domingo, 12 de septiembre de 2010

CUMPLEAÑOS.



Cumplo cincuenta y nueve tacos. Inevitablemente estas fechas de la historia negra de la Humanidad (11-S) obligan a mirar atrás. Y cuando uno se vuelve viejo mira más hacia atrás que hacia adelante. En esta mirada me queda más que agradecer que reprochar. Si no hubiese medíado alguna gente, como Ignacio Lomba, el patrón del "Carmen Pilar" que me recogió a veinticuatro millas al Oeste de Cíes, no lo hubiese podido contar, y mi vida no hubiese dado tanta risa durante tanto tiempo. Si no hubiese alguna mujer que me ha amado y a la que amé nunca tendría la percepción que tengo de la vida. Si no fuese por algunos amigos que me enseñaron, ninguno de mis proyectos hubiese salido adelante. Unos y otros han vuelto y están en mi vida, vivos y muertos se juntan en la memoria. No quiero pensar que hubiese sido todo sin el permanente y muchas veces sacrificado apoyo de mi Santa. Cuidó de mis padres y de mis hijos como si fuesen suyos, y a veces eso fue dificil. Ha dado mucho en estos dieciocho años, y lo ha hecho divertido, sin dramas.
No me ha salvado de un naufragio, pero me ha dado fuerza para salvarme en todos.
Gracias, Concha.


miércoles, 1 de septiembre de 2010

Nacho, EL MIMO.


El trabajo consistía en instalar y arreglar faros, boyas y balizas. Es un trabajo que se hace de día, pero soy un tipo serio, un vocacional. En los ochenta salía a comprobar dos o tres noches por semana que los faros funcionaban, recorría desde Monteferro hasta la Guía la costa; comprobando si lucían, si la característica era correcta. No fue culpa mía que el recorrido estuviese lleno de bares.
Numerosos músicos, poetas, pintores, actores... buscaban el sosiego y algún tipo de luz interior en lugares diáfanos para el espíritu como "El alma", "el Kremlin" y alguna casa de putas reconvertida en foro intelectual. Políticos, periodistas, autores proyectando siempre su primera obra, se entremezclaban con avistadores de luces como el infraescrito. Se celebraban "happenigs" que sin ser improvisados solían fracasar por pérdida de verticalidad, confusión verbal de un recitante o verborrea recalcitrante de un espontáneo.
Con este panorama parece normal que Nacho Otero se callase y su expresión fuese exclusivamente mímica. Lo que tenía que decir podía hacerlo sin pronunciar una palabra.
Beber refrescos me produce gases. Para alcanzar un punto alcohólico aceptable me arruino pagando copas, es por ello que dejé lo de ver faros por la noche y me dediqué a la reconstrucción de herencias gallegas y mas recientemente a la observación tenaz de fenómenos atmosféricos.
Tal vez sea el motivo por el que solo veo a los artistas de Vigo en casos de muerte o enfermedad. Por lo visto ahora ni eso. Hoy, diez días más tarde, me enteré de la muerte de Nacho, un señor del arte mímico, un noble de la escena. Un tipo tan legal y digno que tenía optimismo en su pobreza. Tanto que los demás no podíamos percibirla. La Administración tampoco. Como había heredado una casa, cuando ya no trabajaba no le reconocieron el derecho a la ayuda social. Se lo reconocen a los hijos de puta que envenenan a nuestros hijos cargados de oro y coches de gran cilindrada, a los ministros que lo único que hacen es joder trabajos serios para contratar asesorías, a los conselleiros y alcaldes que repiten obras para "sostener el empleo", eso si que es ayuda social.
El día que nuestros artistas callen por miedo o por hambre, los pueblos moriremos de tristeza. Nacho Otero "El mimo", nunca calló.

Un conocedor de Vigo, periodista de casta, Fernando Franco le dedica en Faro de Vigo un artículo. La foto viene del blog Gaviota, no soy capaz de enlazarlo.

viernes, 13 de agosto de 2010

EL NAUFRAGIO DEL "DELFIN DEL MEDITERRANEO"


El Capitán Carbajales en la actualidad.


