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martes, 18 de marzo de 2008

EUGENIO.

Desde que tenía diecisiete años todo el mundo en la Escuela le llamaba El Rompebragas, seguramente porque ponía siempre unas imágenes muy gráficas, para explicar la propagación de las ondas o la curva de quebranto del barco. Su promoción llevaba seis años navegando, cuando una mañana en el puerto de Argel vio de espaldas una figura familiar, sus pantalones de pana, un ligero balanceo al andar... Solo podía ser él. Gritó: Gallego, Hostia, ¡Espera!. Su amigo de volvió, hacía seis años que no se veían. El pontevedriano lucía una larga, espesa y negra barba. Se abrazaron. Eugenio, brazo de mar de San Fernando, inteligente, divertido y rápido:
  • Xosé, ¿en que mierda de barco andaz filliño?
  • En aquella chatarra panameña.
  • Puez ahora mizmo te vienez a comer a mi barco, se come bien...

Un barco español, con mayoría de oficiales que creen que las compañías son eternas y esperan llegar a lo mas alto portándose bien. Con la excepción del rompebragas, que también rompía moldes. A pesar de romper bragas, Eugenio era un tipo educado. Antes de que llegase el Capitán presentó a los demás oficiales. El Capitán estaba por los sesenta años y los sesenta centímetros por encima del metro. Se balanceaba de los talones a las puntas de los pies para aumentar el promedio. La mesa seguía un estricto orden jerárquico. Eugenio ocupaba el extremo entre el Alumno de cubierta y el Jefe de Máquinas, el Capitán hizo el honor a Xosé de sentarlo a su izquierda, justo después del Alumno de Maquinas.

Las conversaciones en los barcos empezaban por la política, si no se levantaba nadie seguían por los puertos, anécdotas, luego las vacaciones y después, invariablemente las mujeres, excepto si había mujeres a la mesa.

Empezaron hablando los comensales de los inconvenientes de navegar en pabellones extranjeros. Xosé se defendió diciendo, que un barco era un negocio para sus armadores, un puesto de trabajo para sus tripulantes. La conversación derivó a la disciplina, la profesionalidad, y ... el patriotismo. Esta vena patriótica fue del Primer Oficial, un joven con mejor figura que talento. Xosé sacó su vena de la sien, y manifestó en un impulso impropio de invitado:

  • ¡Zarandajas!. ¿Cuanto te paga aquí, el Marqués de Comillas, o como coño se llame tu armador?
  • En esta Compañía el Primer oficial gana treinta y dos mil pesetas.
  • Pues mi barco es menos rentable que este, es más viejo, necesita más personal, tiene menos capacidad y su flete es más bajo. Gano menos que el Primer Oficial, exactamente mil cien dólares, es decir setenta y siete mil pesetas, más del doble que tú.

Se hizo un silencio espeso. Eugenio salió al quite:

  • El Capitán acaba de incorporarse de sus vacaciones. Embarcó ayer, aquí. Cuente de sus vacaciones, Capitán.
  • Oh, maravilloso. La familia de mi señora está muy relacionada, fuimos de excursión por Doñana, con Fefó el hijo de D. , ya sabes, el Conde, estuvimos en las Bodegas X de Sanlucar, que Tití es muy amiga de mi señora, y fuimos de cacería con D. Ángel ya sabes, el rejoneador.
  • Capitán usted lee mucho el "Hola"¿No?. El "Hola" era una revista de cotilleo social.

Silencio espeso. Xosé, siguiendo el guión:

  • Aquí sois todos jóvenes, ¿todos solteros?

El primer oficial, dijo que sí.

Os hincharéis a follar, con esto del destape y la apertura...

El joven primero empezó a hacer una arenga de la castidad, de la fidelidad, sobre todo en la mujer. Que debe llegar virgen al matrimonio...

  • Y tú rompebragas, que tal de hembras...
  • Verás, gallego, soy de San Fernando, como este- dijo señalando al Primero- y como todas quieren casarse vírgenes con él, los demás tenemos que conformarnos con pequeñas sesiones de sexo oral y manual.

Libro del día: A bordo del "Spray". Alianza Editorial. Joshua Slocum