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miércoles, 22 de septiembre de 2010

EL NACIONALISMO: Una religión. Carlton J.H. Hayes.

Carlton Joseph Huntley Hayes

Entre las posibilidades que ofrece estar inútil físicamente está la de revisar la biblioteca. Entre la tontera del dolor, la de los calmantes y anestésicos es posible que un tipo de Columbia te dé la razón en algo, y además el por qué de las cosas que intuyes pero no puedes demostrar. Para eso hay que pasarse la vida en Columbia, Berkeley o así.
El libro que esta vez encontré fue publicado en 1960 y magistralmente traducido al español por M. Luisa L. del Real, para una edición de la UTEHA de México. Ni el medio siglo transcurrido ni el desarrollo de los recientes acontecimientos quitan una coma a la investigación del Dr. Carlton J.H. Hayes. Desde el sentimiento tribal y de pertenencia a un grupo superior, hasta el nacionalismo imperial de la preguerra de 1914, la represión de identidades nacionales, que con un buen acopio de unidad religiosa, mantuvieron los gobiernos imperiales, hizo renacer sentimientos tribales, que reclamaban un estado soberano, en muchos casos donde ya no quedaban trazas de nacionalidad. Tuvieron por tanto los nuevos nacionalistas que inventárselas. Lo explica el Dr. Hayes para estados hoy existentes, que en 1960 no sabía casi nadie de su identidad como nación. Lo hace con todo lujo de nombres, fechas y datos para territorios de los cinco continentes. Estudia la diferencia que existe en la lengua francesa entre país y patria. Partiendo del sentimiento tribal de unidad a través de la lengua común; las tradiciones y leyendas de base real o inventada; el apego al terruño de los antepasados y por último la tradición guerrera.
Eclosiona todo ello en los movimientos nacionalistas identitarios del 1870 en adelante, con el sin número de guerras, todas ellas basadas en la supervivencia del declarante, a sabiendas de que que traería a su nación más miseria y ruina que los supuestos beneficios evocados por los instigadores, normalmente las clases dirigentes.
Añade el autor la búsqueda de la supremacía racial, la identidad religiosa y la supuesta ventaja económica del estado desarrollado sobre identidades tribales. Así se han justificado guerras economicistas que Hayes no llegó a ver (Irán, Irak, Afghanistán, Vietnan, Camboya...) pero nosotros sí y en unos casos han sido una derrota confirmada y en otros llevan todo el camino de serlo. A todo esto, lo único que me viene a la cabeza iletrada que ha recibido tal exceso de información en pocas horas, es Espronceda:
"Allá muevan feroz guerra,
ciegos reyes
por un palmo más de tierra,
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes."
Pues ni así. Desde que los fondos del mar se saben ricos, ya se han establecido fronteras. En las islas gallegas hay que pedir permiso para navegar, tienen cojones los cabezas de ratón. Islas Atlánticas territorio soberano ya!