Doy gracias a la vida por haberme cruzado con la gente que conocí. Una de las personas cuya bonhomía siempre recordaré es el Capitán Severino Carbajales López. Su madre le dio estudios con el duro sacrificio de la separación y la emigración a Venezuela, me lo contaba entre guardia y guardia en los seis meses de mili en la Armada. Nos separamos entonces, en 1972 . Salvo un breve encuentro casual, no volvimos a vernos hasta 1998. Figuraba en la lista de supervivientes del naufragio del "DELFÍN DEL MEDITERRANEO".
El naufragio.-
La motonave "Delfín del Mediterraneo" de 118 metros de eslora y 4581 Toneladas de Registro Bruto se dirigía de Gijón a Las Palmas con una carga de 280 Contenedores. Componían la dotación catorce personas. El 2 de febrero de 1998, en un fuerte temporal con olas de 15 metros, según los equipos de medida de los helicópteros y 8 metros según las estimaciones de los tripulantes, a 248 millas al SW de Cabo Sâo Vicente (Unos 450 kmts.) el buque comenzó a meter la proa en el agua, el Capitán y primer oficial decidieron inspeccionar los compartimentos de carga de proa, el primero que inspeccionaron tenía dos metros cincuenta de agua. Decidieron acercarse al Número uno, el de más a proa, al ver que en el compartimento inundado no subía el nivel del agua sospecharon que el agua estaba colándose a otro que había perdido estanqueidad. Intentaron poner el barco popa a la mar para evitar que la proa estuviese sumergida en el momento de la inspección y comprobar la estructura de la cubierta de proa. La hélice quedó fuera del agua y el motor se paró; el barco se atravesó a la mar, varios contenedores fueron arrancados de cubierta antes de que el Jefe de máquinas pudiese arrancar el motor principal de nuevo. Volvieron a la capa. Las bombas de achique echaban más aire y espuma que agua. Se acuerda el abandono. Carbajales emitió un mensaje de socorro por inundación en los compartimentos de carga, previamente había alertado a la Radio costera de la situación.
La tripulación tenía ya preparados los botes salvavidas. La decisión del Capitán de abandonar el buque en balsas y con trajes de supervivencia -que eran una innovación en el Salvamento Marítimo español- fue acatada. A las 17.00 toda la tripulación embarcó en dos balsas. Cada balsa tiene capacidad para dieciseis personas, en una embarcó el Capitán con los cinco oficiales, en otra al mando del contramestre el resto de la tripulación. Con el barco con el piloto automático, proa a la mar y muy poca máquina avante . Cuando se largaron las amarras de las balsas, el "Delfín" navegaba con sus luces encendidas capeando valientemente el temporal. El Capitán ve su barco alejarse mientras las balsas se machacan en las olas, arrastradas por la violencia del temporal. A su mente viene la historia de todos los buques, que abandonados por su tripulación han sido rescatados por una tripulación de salvamento que pasaba por allí. Es la seguridad de la gente contrapuesta al valor de la nave y su carga. La norma de supervivencia contra el prestigio profesional, las vidas contra los bienes.
El Jefe de Máquinas Angel Higuera Gómez le dice al Capitán con el que comparte balsa: "Te lo dije siempre Severino, ese barco es la hostia". Un minuto más tarde cuando la cresta de la ola les dio visibilidad, el barco entra por ojo en una ola y se hunde en unos minutos. Desde el momento del abandono tardó veinte minutos en hundirse.
