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miércoles, 19 de marzo de 2008

JOHN BALAN.

Foto:ANA. El Correo Gallego
John fué registrado por error como Manuel Outeda en el Registro Civil de Marín, por tanto es pontevedriano. Desde pequeño se quedó colgado de las películas americanas de entreguerras y de la posguerra. No me extraña con la que caía por estos pagos, hambre, represión, pobreza...

Así que decidió hacerse americano sin que lo supiese Inmigración. Su vida fué un western musical.

Estaba bien dotado para la música, le recuerdo como vocalista muy bueno de las mejores orquestas locales. Como buen vaquero era inconstante, no asistía a los ensayos y para que nadie dependiese de él se hizo hombre orquesta. Algunas salas de fiestas le contrataban, el viento con los labios, la percusión con manos y pies contra una puerta que hacía colocar en el escenario. Cuando no había nada se iba a un restaurante y previo permiso se ponía a cantar y pasaba el sombrero.

Asalto al tren expreso.

Como cualquier cow-boy en malas horas, John asaltó un tren. Eran los años más duros de la dictadura. El único tren a mano en aquella España era el Expreso Vigo- Madrid. Los trenes llevaban varias parejas de Guardia Civiles, escoltas, transporte de presos y policías de paisano que pedían la documentación de todo el pasaje. Nuestro héroe sacó un trabuco hecho con un tubo de calefacción, madera y recortes de lata de conservas para el gatillo. Se dirigió a Primera clase, buscó un compartimento completo, encañonó a los pasajeros conminándoles a dejar todo lo que tuviesen de valor en una bolsita a falta de alforjas.

El pasaje le entregó todo sin rechistar, un compinche le grabó todo con la cámara oculta bajo un abrigo, que podría ser camuflaje de una recortada. Una vez desvalijado el pasaje John les entregó la bolsa, disculpándose por la acción porque era una broma de mal gusto. Vino la Guardia Civil, lo entregaron en la siguiente estación y riéndose de sus armas lo dejaron en libertad por no presentar denuncia los pasajeros. Mientras tanto, aprendió inglés hablando con los marineros y con un diccionario. Lo hablaba bien, pero aprendió a arrastrarlo como los tejanos. Vestía con sombrero de ala ancha, camisa con esclavina, pantalones tejanos y botas de media caña. Un día le oí decir en una entrevista: Un hombre pobre y sin dinero es un bulto sospechoso.

Una cadena de televisión le pagó el viaje a USA. A condición de grabarlo. Fue genial, cantó en el avión acompañándose del fuselaje, disfrutó el viaje de su vida. Intentó que le recibiese el presidente Nixon, pero cuestiones de agenda lo impidieron: Bueno, él se lo pierde, dijo.

Hace poco le encontré en un bar, la diabetes le estaba dejando ciego. Pagué su desayuno. Cuando el camarero se lo dijo, se acercó: Thank you, my friend, but I don't remember you, now... Le dí la mano y le dije que era uno de sus innumerables admiradores.

Cuando cumplió setenta años ya estaba en el asilo de ancianos de Pontevedra, la TV local le hizo una entrevista, le preguntaron como le trataban las monjas:

Las monjas son muy buenas, muy buenas. Pero es un cariño falso, no es un cariño sincero, no es aquel cariño conyugal...

Hoy un cáncer, la diabetes, o la falta de cariño conyugal se lo llevaron del asilo a praderas más amplias. Vivió solo, murió solo.

G'dBy John, good jurney my friend.