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domingo, 6 de abril de 2008

CAIPIRINHA.



Que es?. Todo el mundo lo sabe a estas alturas. Pero yo la descubrí cuando tenía veinticuatro años. Es que soy un avanzado del alcohol. Incluso he dejado la linea dura con los órganos destiladores en perfecto estado.

Acababa de nacer mi hijo Héctor, había dejado de navegar para asistir a su nacimiento y malvivíamos con unas clases de inglés que impartía mientras aprendía. Pero un día sentí la llamada de NCS. Nautconsul Shipping. También decían los ingleses Nazi Crazy Ships.


Eso fue en el Pleistoceno, cuando los capitalistas de la Comunidad europea descubrieron que la Comonwealth valía además de reportarles materias primas a los ingleses, para evadir impuestos.

El Capitán Spitz, Jefe de personal, un simpático alemán que traía locas con sus pellizcos a todas las empleadas de la sede de Cornhill (Londres) me encomendó integrarme en el equipo de control de calidad de las últimas de las unidades que construían en el Estaleiro Mauá, en Niteroi.

Nos alojabamos en el "Grande Hotel Sâo Francisco" cerca de la Avenida Rio Branco de Rio de Janeiro. Cada mañana cruzábamos la Guanabara en una lancha hasta el astillero donde se construían el SANTA URSULA y otra santa que no recuerdo. A las cuatro de la tarde regresábamos. Nos daban un dinero para gastos con el que se podía organizar una modesta fiesta. Pero fué cuando descubrimos el TV CORNER Café, según lo bautizó el 1er. Oficial inglés, Barry Green, aunque en su libreta de vacunas alguien escribió Barry Blue. Entonces la fiesta se convirtió en un morboso espectáculo permanente, que constituía la gente y un semáforo; resultaba más barato que una fiesta.


El café estaba en la esquina de la Avenida Rio Branco con la calle de nuestro hotel. Muy próximo a la Praza Mauá, cosmopolita centro de transporte, prostitución, mendicidad y delincuencia.

No sé si por haberlo conocido de joven, lo que en otros sitios me repele, en Brasil me parece bello o me divierte. Los delincuentes, que podían matarte en un atraco, me parecían buena gente, las prostitutas si no bellas, que las había, un encanto de personas.


En el TV Corner veíamos pasar las piringuis para su trabajo, el semáforo que estaba mal regulado y se cerraba a los peatones cuando no habían llegado a la mitad de la avenida, con un atropello o dos a la semana, proporcionaba diversión inconsciente asegurada. En los tres meses que estuvimos nunca lo repararon.


También había en el TV Corner un travesti, yo creo que para que lo dejaran estar allí llevaba cafés a las mesas, preparaba caipirinhas como nadie, era guapo y tenía una conversación inteligente y divertida. Yo no había tratado nunca a un travesti y le cogí devoción por su buena educación y sus maneras siempre ingeniosas. Desde las siete de la tarde a las diez de la noche, nos quedábamos como idiotas viendo pasar mujeres por la acera, y peatones a carreras en el semáforo. Mientras, cuatro o cinco "Caipiras" nos preparaban para dormir, o lo que fuese.


Un día nuestro consignatario vino al hotel acompañado de un alemán, primer oficial de un barco. Nos explicó que estaba en libertad bajo fianza por haber matado a un hombre, tirándolo desde la cubierta del barco al muelle de un puñetazo (10 m.). Nos dijo el alemán que lo había sorprendido robando y que lo atacó. La verdad, nunca le creí. En los barcos funcionan mucho los seguros, incluso cuando los ladrones son tripulantes.


El caso es que lo acogimos y a la tarde quedamos con él en el "TV corner". Cuando llegué a nuestra mesa de la terracita, estaba Barry Green, que ya estaba "blue", el travesti y el alemán. En esas el travesti y el rubio tudesco empezaron a besarse. Barry se volvió hacia mi y me dijo:

- ¿Cree usted que debemos de avisar al alemán?

- Avisarlo,¿de que?.

-Fuck! De que se trata de un travesti, él no lo sabe.

-Mr. Green, yo no le digo nada. El travesti es amigo nuestro, nos pone las caipiriñas, nos dice las chicas a las que les gustamos y si mañana no está aquí, denuncio al alemán a la policía.

-Tiene usted razón.


Al poco rato y después de muchos morreos y caricias, nuestro travesti dijo, "com licença", se levantaron y se fueron.


Una hora mas tarde volvió el alemán, con los ojos brillantes, todo contento y frotandose las manos.

-Ve usted Mr. Green, como no teníamos que decirle nada....

-¿Otras caipiras?