En la balsa numero uno, los seis oficiales, con la seguridad de que su mensaje había sido recibido fueron evacuados uno a uno, tras unas horas de espera. Cada evacuación exigía que el tripulante se tirase al mar y cazase el arnés salvavidas del helicóptero, que luego lo izaba. El Jefe de máquinas dijo no podía respirar y se despojó del traje de supervivencia- una especie de traje de astronauta- Carbajales le ordenó ponérselo. Lo hizo, pero no abrochó la capucha . Cuando debía tirarse al mar para ser rescatado, un golpe de mar volcó la balsa que había perdido mucho aire. El Capitán salió de la balsa volcada orientándose por los proyectores de luz del helicóptero. Un rescatador del helicóptero del "ARGUS" bajó por el cable para rescatar al Jefe de máquinas que ya estaba muerto. La autopsia reveló que se había ahogado. Los detalles del rescate están muy bien descritos en "Escoben" . Cuando el Capitán llegó al "Argus" faltaba un hombre. La desesperación se adueñó de Carbajales. Si creyó morir cuando veía los sucesivos intentos de atrapar el arnés salvavidas lanzado por los helicópteros frustrados por olas de más de once metros, durante una pesadilla de tres horas, pensaba que el Contramaestre estaba perdido, no podría aguantar una noche más en la mar. El Capitán del Argus le aseguró que los helicópteros que iban a intervenir podían localizar un corcho de botella en la mar. No se lo creyó pero lo consiguieron: Antonio Sánchez Ríos , Contramaestre del "Delfín del Mediterraneo" era rescatado por un helicóptero del buque de guerra holandés "Tromp" hacia las diez de la mañana. Había permanecido en el agua diecisiete horas.
Su relato al Capitán es una muestra de pericia y buen hacer. Una hora después del abandono la balsa comenzó a perder aire, intentaron hincharla con el fuelle, pero algo se rompió, la balsa comenzó a deshincharse rápidamente. Debieron abandonarla. Formaron un círculo de donde fueron rescatados todos los tripulantes, hasta que quedó solo el contramaestre. En medio de la espuma, los helicópteros ya no pudieron verlo. Permaneció en el agua hasta las diez de la mañana en que fue rescatado.
El Capitán Carbajales estaba seguro del Contramaestre y los tripulantes. Gente experimentada, con entrenamiento específico.
Cuando leí la noticia en los periódicos, llamé a Carbajales, que muy emocionado me dijo que hacía cuatro días que había llegado a casa, estaba destrozado, nadie de la Compañía había llamado para preguntar por su estado de ánimo, solo un Jefe de Máquinas llamó para decirle hijo de puta.
Mi padre, que siempre dijo que los marinos éramos unos inútiles, gente que no valía para estudiar, vino a cenar cuando Severino me hizo ese honor con Julia, su esposa, y su madre. Estaba pasmado por lo que le expliqué y quedó muy emocionado por conocer a un "héroe sin guerra" según me dijo luego. Dijo a la madre del Capitán, algo así como:
-Señora, estará usted llena de orgullo por el valor de su hijo.
Es muy bajita, pero la vi crecer en su silla cuando contestó:
-Estoy contenta de tenerlo aquí, pero solo cumplió con su deber al salvar a su gente.
Siento mucho que la valiente señora no pueda ya enterarse de lo que escribo. Pero está a buen recaudo, cuidan de ella su hijo y su nuera que solo libran los sábados, cuando les sustituye una cuidadora.




