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lunes, 12 de mayo de 2008

EL CELINA Y LOS VIANA.




Recordando como las vidas de Herminio y Gonzalo Viana influyeron en la mía a lo largo de veinte años, había decidido ir completando este relato como una sola entrada, distribuyéndola por capítulos para que quienes tenéis la amabilidad de leerme no perdáis demasiado tiempo, pero Mr. Bloguer me corta cuando excedo cierta extensión. Así que tendréis que ir leyendo entradas sucesivas, con la batallas navales del "Celina"

Incorporaré las fotografías, algunas muy emocionantes, que de ese periodo conservo.

Herminio y yo viajamos en varios periodos mas de 5000 millas n. a vela en el Celina, en el Risor, un velero inglés de 1914 propiedad de May Bessant y en el Catuxa, el último velero de 12 metros que compró.

Gonzalo vivió periodos de seis meses en mi casa, en el faro de Cabo Estay, entre viaje de locura y viaje de locura. Ambos siguen viviendo en mi y en los míos.


Añadiré que he pedido autorización a Victoria Viana para publicar algunos pasajes que por su contenido pueden resultar escabrosos y hasta dolorosos para los supervivientes. No tengo contacto con el resto de la familia. A partir de hoy mi nombre completo figurará en mi perfil, pues no veo razón alguna para el misterio. Lo que pretendo es escribir y lo haré como siempre hice, como me dé la gana. Gracias a todos lo infieles que me leéis. Y eso, paciencia...














Gonzalo Viana Zulaika, Nació en Bilbao en 1950. Su padre, Herminio Viana Conde, decía que para él, aquel había sido un buen año. Había dejado su puesto de Primer Oficial del Capitán Segarra, de la Compañía Transmediterranea, había aprobado la oposiciones a Práctico del puerto de la Coruña y había nacido Gonzalo. Su único hijo varón.


Gonzalo estudió Nautica en Coruña, cuando terminó las prácticas no hizo el curso de piloto, pero navegó de segundo Oficial en barcos liberianos con el título de Patrón que se canjeaba por el de Alumno.


Desde 1970 hasta 1982 no volvimos a vernos. Se dedicaba a las artes gráficas, había ganado un concurso de carteles de la Unesco, y como hacía siempre lo dejó todo para dedicarse a cocer barro en un horno que había excavado en la Playa de Melide de la Isla de Ons.








Sus figuras eran inquietantes, dejaban al observador la pregunta de quienes somos . Una cabravacarmadilloreina, o un pezlagarthombre, o un caracoldios. Nunca les ponía nombre a sus esculturas. Aprendió a trabajar la madera y la piedra. En cuanto vendía algo se marchaba a la selva del Orinoco, o a una playa de Natal, o ...y se pasaba dos o tres años, cuando volvía no se acordaba de él ni el galerista de su última exposición, hasta que veía la obra.








Un día que dejó la Isla, apareció por mi casa y pasó varios días, sorprendiéndome con la invitación de una salida en velero con su padre.


El velero era una preciosidad, en madera, recién construido en Cedeira, se llamaba CELINA, tenía una bella estampa y era relativamente confortable en su interior. Pregunté a Gonzalo donde había conseguido aquella joya y cuanto le había costado.



El "Celina" en las fiesta de la Reconquista de Vigo 2008.

Foto: Faro de Vigo


La historia del Celina.



Había sido construido según un planito que salía en una revista, por un magnífico carpintero que había en Cedeira para un médico de Madrid, cuya esposa asturiana se llamaba Celina. La construcción duró dos años y el armador se enteró de que había materiales y barcos mas modernos, que el mantenimiento de un barco de madera dificilmente se puede hacer sin vivir en él, o disponer de una fortuna proporcional a los metros de eslora y el Celina tiene diez. Así que decidió venderlo. Le pidió a Gonzalo dos millones de las antiguas pesetas. Acababan de instalarle el motor cuando el propietario, el posible comprador y el mecánico, salieron del puerto a probarlo.

Navegaban paralelos a la costa y en una zona acantilada con viento de Noroeste cuando el motor se paró. Habían dejado las velas en tierra. El mecánico se puso a llorar en una litera y el balandro se movía a merced de las olas. La desesperación de los otros dos a Gonzalo le resbalaba, miraba la costa y calculaba el tiempo que tardaría en estrellarse contra las rocas. El barco no tenía radio a bordo, no había bengalas.

Vio que cada cierto tiempo una de las olas no rompía en una de las rocas, la tocaba sin rompiente, le dijo a los dos acompañantes que no se moviesen del barco, que intentasen mantenerlo proa al viento y que trataría de buscar ayuda. Se calzó unas aletas con las que había reconocido el casco del barco en puerto, y nadó las dos millas que había a tierra. Esperó nadando contra las olas que viniese la que por su altura podía dejarle sobre la roca sin hacer en ella un retrato de cuerpo entero por estampación. Cuando le apareció la ola adecuada nadó manteniéndose en la cresta y se amarró como pudo a las rocas cuando aterrizó.

Trepó todo el acantilado, con numerosos cortes por todo el cuerpo producidos por lapas y mejillones y llegó a donde hace una planicie. El amor hace milagros. El único vehículo en varios kilómetros estaba sobre el acantilado, con una pareja haciendo el amor afanosamente. Les golpeó suavemente el cristal, como no estaban en disposición de huir le preguntaron que quería. Les dijo que salía de un barco con problemas y que lo llevasen al cuartel de la Guardia Civil distante un quilómetro. Era la edad de Piedra, no había móviles. Una embarcación de la Cruz Roja del mar salió de la Coruña y llegó justo a tiempo, diez minutos antes de que el Celina se estrellase en el acantilado, remolcandolo mar a dentro y metiendolo en puerto. El mecánico había dejado cerrada la llave del gasóleo, cuando consumió el que había en filtros y tuberías, el motor se paró.

El médico de Madrid le vendió el barco por 700.000 ptas. Las compañías de seguros nunca supieron que un lote con las vidas de un médico y un mecánico se habían tasado en 1.300.000 pesetas.

Gonzalo siguió con su vida aventurera, siempre produciendo arte, entre España, Brasil y Venezuela, hasta su muerte, en 1997.




Gonzalo Viana: Hércules tallando la barca de piedra. Tambien llamada "Os Argonautas"


La escultura fue tallada en A Guarda, y transportada en un camión a Coruña. Pesa unas 20 T.M.



Continuará...



Las fotos de Hércules están en la web de un Instituto.