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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Nacho, EL MIMO.


El trabajo consistía en instalar y arreglar faros, boyas y balizas. Es un trabajo que se hace de día, pero soy un tipo serio, un vocacional. En los ochenta salía a comprobar dos o tres noches por semana que los faros funcionaban, recorría desde Monteferro hasta la Guía la costa; comprobando si lucían, si la característica era correcta. No fue culpa mía que el recorrido estuviese lleno de bares.
Numerosos músicos, poetas, pintores, actores... buscaban el sosiego y algún tipo de luz interior en lugares diáfanos para el espíritu como "El alma", "el Kremlin" y alguna casa de putas reconvertida en foro intelectual. Políticos, periodistas, autores proyectando siempre su primera obra, se entremezclaban con avistadores de luces como el infraescrito. Se celebraban "happenigs" que sin ser improvisados solían fracasar por pérdida de verticalidad, confusión verbal de un recitante o verborrea recalcitrante de un espontáneo.
Con este panorama parece normal que Nacho Otero se callase y su expresión fuese exclusivamente mímica. Lo que tenía que decir podía hacerlo sin pronunciar una palabra.
Beber refrescos me produce gases. Para alcanzar un punto alcohólico aceptable me arruino pagando copas, es por ello que dejé lo de ver faros por la noche y me dediqué a la reconstrucción de herencias gallegas y mas recientemente a la observación tenaz de fenómenos atmosféricos.
Tal vez sea el motivo por el que solo veo a los artistas de Vigo en casos de muerte o enfermedad. Por lo visto ahora ni eso. Hoy, diez días más tarde, me enteré de la muerte de Nacho, un señor del arte mímico, un noble de la escena. Un tipo tan legal y digno que tenía optimismo en su pobreza. Tanto que los demás no podíamos percibirla. La Administración tampoco. Como había heredado una casa, cuando ya no trabajaba no le reconocieron el derecho a la ayuda social. Se lo reconocen a los hijos de puta que envenenan a nuestros hijos cargados de oro y coches de gran cilindrada, a los ministros que lo único que hacen es joder trabajos serios para contratar asesorías, a los conselleiros y alcaldes que repiten obras para "sostener el empleo", eso si que es ayuda social.
El día que nuestros artistas callen por miedo o por hambre, los pueblos moriremos de tristeza. Nacho Otero "El mimo", nunca calló.

Un conocedor de Vigo, periodista de casta, Fernando Franco le dedica en Faro de Vigo un artículo. La foto viene del blog Gaviota, no soy capaz de enlazarlo.