domingo, 8 de agosto de 2010

CURSO DE FAROS EN BRENTFORD.

Foto Trinity House.
Aquel año (1985) me había castigado duramente: Había montado una empresa de energía solar, había perdido un amor que me había acompañado durante años, había embarrancado el "Tabeirón" en Portugal con lo que me habían salido tan caras las vacaciones como si pasase un año en Copacabana, para acabar de joderla me había liado con una elementa de mucho cuidado...En fin, un desastre.

Mi jefe de entonces era el Ingeniero de Caminos Enrique Disdier, que creo me apreciaba, aunque parecía más preocupado por las consecuencias de mi separación en mi hijo que por mis actuaciones arreglando faros. Hoy los recuerdos vinieron intensos, y apoyado por mis preces a San Google le localicé, está bien y aunque los trepas del PSOE destrozaron su carrera, pues era demasiado eficiente y tenaz para ser manejado por una panda de indocumentados, sobrevive. De muchos de aquellos solo queda algún artículo en la revista Obras Públicas de 1970. Debo además decir que Disdier posibilitó dando días libres mi participación en las intervenciones del pesquero"Xurelo" con Greenpeace contra los vertidos nucleares en la fosa atlántica a principios de los 80. Lo que da muestras de su talante.

Los cotillas de la oficina debieron contarle mis desventuras. Me llamaron a la Jefatura de Costas y me propusieron hacer un curso de Faros en Brentford, a las afueras de Londres. Imagino que para que me relajase. Acepté encantado. El curso fue un fiasco, al final nos pidieron un informe y en contra de lo que opinaban mis tres compañeros de otros puntos de España lo definí como un traslado de electricistas españoles a Inglaterra para enseñarles a colocar enchufes. Todo el mundo se mosqueó, con lo que la lista de mis amigos y admiradores se incrementó bastante.

El único que hablaba un inglés casi aceptable era yo. Por ello, la empresa fabricante, puso una intérprete madura y bellisima, era una española de nacionalidad iraní por matrimonio, exiliados por la caída del Sha de Persia. Cuando pasados diez días terminamos el curso, los de Pharos Marine nos invitaron a cenar para tapar su inoperancia. Naturalmente vino la intérprete. A cada lado de la intérprete se sentaron mis compañeros más veteranos, que estando próximos a la jubilación y llevando treinta años reparando y montando los equipos objeto del curso fueron enviados por el Ministerio a hacerlo. En mitad de la cena la intérprete, sentada frente a mí, hizo una seña, puse la oreja y como si hablase de las costumbres de las belugas, dijo en inglés, más o menos:

- One of the "gentlemen" by my side put his hand on my pussy, he found another hand there, that of the gentleman of the other side. Traduzco: Uno de los caballeros a mi lado me ha puesto la mano en el coño. Encontró allí otra mano, la del caballero del otro lado.

Miré a mis respetables y respetados colegas que seguían sin decir palabra y sin pestañear, con cara beatífica de músicos del Pórtico de la Gloria.

Cuando pedí su permiso al señor Disdier para incluirle en la lista de mis personajes y le conté el argumento de este relato, dijo al llegar a este punto:

-Ah claro, dejando bien alto el pabellón. Pon lo que te dé la gana.

Pues eso....




domingo, 1 de agosto de 2010

EL BLASFEMO. Un sueño.


