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miércoles, 7 de enero de 2009

LOS DIOSES DEL RAYO.


Tenía nueve o diez años y me daba terror la existencia de los dioses de la guerra y sus representantes, "a nuestro Caudillo Francisco, al Pueblo y al Ejercito", Dios había elegido España para pasar cuarenta años. El infierno, el purgatorio, la Pasión, la Resurrección eran nuestra religión.

Mis padres me mandaban al monte a pastorear unas terneras que criábamos para completar el exiguo salario. En la soledad compartida con el perro, veía el cielo, lleno de ángeles en forma de nube o viceversa, a Yuri Gagarín con su nave atravesando cumulo-nimbos y no veía el poder de Dios. Ni la amenaza del pecado, ni sentía el infierno bajo mis pies, solo la tierra caliente, que anunciaba la tormenta de verano. El mastín apoyaba su cabeza en mi rodilla desnuda: "Tarzán, no puede ser, no puede haber un Dios que haga el infierno, o que sea español, y los portugueses, que también son católicos... Vamos hacer un conjuro".

Me subía a la roca desde donde se veía la montaña y el mar. Las nubes de tormenta estaban justo encima, amenazadoras.

"Si Dios existe, que caiga un rayo y me parta."

Se desataba la tormenta, aterrorizado de mi propio atrevimiento saltaba bajo la roca donde mi perro había buscado protección. Me abrazaba a él y suplicaba:

"Señor, perdón, perdón, que castigas sin palo y sin piedra- lo decía mi madre- Pero si existes mata con el rayo a las terneras (las odiaba)".

Dios debía tener un pacto con la economía familiar y nunca mató al pastor ni a las terneras. Fue el principio de un ateísmo pertinaz.

Han pasado casi cincuenta años, hoy tengo los mismos miedos y casi las mismas fobias.

Detesto al Dios de la guerra, que se encarna en las tres grandes religiones monoteístas, que tienen pueblos elegidos, que están en posesión de la verdad. "In God we trust", reza el dólar. Maldigo a sus administradores, imanes, sacerdotes y rabinos.

Todos los estados han sido en un determinado momento de su historia estados terroristas, hoy lo son casi todos y los que no, son cómplices silenciosos. Isaac Rabín, Golda Mayer, Bin Laden, Bush, Solana y todos sus cómplices son asesinos, sembradores de odios.

Por ser optimista, creo que algún día la humanidad desterrará al mismo tiempo a los dioses "justicieros"y a los Caudillos. Los reyes del tiro al aire, de la incompetencia y desorganización, de la corrupción y el postureo, dedicarán su tiempo al teatro y no a la política. Y si desaparecen los explotadores, viviremos como Dios.