasiado éxito, me hice amigo suyo (único) y me regaló una garrafa de magnífico vino de consagrar. Era de Lugo y soltero, me dijo que era virgen. Su soledad me resultaba conmovedora.
En la maestranza estaban un Mayordomo, un calderetero, dos contramaestres, cuatro cocineros, un pañolero y la tripulación se completaba hasta unos doscientos, con unos sesenta camareros, marineros, engrasadores, mozos de cubierta, administrativos, impresores, músicos, los bomberos y un paje. Este último era un chico de Cangas y congeniamos enseguida, lo único que sabía decir en inglés era "ice-cream" e iba vendiendo helados artesanos, muy buenos, por las cubiertas en la travesía. En las maniobras de atraque y desatraque atendía al Capitán. Los bomberos eran todos del Morrazo y hacían además funciones de guardias de seguridad. Soy testigo de que dos de ellos le ponían una camisa de fuerza a un jamaicano de dos metros en pleno mono, en un abrir y cerrar de ojos. Lo metían en un camarote acolchado a esperar al médico y aqui paz y después gloria. Algunos pasajeros reaccionaban violentamente cuando se encontraban en alta mar rumbo a Jamaica. Siempre sospeché que los amigos ingleses que los acompañaban, eran policias que los despachaban dopados con un billete barato. Un descanso para las autoridades locales.
Un directivo de la compañía era de, o veraneaba en Meira. Por eso muchos tripulantes eran de allí. Los sueldos eran más bajos que en cualquier otro barco, pero se compensaba con lo que llamaban "faifa", contrabando. La llegada del barco era un paseillo de carabineros, policias, guardamuelles, guardia civiles de diferente graduación, parientes y conocidos, que invertían sus ahorros, ganados honradamente, en el lucrativo negocio de la importación ilegal de tabaco, whisky, perfumes, oro, perlas y en algunos casos marihuana. La corrupción en los muelles era tal, que la de ahora los viejos no la notamos.
La comida a bordo era francamente buena, se comía a la carta y empecé mi aprendizaje de comer en sociedad, que me está costando...
En el comedor de oficiales había una nota que decía que los oficiales estaban invitados a las fiestas del Capitán, donde deberían dedicar su atención a las personas más desatendidas. En aquella época el sexo en mi ambiente, no era pecado, era un milagro. Así que atendíamos lo que se podía. Y se podía.
El "Monserrat" se alternaba con el "Begoña" en la ruta del Caribe, ambos habían sido transportes de tropas en la II Guerra Mundial, de la serie "Victory". Su ruta era una maravilla: Southampton, Santander, La Coruña, Vigo, Las Palmas, Tenerife, Port of Spain (Trinidad), La Guaira, Curaçao, Kingston (Jamaica), en ocasiones San Juan de Puerto Rico o Cartagena de Indias, y vuelta. A veces hacíamos una escala en Lisboa para llevar peregrinos de Venezuela a Fátima. Esas peregrinaciones eran particularmente divertidas, especialmente para camareros y oficiales de mayor edad.
La Trasatlántica se inventó unos viajes de Cruceros por el Caribe con pasaje venezolano mayoritario, algún americano despistado o inglés excéntrico. Para darle caché invitaron a Miss Europa 1970, la tinerfeña Noelia Afonso, que vino acompañada de su hoy esposo el empresario Santiago Puig, cuyo padre desde las Cortes franquistas, impulsó el aeropuerto de Tenerife Sur y su entorno turístico, comprando aquellos campos improductivos y transformándolos en el emporio que hoy son. Noelia y su novio eran amables y amistosos con un chico tan tímido como yo, pero la que realmente me gustaba era su hermana, una mujer inteligente y bellísima, que se lió con el tonto de mi jefe, el Primer Radio, que la dejó escapar. Tambien me parecía hermosa la mujer del Capitán Merino, una mejicana muy simpática que vino al crucero. En mi corazón adolescente quedó grabado su rostro el día que me dió las gracias por arreglarle la plancha.
Los cruceros fueron un desastre, pues en el primero y el segundo no funcionó el aire acondicionado, como en todos los barcos españoles, y el tercero, las agencias ya no fueron capaces de venderlo. Lipotimias, gente durmiendo en cubierta y el camarero que me traía el café de las doce de la noche, con mi trocito de tarta, cayó fulminado por una trombosis de la que falleció dos días mas tarde, rodeado de ventiladores en la enfermería. Era su último viaje, tenía sesenta y nueve años. Noelia Afonso, su novio y su hermana desembarcaron en Puerto Rico y se fueron en avión.
En mi último viaje en el Monserrat intenté desembarcar en Venezuela, tenía un atractivo especial la sobrina del Embajador en Madrid, que había viajado con nosotros. Fuí al Capitán a decírselo. Me recibió en su despacho, era un tipo con mucha vida, mucho éxito con las damas y con una mirada que taladraba. Me miró y cuando terminé de exponer mis pretensiones, me dijo:
-Usted juega a "soy muy joven y no sé". Tiene una inocencia fingida. Es ilegal que yo le desembarque en un puerto extranjero. No tiene usted ni puta idéa.
Mi amiga me estaba esperando en la Guaira y al bajar a saludarla, nos detuvo la policía al medico, al practicante y a mi. Nos retuvieron en un cuartel de bomberos hasta la salida del barco. Mi amiga, desconsolada, esperó todo el día a que nos devolviesen al barco. No volvimos a vernos.
Yo me sentí frustrado en mi vocación de trotamundos y en mala hora, al llegar a Vigo desembarqué y me enrolé en el "Vimianzo" un pesquero de Pescanova que salía para Boston. Hicimos viveres al lado del Montserrat. El Capitán me vio en el muelle.
-Mera, no tienes ni puta idea, ese barco no es para ti.
Dijo, asomandose por el alerón. Estaba convencido de que una vez más el Capitán Merino tenía razón.
CARACTERÍSTICAS.-
Construcción: Baltimore 1944. Tranporte de 1.800 soldados y carga en cuatro bodegas.
Nombre original: Wooster Victory. Llamado así por la contribución del Wooster College al esfuerzo bélico.
Pabellon:USA.
Eslora: 139 m.
Manga:19 m.
T.R.B. 9001 T.B.
Propulsión. Turbinas triple expansión 8.500 C.V.
Velocidad: 15-17 nudos.
Pasajeros en 1971: Clases Turista y Especial 650.
Tripulantes: sobre 200.
Los Victory en 1945 esperando para repatriar americanos.
Otros Nombres y Pabellones: Wooster Victory, Argentina y Panama, Naviera Vlasov. Inmigrantes a Australia y Judios a Israel. Castellverde, Italia. Inmigrantes ingleses, portugueses españoles e italianos a Australia y America respectivamente. Montserrat, España. Desde 1957, emigrantes españoles a Venezuela y Antillas -Reino Unido. Hasta su desguace en Castellón en 1973.
Radio: Equipos II Guerra Mundial. Telegrafía, Banda de 500 y 4,6,8,12.16 y 22 Mhz.
Equipos de Navegación. Giróscopo, Piloto automático, Radar (1), Gonio (acústico, antiguo)