A simple vista el vecino parecía el mismo. El andar pausado, los ojos brillantes. Cuando uno se fijaba en su cara algunas venas estaban más hinchadas, los ojos un poco más abiertos de lo normal y la pupila algo dilatada.
Hace tres días lo despidieron, le dijeron lo de los malos tiempos, lo de que contaban con él para una próxima iniciativa, que sería exitosa.
Con la venta del portátil, del reloj de procedencia dudosa que le había regalado su primo yonqui y la chupa de cuero que había adquirido cuando se dejara coleta para comprarse una moto, había conseguido unos billetes que no le daban para pagar el alquiler.
El "sudaca" del ciber le miró desconfiado cuando apareció una orden de impresión de mil copias. Se tranquilizó al ver que sacaba de los vaqueros un puñado de billetes arrugados. Cargó rápidamente papel en la impresora.
El panfleto decía en términos poco correctos que harto de pagar las deudas de los bancos, los vicios y corruptelas de la Iglesia Católica, las facturas de agua y basura que sufragaban campañas electorales y casas de munícipes, los sueldos de inserción de delincuentes que lo único que insertaban era una chuta, o la papelina desde el ventanuco en la vara del comprador. Que se echaba a la calle. Que se iban a enterar, aunque le mandasen a la Leire Pajón con una propuesta innovadora a la cubana.
Pegó unos cuantos panfletos en los tablones de anuncios del Ayuntamiento, los policías locales le miraron indiferentes, creyeron que era de algún sindicato. Fue a la Delegación del Gobierno, el conserje le conocía de las copas en el "Factory", el puticlub de casa.
-Coño, ¿que haces por aquí?
-Vengo a dejar unos panfletos en el tablón de anuncios de personal y en el del público.
-Ah. Allí a la derecha, la cerradura no funciona. Chao, gracias.
Fue a la Delegación de Hacienda y dejó dos por planta. En los juzgados puso uno en el Registro Civil. Allí el policía le paró porque no pitó el detector. "No tengo móvil y dejé las llaves en casa". Pase, pase. Fue subiendo planta por planta y dejando su panfleto en la corchera, entre subastas de casas y requerimientos. Alguno se fué a la papelera para dejar espacio y una chincheta libre. En el Juzgado de lo Mercantil nº 3, solo estaba una gorda, tenía una cara linda pero la obesidad mórbida la dejó con excesos por todos lados. Fue como si se oliesen. Llevaba pensando toda la mañana en ello, el calorcillo al apretar los muslos ante el teclado la había dejado ligeramente arrebolada. Vengo a dejar un panfleto... Lo empujó al archivo, "la maldita grasa, lo tapa todo, pero es muy tierna". La mano de ella frotó lo que un espasmo había dejado en puertas, buscando lugares sensibles. Mientras, él ya pensaba donde ir. Salieron juntos, ella quiso decir: ¡espera!, pero él ya estaba corriendo bajo la tormenta de agosto, tapando sus panfletos en la bolsa de plástico.
Pegó panfletos en cada iglesia de la ciudad, en la entrada y en el lateral de los confesionarios.
Se fue al albergue, allí había dos jóvenes de Senegal. "Salam-aleicum", "Salam". En el suelo alfombras, orientadas al levante-poniente, encima de las taquillas versiones del Corán, papeles enrollados con las Suras y algunos escritos en árabe a modo de pancartas en la parte más alta de las paredes.
-¿Nadie más, aquí?
- Hermanos ir a dinero para causa.
- Sois gilipollas, este es el peligro.
Arrancó las pancartas, tiró al suelo los coranes y todos los papeles que encontró, los pisoteó y no encontró un mechero con que plantarles fuego. Los jóvenes aterrados decían: "Blaspheme, blaspheme".
Al caer la noche, vio grupos de mulsulmanes de todas las etnias cerca de lo que había sido su casa. Pensó que debía armarse.
Iba mirando por las obras de la reposición anual de alumbrado público buscando un hierro suelto. Esta vez encontró un mechero Bic vacio.
Se fue al "Factory", el policía que hacía de guardián de noche a cambio de algún polvito de madrugada y cien euros estaba armado. Dormía a pierna suelta con la ventanilla de su coche abierta y pesadillas de agosto. Le puso el Bic en la sien, por lo metálico, muy bajito:
-Nin te movas, gilipollas. La mano izquierda cogió del regazo funda, pistola y cargador de repuesto, quitó el seguro y salió corriendo pistola en mano.
Fue entonces cuando desperté y el principio de una gran amistad.

miércoles, 14 de julio de 2010

Emilio Fernández. Camping Islas Cies.



Fotos Encarna Muiño.
En tiempos en que la clase política es una taberna y la clase empresarial un club de vagos reciclados, he encontrado en las Islas Cíes empresarios decentes. Durante treinta años he visto crecer su negocio, sin lamer el culo de nadie, sin sobornar, sin invitar a comer a las autoridades.

