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jueves, 6 de marzo de 2008

FARO DE LA ISLA DE SÁLVORA.

El faro de Sálvora
Oleo sobre tela Xosé Guillermo



El encargado del Faro de Sálvora sufrió un derrame cerebral. Yo prestaba servicio en el Faro de Silleiro, en espera de mi destino definitivo. La demarcación de costas de Coruña me preguntó si estaba dispuesto a servir un turno, relevándome con el otro Torrero (decían técnicos, en España todo el mundo es técnico. Acepté sin duda, alquilé un pesquero, compramos víveres para un mes y al día siguiente estábamos los tres que formábamos la familia y un cachorro que encontramos abandonado en el Parador de turismo de Cambados, recorriendo cargados con nuestras mochilas, el camino del faro.


Al llegar encontramos a Aquilino, el Torrero con el que me turnaría, rodeado de pieles y conejos desollados. Se puso muy contento al saber que iba a relevarle, llevaba un día en casa cuando le avisaron de la incorporación y llevaba un mes sin salir de la isla. Es estado de las instalaciones, las condiciones del servicio y la administración que de los fondos de mantenimiento hacía la Dirección, implicaba varios delitos y mantenía bastantes vicios.


En los países europeos había en 1980 tres faros alumbrados con petróleo vaporizado a presión, El faro del Lobo en la Isla del Hierro (Canarias) Faro de la Isla de Ons, y este, Faro de Sálvora.


Conmigo prestaba servicio Andrés, un buen hombre al que precedía su mala fama. Tenía obligaciones de limpieza, transporte del petróleo (había un tractor), darle presión con un bombín y darle cuerda a las 04 de la mañana. Mientras, el Torrero escribía en el libro de servicio "sin novedad", " Hoy sufrimos un apagón por impurezas del petróleo a las 0216, se repuso el servicio a las 0245" A pesar de todo lo que se me había avisado en la Jefatura resultó ser un magnífico artesano y un buen compañero. Su único pecado era la inocencia, que le llevaba a la violencia cuando era víctima de abusos o faltas de respeto, que eran en la época bastante frecuentes. Había perdido a un hijo de dieciséis años que le acompañaba a recoger percebes. Una ola lo arrastró. Me lo contó sin llorar, llorando por dentro, "Dise moi pronto, un home, xa era un home". Maruja, su mujer, sí lloró: "Veu Andrés, sin nada na man, prejuntinlle ¿E lojo ó rapás? Baixou a cabeza e dixo dereitamente: Quedou no mar".


Andrés tocaba el acordeón, muy mal, sacaba unas notas terribles que querían ser rancheras. Lo tocaba a todas horas. Antes de confiscárselo le pregunté como había caído en el feo vicio del acordeón. Me contestó que poco despues de ahogarse su niño, su hija se casó y a los dos meses, su marido falleció en un accidente, era tan joven y la veía tan triste y siempre llorando, que con el poco dinero que Maruja tenía ahorrado le compró un acordeón, como la chica no quiso aprender, se puso a tocar él.


La isla tiene 190 Hectáreas y es propiedad privada. Su historia puede verse en Wikipedia, es una isla con tragedias y leyendas. Hoy estoy cansado, otro día os contaré mas cosas de mi balsa de piedra.
Libro del día: La Balsa de Piedra. J. Saramago. Irene dixit.