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domingo, 27 de abril de 2008

HISTORIA DEL TESTICULO HETEROGENEO


Gentileza de Google Images. Yo antes de ser heterogeneo.


Soy un testículo que junto con un compañero algo mayor que yo, aunque nacimos gemelos, viajo colgado de un tipo que de pequeño quería ser el Capitán Trueno. Claro que para ser el Capitán Trueno, en cuanto le pareció que tenía la edad, se compró un caballo. Exactamente una potra. La llamó Sara, la crió y la domó.

En el tema de los caballos, los porteadores de testículos en cuanto compran uno y apenas leen el manual de instrucciones ya saben más del asunto que el padre de todos los caballos. Los demás porteadores le dijeron a mi dueño que el amo debe hacerse obedecer, usar la fusta y la espuela en todo momento. Mi amo montó a Sara con la cabezada, sin bocado, le explicó que pretendía, dieron largos paseos acariciándose y Sara estaba convencida que mi porteador era su hermano pequeño.

Sara tuvo su primera hija con un árabe converso en gallego de Ribadumia, mi porteador la llamó Perla y en su media carta le dio su apellido, Perla Mera, el de la madre no llevaba, pues era un poco bastarda. Perla fue tan buen caballo como su mamá y cuando tuvo tres años fue domada ,y a los cuatro en una temporada de celo extendido fueron a ver a unos de pura raza española para algún día conseguir que sus hijos pasasen por cristianos viejos.

Aquella vez fue cuando el Porteador descubrió que Sara, la muy yegua simulaba no estar embarazada para ir a ver a su español. Abría ella sola la puerta del remolque y se subía para ir a ver a su macho. Bueno, casi. Al llegar, le metíeron un ecógrafo y ya se ponía como una moto y montaba una fiesta con todos los bailarines aquellos que estaban en sus puestos. Pero nada, el dueño de los chicos, un veterinario, le decía a mi porteador.
-Mera, esta yegua es una puta, simula los celos.
Cuando el Porteador la empujaba para subirla al remolque contra su voluntad y sin mojar, le pareció oír:

- ¡Esta me la pagas!

Pero no quiso creerlo,

- Hacerme venir y estar preñada, ¡venga sube y no me cabrees!.

Pasaron cuarenta y cuatro semanas, el Porteador nos llevó a mi gemelo y a mi al campo a ver como iban las yeguas. En el trabajo decía:

-Salgo media hora a darle de comer a los caballos.

Nadie le creía y pensaban que se iba a tomar el reglamentario café.

Estaba preocupado pues aún no le había dado tiempo a quitarle las herraduras. Se puso a la faena aquella misma tarde. Quitó las cuatro a la buena de Perla. Cuando llegó a Sara estaba un poco cansado y empezó con las delanteras, pero al llegar a las traseras Sara empezó a rebotarse, intentando cocear y haciendo amagos de tumbarse encima del Porteador-herrador, que agotado abandonó.

El porteador se levantaba a las seis de la mañana para pasar la observación de las seis zulú, que en Hispania son las siete en invierno, a las siete y media se fue, mi hermano y yo íbamos encogidos, la hierba recién nacida de los prados en que tanto habíamos jugado estaba cubierta de rocío. Porteador aparcó el trasto al que llamaba el coche y nos llevó con él. Pensó y lo notamos, que era raro que las yeguas no relinchasen a nuestra llegada. Sabían cuando el Porteador llagaba por el motor. Y los domingos se quedaban en la puerta de la cuadra para que las ensillase y las llevase a jugar al juego de saltar muros, que a nosotros no nos hacía gracia. Menos mal que paraba cuando estaban preñadas y nos daba un descanso.


Las dos habían parido.

Perla y Sara parieron dos chicos: Lucas y Blas, los dos heredaron el carácter de la madres. Lucas, el de Sara, era más bello y mas brioso aún que su madre. Blas al igual que Perla era un caramelo. Los dos como gacelas sobre sus patas de alambre. Porteador acarició a las madres, que asomaron orgullosas la cabeza a la ventana que se abría en la puerta de cada cuadra. Los pijos, dice el Porteador, le llaman "Box".

-¿ A donde vas Mera?

Era una amiga del Porteador.

-Voy a ver a las yeguas, que parieron.

-¿y puedo ir a ver los potritos?

-Cuando quieras.

Cuando llegó a las cuadras, ya estaba allí la mujer. Estaba husmeando desde el exterior y para ello tenía elevada la chapa de metal que había para cegar las ventanas y entrase poca luz. A las moscas les jode la oscuridad, excepto a las de la O.N.C.E. que les da igual.

Portaba una bolsa de cuatro quilos de zanahorias, las puso en el bidón antiratas, que se llenaba cada vez que lo olvidaba abierto (todos los días) y luego como no eran capaces de salir las mataba a hostias.

-Que bonitos, son preciosos..., dijo la mujer. Soltando la chapa que sostenía en la mano y que naturalmente era la de Sara, la rebotada. Hizo ¡Plaaas!

-Eso que acabas de hacer, ha asustado a la yegua, le puede costar la vida al primero que entre en la cuadra. Dijo, despacio pero muy serio. Y ya estaba pensando en otra cosa.