La Familia Fernández. La historia.
Un joven artista vigués Emilio Fernández Fernández se va a Madrid a estudiar pintura a principios de la década de los treinta. Entra en el mundillo, se relaciona con la bohemia de la ciudad y estalla la Guerra. Se presenta voluntario y alcanza el grado de Teniente. Realiza funciones de transporte. En Ademuz, pueblo de la provincia de Valencia conoce a una chica que come un bocadillo de huevo frito, le pide un poco. Ella, Doña Elvira Monzonis Blasco, recuerda hoy que se lo dio y solo su muerte, no hace mucho, les separó. La familia de la muchacha estaba aterrorizada, un Oficial de veintiocho años, posiblemente casado, pues le acompañaba un niño -un huerfano que había recogido tras el bombardeo de Cella- y gallego...Se casaron, Emilio fue destinado a Madrid, dejando al huérfano Antoñito de Cella a cargo de Cenadilla, un compañero suyo. Nunca lo volvieron a ver. Después de la derrota y la depuración llegaron a Vigo, la familia de Emilio no quería a Elvira, a saber donde encontró a esta, quien será...Tuvieron que volver a casarse. En principio, con sus antecedentes D. Emilio lo tuvo crudo, se hizo pintor de brocha gorda, los nuevos ricos de la posguerra empezaron a contratar sus servicios para sus nuevas casas, escayolas, colores, pan de oro, barnices, betún de judéa. Lo que ningún pintor local conocía, él lo aplicaba. Enamorado de las Cíes, al principio de los años 40, en cuanto podía se piraba a las islas con su señora y creciente prole, alquilaron en los primeros tiempos una habitación, conseguían el sustento cazando y pescando. Pronto compran un terreno con las ruinas "da casa dos vellos" que acondicionan, sus clientes de la pintura de la burguesía de Bouzas demandan habitaciones para pasar unos días en las Cíes. Pescadores y "bañistas" iban a tomar café. Su pasado combatiente volvió, no podía ser titular de un negocio. El Gobierno Civil no lo autorizaba. Pero a su hijo Emilio sí, abrieron el bar en 1956. Camping Islas Cíes.
El Reencuentro.
Por mi manera de ser la vida no me desvía, me da revolcones. Treinta años después de mi primera visita y dieciocho desde la última me vuelvo a encontrar con los Fernández en las Cies. El Camping ha mejorado mucho la calidad de sus instalaciones. Parece que se han acabado los tiempos en que el ICONA empedraba la casa forestal con los restos de un cenobio sin catalogar, tiraba las basuras por el acantilado y algún ilustre pretendía poner comederos a las gaviotas.
En 1980 el Balizador Rías Bajas transportaba al Servicio de Faros a las Cíes y eran frecuentes los pedidos de transporte de los "industriales" e instituciones asentadas allí. Siempre los atendimos. Los Fernández, que ya habían montado el Camping, nunca pidieron, alquilaban un barco. Por las especiales circunstancias de las islas me ofrecí a Emilio (hijo), pues me parecía deshonesto ser discriminatorio en los favores y el Patrón, Miguel, estuvo de acuerdo. Yo creía en la hermandad de la Islas, que obviamente no existe. Emilio, sorprendido por el ofrecimiento, me miró y dijo "Mera: Esto es un negocio, y los negocios deben financiarlos sus dueños que obtienen beneficios, no pueden depender de favores, yo alquilo un barco y viene cuando lo contrato". Dije que me parecía lo correcto. Nuestra relación siempre fue amistosa.
Estos días volví a las Islas a llevar a Encarna Muiño y su amiga Marilín, tripulaba el "Biniazar" mi amigo López Cota, mi relevo de contar nubes. Emilio Fernández va y viene para el aprovisionamiento, allí quedan sus hermanos Quico (Enrique) Fernando y Elvira, Fran falleció.
Mi primera sorpresa fue al pedir unas cervezas, el encargado de la cafetería era Correa, el mismo que en 1980 - José Antonio Rodriguez Correa debía tener veinte años-. Fue muy emocionante. Subí al restaurante, Quico y Suso el Portugués, su mujer en la cocina, los mismos que en el ochenta. Chasco y Alfonso Pérez, mantenimiento, transporte, admisión... Chasco se llama Enrique Rodríguez Abalde, según Emilio es una persona clave. Todos en invierno siguen trabajando en la empresa, que al efecto se dedica a la decoración de interiores, tienen una tienda: "Emilfer" en el Paseo de Alfonso, esquina Falperra de Vigo y hacen todo tipo de decoraciones.
Cuando Manolo López y yo navegamos de regreso a Marín pensé en ello, personal serio, competente y currante como el del Camping, que desde antiguo conozco, no suele tener problemas de empleo, solo siguen si están contentos. Muchos de los clientes de entonces han muerto, sus hijos siguen.
En Vigo fuí a ver a Emilio, le pedí que me contasé la historia familiar, para ponerla aquí. Le dije lo de los empleados y me dijo: "No son los más antiguos, este que está aquí, Enrique Barreiro, lleva cincuenta años, es el más antiguo, empezamos juntos con mi padre. Cambió los barcos de Terranova donde su padre era patrón, por la pintura, aquí sigue". El hombre sonreía con orgullo tras el mostrador. En el Restaurante trabajan 16 personas y en el Camping 15. Solo he nombrado a los que llevan treinta años, los hay de todas las edades.
Y es que pocas, pero algunas veces, en este país hay gente legal que ha crecido como empresa, que sus empleados no tienen un empleo precario, que los dueños trabajan codo con codo con sus obreros y no gastan sus beneficios en ostentación, sinó en mejorar su infraestructura. Los Fernández son de estos, por eso están aquí.

domingo, 4 de julio de 2010

Otra vez la vuelta a España.


