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martes, 12 de febrero de 2008

SIMPLIFICAR.

Anoche tuve una reunión con mis asesores literarios. Me dicen que escribo una prosa farragosa, que me desvío innecesariamente del tema. Los de la otra comisión, los gramáticos, dicen que empleo demasiado las oraciones subordinadas. Debo confesar que aprobé la gramática por los pelos y jamás fuí capaz de aprenderme las normas de la ortografía. Aprecían en los temas una recurrencia.
Debo decir en mi defensa, si es que tengo, que soy hijo de mi generación, colgado de Wilhelm Reich, es por tanto el tema permanente, lo disfrace como pueda: El tema es el tema.
Lo de la prosa farragosa, ¡puf!, me pasa como en la albañilería, construyo casas que gustan, con los mejores materiales, bien aisladas, luminosas; pero luego hago una cama suspendida bajo el tejado a la que se accede por una hermosa escalera de madera que oculta un armario, con espacio para guardar sombreros de copa. La cama grande, con una ventana cenital desde la que se ve la iglesia, le llamo la cama del polvo celestial. Pero nunca hice el amor en ella, no quepo. Se podría utilizar como cama de niños, a los niños le gusta lo de subir por la escalera, y ver caer la lluvia sobre la ventana, pero tienen que ser niños pequeños, por tanto habría que poner una red para cuando se caigan por la escalera. ¿Veis como se subordinan solas las oraciones? Son tendentes a la subordinación. Espero de ellas que se coordinen y una vez llegue la primavera se yustapongan y reproduzcan. Vale.