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domingo, 17 de marzo de 2013

LA MUERTE Y EL SEPELIO DE ANTONIO PALACIOS.

Autorretrato: Palacios Corticoides.
Autorretrato: Palacios Radioactivo.


Cuando uno tiene una vida divertida, su muerte civil tiende a ser divertida. El dolor de la pérdida se mitiga con el placer del recuerdo. En el no entierro estaban la bohemia de Vigo, pintores, actores, músicos... gente de la cultura, la CGT en pleno y por supuesto estábamos los amigos de la taberna, aquellos que no analizamos y nos divertimos queriendo y bebiendo.
Palacios además de pintor, era un amante de la música, la poesía y los tebeos. Fue funcionario de la Tesorería de la Seguridad social y le quedó tiempo para estudiar Derecho. Un histórico del anarcosindicalismo, Rodrigo, recordaba emocionado que justificaba su ingreso en la Administración pública diciendo:
 -Como soy incapaz de encontrar un trabajo honrado tuve que hacerme funcionario.
 Muchos de sus compañeros y amigos  somos o fuimos funcionarios y sabemos que siempre fue de lo más honrado. Lo cual no impide que un contribuyente que tuviese tratos con él saliese de la entrevista encantado de haber cumplido sus obligaciones y riéndose. Le despedimos en un bar A Pita Cega, allí recordamos algunas anécdotas, cantaron los que lo sabían el himno anarquista mientras la dueña lloraba en un rincón de la cocina. A los que le conocimos nos queda su obra, su ingenuidad inteligente, y el recuerdo de numerosas anécdotas confesables o inconfesables.
Encontrar a las Vahamonde después de muchos años y Asun con su chispa de siempre, al decirle yo que daba gusto verlas:
-Ya sabes, nos conservamos, "Conservas Vahamonde" las mejores.
Y con gente así, con gente como Antonio Palacios ha sido un honor beber la vida.