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lunes, 18 de febrero de 2008

11 de Septiembre (1951) Fecha fatídica.

A mi me gustaría ser como Miguel Gila, que nació solo, su madre había salido a un recado y cuando volvió le dijo: ¡que sea la última vez que naces solo!. Pero no, nací en el afamado Sanatorio "Santa María" de la ciudad de Pontevedra. Que en ese momento empezó a levitar y se convirtió en Castrofortedobaralla(1).
En aquella época la gente normal nacía en su casa como Dios manda. Mi madre que siempre consideró el parto como una enfermedad fue a que la sanaran al Sanatorio. Como ella era un poco mayor y estrecha y yo ya nací grande, emplearon fórceps, que es un sistema egipcio como su propio nombre indica. Tenía yo la cabeza blanda y quedé así. Ya veis que fue un error médico.
Los horrorosos sufrimientos que Doña Generosa tuvo para tenerme y que la indujeron a que quedase hijo único, es decir huérfano de hermanos, fueron un relato recurrente de las conversaciones de lavadero, a las que asistí atento desde que empecé a entender lo que decían las comadres lavadoras, que por mi silencio me cosificaban e ignoraban, mientras yo observaba sus generosos escotes que se movían al dulce son de la pieza lavada, arriba y abajo en las gastadas piedras del lavadero.
El maravilloso espectáculo de seis o siete mujeres echando agua por turnos en sus canalillos en las sofocantes tardes de verano, marcó mi infancia hasta que fuí considerado apto para ir con las vacas y apedrearme con los demás vándalos que con vacas o sin ellas contribuían a que el monte comunal fuese un campo de batalla donde nos ejercitamos en las artes marciales, armas líticas o de madera nos devolvían a nuestras casas agotados y esnafrados, pero respetuosos con la ley del silencio.
El monte llamado As Pías (Pila en gallego), por por unas oquedades excavadas en la roca más alta de su cima, marcó una etapa de relaciones nuevas. Hasta que fuí ascendido a la categoría de pastor, mi madre me llevaba con ella a todas partes, lo que salvo el lavadero, me resultaba terrible. Siempre me dijo que era para que no me volviese un golfillo.
Se me asignó el cuidado de una primera ternera, a la que consideraba loca, pues nunca se dejó montar, yo quería pastorear un caballo, y la conversión resultó imposible. Me planteé entonces lo de ser torero a pié. Empecé toreando un enorme macho cabrío que había en casa de mis abuelos. Había un campo plano y mi prima Luisa estaba de espaldas, con los pies descalzos metidos en la orilla del río. Hice una chicuelina al cabrón que al verse burlado embistió con furia el siguiente trapo que vió: la falda con vuelo de mi prima. Desde el río gritó: Verás a la abuela!
En vista del éxito que tuve con el cabrón, conseguí un trapo grande que no era rojo, pero tenía algunos lunares rojos, y me enfrenté a la ternera. al principio resultó mansa, no embestía, con paciencia y acompañándola con el estoque (mi vara de pastor) conseguí unos cuantos naturales, como decían en la radio. Estas tientas eran absolutamente privadas, pues la experiencia del cabrón con público había terminado mal. Mi abuela tenía mala leche.
Poco a poco, el juego del toreo hizo que la ternera y yo nos entendiesemos mejor, pero cuando estábamos ya dispuestos a presentarnos en publico: "El Niño Jozé" toreará 1 toro 1, de la afamada ganadería de D. Cándido Mera, vinieron mis padres los ganaderos a joderla, que si esta ternera no engorda, y me embistió, Joder, pues a mi ayer me tiró (traducción libre del gallego). Hay que venderla. Quise acompañarla a la feria, le dí un beso cuando se iba hacia el matadero, había suplicado y llorado, pero no hubo remedio, estuve a punto de decir que si dejabamos de jugar a reses bravas y dejaba de torearla, engordaría, pero callé cobardemente. Creo honestamente que se perdieron al mismo tiempo una figura del toreo y un ganadero de reses bravas, claro que él no lo sabía, pero yo le veía empaque.
Compraron dos nuevas terneras. No volví a llorar por otra ternera. Mi siguiente etapa podréis leerla en el siguiente capítulo. "como esquivar dos pedradas al mismo tiempo, y mi relación con Yuri Gagarín.
(1) Saga y fuga de JB.- Gonzalo Torrente Ballester. Libro del Día.