Foto: Petri Benitez en http://www.cosasdecome.es/recetas/lisa-de-estero-en-escabeche-con-couscous-de-membrillo-de-petri-benitez-venta-melchor/

Con el oportunismo que nos caracteriza, mi Santa y yo aprovechamos que sus padres viven en la costa del Sol, y que mis colegas de la Marina mercante querían comer en Málaga, que queríamos darnos una vuelta por Madrid, para volar con pájaros de varias bandas (matarlos de un tiro queda feo). Así que recordamos noches pasadas en Guadarrama, comimos con Regina Sainz -la del Celina- en el Madrid de los Austrias, visitamos en Conil al burro Feliciano y a sus dueños, tan divertidos y amorosos como siempre, la comida en un lugar delicioso, especialidad en nuevas recetas de atún en la "VENTA MELCHOR"· Su dueña, Petri Benítez nos mimó lo suficiente como para volver . Frecuentamos a la familia. Regalamos a nuestro sobrino Oscar el consejero "El horticultor autosuficiente". Comimos con mis colegas de la Escuela y sus consortes en Málaga. Volvimos a casa tras una sesión fallida de baños en el Balneario de Baños de Montemayor y una magnífica comida en el Restaurante la Casona de Puebla de Sanabria.
La Generación "Nos" nos atribuyó un pasado celta poco probable a los gallegos, que la voluntad nacionalista dispuso como incuestionable. Aún así mantenemos nombres árabes en numerosas localidades, A Mezquita, Almuzara, Oxen... En Castilla no quedan tantos; mientras conducía me preguntaba por qué las inmensas planicies de belleza preocupante, con sus pequeñas lomas de tierra roja, acastilladas en cualquier elevación, tienen nombres godos en casi todos sus lugares.
Sus excesivas iglesias para tierra tan pobre me sugieren un apego de los cristianos a la tierra recién conquistada, deseando borrar un pasado de abandono y una falta de deseo de defenderlas por parte de los reyes de taifas, más aficionados al agua de los grandes ríos que a la defensa de la bella estepa. Metido en estos barrenes estaba aún cuando llegamos a Marbella. Mi Santa y mi cuñado disfrutaron los mundiales con población local, chinos del bazar de la esquina que fueron al bar a ver el partido, todos con la camiseta de España animando con sus niños y sus dos aquarius. La pareja de suecos con la camiseta a rayas de siempre, sentados en su mesa de todos estos años, seguían el partido, él llevaba a la boca de su mujer, ya incapaz de moverse en su silla de ruedas, pequeños bocados de la cena en "tapas", la limpiaba con ternura infinita y seguía el partido sin pestañear. Ella tenía un cierto brillo de alegría en la mirada, cuando España hacía una buena jugada o él le acercaba a los labios el vaso de cerveza con la pajita. Mi Santa protestaba de los fallos de España y su falta de energía. Yo disfruto admirando la suya y con los detalles de la pasión nacional que embarga a la mayoría de los asistentes: Multi-raciales, plurinacionales, parados y empresarios todos preocupados por la Roja. Me gusta que la gente pueda olvidar lo cotidianamente desastroso con el riesgo que afrontan unos cuantos jóvenes millonarios en África del Sur. Es lo que tiene el Capitalismo, cualquiera puede ser millonario. ¿Por qué coño querrán volver los mulsulmanes a el-Andalus, si ya vieron que los infieles podemos hacer un castillo en cualquier parte para defender nuestra pobreza e ignorancia?
Tal vez sea por lo mismo que yo nieto de emigrantes analfabetos e internacionalista convencido me alegro de que gane la Roja, de que exista cierta identidad nacional, aunque sea para el fútbol. Tal vez sea porque aquí se come bien.
Nota.- España estaba en cuartos.