Cogió una zanahoria, abrió la puerta de Sara y entró. Así es de gilipollas el Porteador.

La yegua estaba de cara, se volvió en una centésima de segundo y nosotros, que las vemos venir mucho antes que él, cuando nos dimos cuenta saltamos a la par que las gafas del porteador que fue elevado y cayó de rodillas diciendo:

-No pasa nada Sara, tranquila...
La yegua al oír la voz se puso de cara de nuevo y se fue a la otra esquina. El Porteador no podía levantarse, se arrastró a la puerta y apoyándose en ella se irguío. Cerró la cuadra, dijo a su amiga que solo había oído el golpe y no se atrevió a entrar:

- ¡Te lo dije! Si no me chafó la femoral con la puta herradura hay suerte.

- Mera, que tienes el pantalón destrozado y estas sangrando por los testículos, Dios mío, Dios mío. ¿Que hago?

El Porteador se había tumbado . Dijo que llamase al 112 y que después fuese a casa de los vecinos a buscar agua potable. Tenía mucha sed. Las vecinas estaban encantadas, nos miraban a hurtadillas, sanguiñolentos pero en todo el esplendor, Porteador ya no se enteraba de nada. Solo bebía. Vinieron todas con una jarra y dos vasos, supongo que el otro sería para la yegua.

Vino una ambulancia y nos llevaron a los tres a un hospital. Allí había un tipo calvo (no siempre son inteligentes); le pusieron un calmante unas enfermeras.

-Si le duele le damos más.

Se acercó el calvo que ponía "Médico". El tipejo, miró tocó y dijo a la enfermera,

-Esto está para el cubo.

-¿Dígame, tan mal lo ve, Doctor?

- Se me ponen los pelos de punta.

El porteador, con el dolor no podía reírse, pero no pidió más analgésico. Temía dormirse y despertar separado de nosotros, nos había cogido cariño, tanto tiempo...

-Tendrá que quedarse, el urólogo no llega hasta mañana. Avisaremos a su familia.

-Quiero hacerlo yo.

- No puede moverse.

- No, pero me llevaran ustedes en una silla de ruedas.

Cuando le trajeron la silla de ruedas ya había realizado una inspección ocular. La coz había desgarrado el pantalón, la parte interior del muslo. Nos había alcanzado a mi el primero destrozándome y a mi hermano el segundo, dejándolo maltrecho. El adorno superior tenía una franja azul de herradura sin sacar, y mostraba un tamaño inusual en posición de descanso. Nos acercaron a recepción. Marcó su casa y dijo que teníamos que dormir fuera. La beneficiaria de nuestra actividad se sobresaltó. También nos cogió afecto.

- ¿Como?¿ que te pasó?

-Nada, me dio una patada la yegua.

-¿Donde?

-Ahí.

-¿ahí?

-Si pero no te preocupes, que si me cortan los güevos, nos vamos a forrar, vamos a montar un Restaurante que se va llamar "El Eunuco" y solo vamos a servir carne de caballo. Contrataremos camareros.

-¿Estás loco!? Voy para allá.

-Tráeme un pijama, flojito, de los de mi padre.

Porteador no usa.

Le preguntó al de verde:

-¿A que hora dice que viene el urólogo?

- Le hemos llamado pero no llega hasta mañana a las diez.

- Bien, deme por favor, el alta voluntaria, mañana a las nueve y media les llamo.

- No se lo aconsejo.

En el mismo taxi que llegó su legítima se fueron los dos, sin atender a las protestas de ella. Al llegar a casa le pidió a la Beneficiaria que sacase la bolsa de guisantes del congelador y preguntó que más había congelado.

-Gambas y judías.

-Gambas no.

Hay que reconocer que con lo gilipollas que es Porteador sabe haber bien las cosas, nos pasamos toda la noche vegetarianos, descongelados los guisantes guisantes a la nevera judías a refrescar. La Beneficiaria se portó. Siempre le estaremos agradecidos. El calvo de verde tenía mala pinta. Pasamos una noche fresquísima.

A la mañana siguiente, después de confirmar que la uróloga nos recibía, Porteador nos llevó con mucho cuidado a la clínica.

La uróloga era una gallega auténtica, de campo, grande. Nos tocó bastante, Porteador pensó, otra que quiere tocarme los güevos, eso sí muy profesional, no rió porque le dolía. Después nos tocó bastante con un aparato que nos veía por dentro, luego anduvo por Adorno, que siguió durmiento. Dijo:

-El izquierdo esta heterogeneo, el derecho contra lo que parece a simple vista está mejor. El pene- mira que nombre para Adorno-, está machacado, con antinflamatorios se recuperará. Siga poniendoles guisantes. Rió mirando a Beneficiaria.

Beneficiaria pasó por el super y compró muchas bolsas.

Nos recuperamos los tres pero yo sigo heterogeneo, me quedé más pequeño, pero mi gemelo y Adorno volvieron a su ser.

A veces oímos al Portaedor decirle a sus amigos que lo mejor para valorar la sexualidad es una patada en los güevos. Nos valora muchísimo.